Tags: Latam |

La clave para recolectar frutos en Europa será la paciencia


El corto plazo es siempre más difícil de visualizar puesto que los mercados pueden fluctuar en función del ánimo de los inversores. En los próximos meses, el conflicto sirio, la retirada de las medidas de relajación cuantitativa en Estados Unidos, la celebración de elecciones y las pruebas de resistencia a los bancos podrían generar inestabilidad en los mercados.

También soy consciente del hecho de que los mercados han mejorado considerablemente desde el verano de 2012, cuando la salida de Grecia del euro parecía una amenaza inminente. En aquel momento, declaré que las acciones europeas eran una ganga. Desde entonces, el compromiso manifestado por Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, de hacer todo lo que fuera necesario para preservar el euro ha eliminado el riesgo extremo (tail risk) de una ruptura de la eurozona, facilitando de este modo una recuperación de la renta variable.

Los mejores datos económicos de los últimos meses también han favorecido a la renta variable: los índices de gestores de compras (PMI) de la eurozona están progresando y se ha constatado una mejora de la confianza en los países periféricos. Pero no nos dejemos llevar. El crecimiento económico en Europa sigue siendo anémico en términos históricos y los datos de las encuestas suelen ser volubles.

Los segmentos cíclicos del mercado han registrado una buena evolución pero la caída de los mercados emergentes ha sido una llamada de atención a los inversores, que parecían estar preparados a entrar en mercados de crecimiento a cualquier precio. Creo firmemente en los ciclos y en la reversión a la media (es decir, que los beneficios y las valoraciones de las compañías tienden a volver a sus medias históricas), por lo que me preocupa que aquellas áreas del mercado con valoraciones más elevadas puedan sufrir una corrección.

Por este motivo considero que es preciso ser selectivos. Es posible beneficiarse de ciertas tendencias a largo plazo, como las reestructuraciones. Por ejemplo, sigo pensando que el sector farmacéutico europeo tan solo ha recorrido una parte de una senda de revalorización que durará varios años. Las valoraciones han aumentado desde unos niveles claramente sobrevendidos, pero la segunda fase de revalorización debería reflejar un crecimiento de los beneficios que se derive de actividades de investigación y desarrollo, de una mayor diversidad de fuentes de ingresos y de la evolución demográfica de una población que envejece.

El sector financiero también parece más atractivo ya que sus valoraciones siguen siendo bajas en relación con otros sectores. De nuevo, resulta clave ser selectivos; por ejemplo, los bancos escandinavos, con unos mejores coeficientes de capital, parecen más sólidos que los alemanes. El sector de los seguros de vida ha sido favorecido por los inversores pero el bajo rendimiento de los activos podría crear problemas de rentabilidad y la afluencia excesiva de capital hacia este sector podría impedir valorar los riesgos de una manera adecuada. Por esta razón prefiero anticiparme a las tendencias en lugar de actuar a posteriori.

Esto explica, en parte, por qué pienso que la renta variable europea podría evolucionar mejor que en otras regiones. En comparación con Estados Unidos, Europa aún está en una fase temprana de su proceso de recuperación, por lo que existe un potencial mayor para el crecimiento de los beneficios. La clave para recolectar los frutos será la paciencia. Los inversores a largo plazo que estén dispuestos a capear periodos de volatilidad deberían obtener buenos resultados en esta región.

Lo más leído

Próximos eventos