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Henderson: Nuevo año, mismas preocupaciones, nuevas soluciones


La buena noticia es que parece haberse producido un vuelco en la actitud que venía mostrando el Banco Central Europeo (BCE). Con menos de tres meses en el cargo, Mario Draghi ya ha corregido el error que supuso subir dos veces los tipos de interés en 2011. Podría argumentarse que el endurecimiento de la política monetaria contribuyó a agudizar la desaceleración económica europea durante el segundo semestre de 2011. Habida cuenta de que el PIB nominal es el denominador del crucial ratio deuda/PIB, la merma de crecimiento ocasionada por ambas subidas se ha revelado particularmente inoportuna.

Las operaciones de refinanciación a largo plazo del BCE indican la aparente intención de este organismo de apoyar indirectamente al mercado soberano a través del sistema bancario. Así, el BCE ha concedido a los bancos alrededor de 489 mil millones de euros en forma de préstamos a tres años a un tipo de interés del 1%. Se espera que parte de estos recursos se destine a adquirir deuda soberana de la zona euro, de mayor rendimiento. El que al BCE pueda llegar a permitírsele intervenir directamente en los mercados, expandiendo con ello cuantitativamente sus agregados monetarios, dependerá de los cambiantes designios de la clase política europea. Desafortunadamente, dado que sus miembros sólo parecen dispuestos a actuar cuando se sienten presionados por los mercados, la volatilidad parece destinada a continuar. El que Italia parezca estar pasando de las palabras a los hechos en sus intentos por corregir sus desequilibrios presupuestarios podría persuadir a los políticos europeos más reacios de la necesidad de conceder mayor libertad de acción al BCE. Es ahora, con la Reserva Federal estadounidense planteándose aparentemente también una nueva ronda de medidas de expansión cuantitativa, cuando sí parece existir un consenso tácito para otorgar a la política monetaria un papel estabilizador decisivo, más aún si tenemos en cuenta los programas de austeridad concertados por el lado de la política fiscal.

En cuanto a los mercados de renta variable, 2012 no estará exento de altibajos. Con todo, en numerosos sectores, los precios de las acciones ya han sufrido retrocesos considerables, reflejando los temores de los inversores a que se caiga en una profunda recesión económica si los Gobiernos europeos no logran atajar la crisis de deuda de la zona euro. Por el momento, parece poco inteligente asumir riesgos innecesarios cuando existen empresas de calidad con valoraciones razonables. Es por ello por lo que seguimos evitando tomar posiciones importantes en bancos o en empresas cíclicas altamente apalancadas. Asimismo, continuamos rehuyendo las empresas de suministros públicos excesivamente reguladas (compañías de telecomunicaciones, de residuos y energéticas, y bancos) en las que los Gobiernos pueden permitirse manipular sus rentabilidades y obligaciones tributarias, y cuya gestión no está lo suficientemente condicionada por su evolución bursátil. 

La coyuntura actual nos hace inclinarnos por acciones de alta calidad de empresas con crecimiento estructural y excelentemente gestionadas, entre las que cabe citar Symrise, el grupo de productos saborizantes, Novo Nordisk, la empresa productora de medicamentos contra la diabetes, y Fuchs Petrolub, el especialista en lubricantes. A nuestro juicio, empresas con posiciones dominantes en nichos de mercado deberían aportar un cierto sesgo defensivo frente a un posible empeoramiento de la situación económica, sin impedirnos por ello participar en cualquier eventual recorrido alcista del mercado.

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