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“La probabilidad que se produzca este año algún tipo de evento de crédito en Venezuela es muy, muy elevada”


“Venezuela está en riesgo de quedarse sin dinero en algún momento de este año”. Esta contundente declaración de Javier Murcio, gestor de mercados emergentes en Standish (parte de BNY Mellon IM), pone a los inversores en antecedentes de lo que pueda suceder dentro del universo de deuda emergente en 2016. Para el gestor, el país ha llegado a un callejón sin salida por las siguientes razones: “No tienen liquidez. Han gastado de forma continuada y mantenido un tipo de cambio oficial nada realista para su divisa, y ahora no tienen recursos para afrontar pagos en el corto plazo. Creo que la probabilidad de que se produzca este año algún tipo de evento de crédito es muy, muy elevada”. 

Dicho esto, Murcio matiza que será difícil determinar cuándo pueda producirse esta situación por una serie de factores, sobre todo por la baja fiabilidad de los datos económicos oficiales: “El gobierno no publica información útil de forma coherente. La última información oficial de algunos de los indicadores básicos se remonta a hace muchos meses o incluso trimestres”, denuncia el experto. 

No obstante, es necesario subrayar que el experto de Standish no habla de default, sino de reestructuración, dado que opina que “el Gobierno y/o Petróleos de Venezuela (PDVSA) querrán posponer el vencimiento de deuda cuando no puedan seguir pagándola”. Cree que lo más probable es que se extienda la fecha de los bonos que vencen este año a 2018 o 2019. 

Paralelamente, el gestor especula con la posibilidad de que el Ejecutivo venezolano trate de comprar tiempo “mediante el uso de una serie de mecanismos, como la venta de las reservas de oro o la transferencia de las reservas de petróleo para asegurar las inyecciones de petróleo desde China u otros gobiernos extranjeros”. 

Un rescate es improbable

Murcio alerta de que los inversores no deben esperar un comportamiento convencional del país caribeño en caso de retraso en los pagos: “En una situación como esta, típicamente los países trabajarían en un programa de reestructuración con el FMI. Pero la relación de Venezuela con el FMI y otras instituciones internacionales ha estado tan tirante por las políticas anti mercado libre del anterior presidente Hugo Chávez y su sucesor, que no es una opción”, comenta. Además, considera que “cualquier tipo de asistencia financiera internacional probablemente vendría con condiciones que requerirían una modernización masiva de una economía que ha divergido profundamente de las normas internacionales en los últimos 14 años”. 

Murcia pone como ejemplo de país que consiguió esquivar el impago gracias a un acuerdo con acreedores internacionales a Grecia, pero considera que “Venezuela no es políticamente capaz de hacer lo que Grecia hizo al aceptar un rescate internacional, acompañado por recortes dolorosos e impopulares de programas gubernamentales”. El gestor considera que la oposición a un ajuste de estas características – especialmente en el plano fiscal- sería doble: por parte de “los ciudadanos que han crecido acostumbrados a los subsidios durante los gobiernos de Chávez y Maduro”, así como por parte de los inversores, “que pueden sentirse desconformes con un evento de crédito venezolano, dado el peso del país en los índices de mercados emergentes”. 

El aspecto que diferencia asimismo el caso venezolano del griego es el bajo riesgo de contagio a otros países latinoamericanos, siempre en opinión de Murcio: “Venezuela es un caso idiosincrático. No se parece a cualquier otro productor de petróleo. Muchos otros productores están sufriendo mucho, pero tienen tipos de cambio flexibles y economías mejor gestionadas”. “El hecho de que el tipo de cambio sea flotante ha ayudado en muchos casos a aliviar las presiones de un precio más bajo del petróleo” añade, en referencia por ejemplo a cómo Rusia ha capeado mejor el abaratamiento del crudo a pesar de ser igualmente uno de los principales productores y de estar afrontando una delicada situación política y económica debido a las sanciones. 

“En Venezuela, PDVSA ha sido usada para avanzar los objetivos sociales y políticos del gobierno. Aunque el precio del petróleo ha caído, el gobierno ha seguido gastando lo mismo, por lo que el país tiene una enorme deuda fiscal. Es una crisis autoimpuesta, y no puedo pensar en muchos países del mundo que se hayan apañado para destruir su economía en un periodo tan corto de tiempo. Es por ello que está en una situación muy original”, reflexiona el gestor, que insiste en que los inversores no deben preocuparse por un posible contagio a México o Colombia. “La lista de características idiosincráticas de este país es interminable. El tipo de cambio, el gasto público, una compañía petrolera que sirve como canal para transferir riqueza no son cosas que tengan eco en ningún otro sitio, incluso aunque otros productores de petróleo estén sufriendo”, concluye el experto de Standish. 

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