"La inflación irrumpirá con fuerza los próximos cinco años"


“El perro que no ladra”. Así se titulaba un reciente informe del Fondo Monetario Internacional que analizaba la evolución de la inflación desde el inicio de la crisis financiera. Según Pictet Asset Management, la metáfora es bastante acertada, ya que, la inflación, tras la recesión y sucesión de estímulos monetarios de gran envergadura, con aumento de los balances de los bancos centrales, ha tenido un comportamiento extraordinariamente apacible y desde 2008 la subyacente de países desarrollados, sin rozar territorio negativo ni amenazar con crecer sin control, se ha situado entre el 1% y el 2,5%.

No obstante, en la gestora consideran que van a verse decepcionados los que esperan que estas condiciones propicias persistan. “Aunque no se ha desencadenado todavía un crecimiento marcado de inflación ni sus previsiones, el aumento de la masa monetaria parece apuntar a inflación duradera en años venideros, elevada en países desarrollados. En concreto, el incremento de un punto porcentual de masa monetaria está relacionado, a largo plazo, con incremento del 0,95% de la tasa de inflación. Prevemos que la tendencia inflacionista crecerá a nivel mundial hasta 3% a 4% a medio plazo en Estados Unidos (2,5% los últimos veinte años). En la eurozona es probable se sitúe en el 2% hacia 2017 y supere el 2,5% en Alemania. En Reino Unido puede alcanzar el 3% y en Japón el 1,5%.

La principal razón, según Pictet AM, es que los responsables de política económica de países desarrollados, tras haber aumentado la masa monetaria mediante sucesivos programas de recompra de activos, aflojen en cierta medida las riendas de la inflación, al menos unos pocos años. “Una mayor inflación, con tipos de interés reales negativos, proporcionaría a los países altamente endeudados menor valor real de la deuda pública, de manera menos dañina que quitas o recortes drásticos del gasto público. Estados Unidos ya demostró que era posible. En 1946 su deuda alcanzó el 120% sobre el PIB y la Reserva Federal permitió que la inflación aumentara un promedio del 6% más de cinco años, lo que contribuyó de manera crucial a reducir su tasa de endeudamiento al 75% en 1951”.  

Indulgencia ante la inflación

Ahora numerosas pruebas indican que los responsables de política económica están haciendo lo posible para lograr algo similar.  La Reserva Federal ha hablado de empezar a disminuir la expansión cuantitativa pero ha insistido en mantener los tipos de interés en niveles excepcionalmente bajos hasta que la inflación alcance el 2% y la tasa de desempleo descienda del 6,5%. Por su parte, el Banco de Inglaterra baraja abiertamente la posibilidad de objetivo de tasa de PIB nominal, mientras el Banco de Japón ha doblado su objetivo de inflación hasta el 2% como parte de un plan reflacionista de gran amplitud.  Si bien el BCE, decidido a mantener el aumento de precios muy cerca, aunque debajo del 2%, aparenta ser el último, es consciente de que los países de la eurozona con pleno empleo, como Alemania, soportarán una tasa de inflación muy superior si los del sur logran ser más competitivos.

“Cabe señalar que esta reciente indulgencia ante la inflación se debe en gran medida al pronunciado cambio de doctrina de centros de investigación académica y organismos económicos influyentes. El FMI, en el pasado ardiente defensor de medidas restrictivas, publicó en 2010 un artículo que defendía que los bancos centrales debían aumentar objetivos de inflación del 2% al 4% para amortiguar futuras crisis económicas”.

Según Pictet AM, aunque los responsables de política económica se sientan capaces de diseñar un aumento moderado de subidas de precios, se han adentrado muy lejos en territorio desconocido, con posibilidad de errores inusitadamente elevados, en especial respecto a elección del momento en que se retiren los estímulos. “Puede que, al mantener las políticas expansionistas demasiado tiempo, no perciban que las condiciones del crédito han cambiado y provocar inflación ampliamente por encima de sus nuevos objetivos. Además, Japón y Reino Unido fomentan activamente la depreciación de sus divisas para impulsar las exportaciones. Ello puede deteriorar el valor de la moneda fiduciaria en relación a activos reales como oro o bienes inmuebles y generar inflación crónica”. 

La inflación en los emergentes

A ello se añade que los mercados emergentes, que se han abstenido de la expansión monetaria de los desarrollados, no están a salvo de las presiones inflacionistas. Uno de sus importantes logros los últimos años ha sido mantener la inflación bajo control, reflejo de grandes mejoras en política económica y productividad. “Pero a medida que estas economías avanzan hacia mayor desarrollo económico tendrán que vencer nuevas amenazas inflacionistas, bajo forma de disminución de desfases de producción, aumento de entradas de capitales e incrementos salariales –que numerosos países emergentes podrían permitir para estimular el consumo y reducir dependencia excesiva de las exportaciones”.  

La inflación sigue siendo el principal objetivo de los bancos centrales de Rusia, Turquía, India y Brasil, pero en varias provincias de China los salarios aumentan al 16% anual y el salario mínimo ha subido anualmente más del 20%. “Es muy posible que estos incrementos aumenten con la reducción de su mano de obra, pues la población activa china ya disminuyó un 0,4%, en 3,5 millones de personas en 2012. Todo parece indicar que desaparecerán las fuerzas deflacionistas generadas en China con su integración en la economía mundial hace quince años, lo que no cabe esperar sea contrarrestado por centros de producción más baratos como Vietnam o Camboya”.

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