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Henderson: Europa, en la antesala del período vacacional


¿Qué está pasando realmente? En primer lugar, estamos a las puertas de la temporada de presentación de resultados corporativos del segundo trimestre y, dado que el crecimiento económico ha sido débil y que las perspectivas inmediatas no son particularmente buenas, es de esperar que las compañías continúen mostrándose prudentes. De hecho, las estimaciones de consenso de beneficios de los mercados bursátiles europeos que recopila Bloomberg se han reducido de un avance del 8,2% a otro del 3,2% en 2012, y del 10,2% al 6,2% para 2013. En segundo lugar, las últimas noticias económicas internacionales se han revelado, en el mejor de los casos, desiguales. Particularmente significativos son los últimos datos del sector manufacturero alemán, cuyo índice ha caído por debajo del nivel clave de 50. 

                                         PMI manufacturero alemán

 

Son muchas las razones que sugieren que este entorno de crecimiento débil y reducida inflación se prolongará todavía durante bastante tiempo. Por tanto, el siguiente riesgo o motivo de preocupación sería la posible entrada en barrena de las economías (situación en la que las medidas convencionales dejan de funcionar), y el mero hecho de que exista esta amenaza nos hace confiar en que las autoridades empiecen a pensar en medidas de estímulo adicionales.

Ello nos lleva a centrarnos en la situación europea. El proyecto de la moneda única se encuentra en una encrucijada: o avanza hacia una mayor integración o empieza a desintegrarse si los líderes europeos no logran convencer a sus electorados nacionales de las ventajas de continuar con lo que hasta el momento ha sido un proyecto problemático. Uno de los inconvenientes de los mercados bursátiles es su extraordinaria impaciencia ante todo lo que no sucede aquí y ahora. Aunque posiblemente esto tenga su causa en años de expectativas erróneas e incumplidas, no por ello debía pensarse que el proyecto de construcción del euro fuera a estar exento de dificultades. Sin embargo, la última cumbre (ya comentada y que hacía la número 19 desde el inicio de la crisis) supuso en cierto sentido un nuevo paso adelante hacia la consecución de una mayor integración europea. Además, romper el vínculo existente entre los bancos y la deuda soberana de sus respectivos países quizá serviría para que, haciendo borrón y cuenta nueva de los años en que los Gobiernos anteriores no dejaron de acumular deuda, los inversores entendieran finalmente que la mayoría de los Estados miembros de la zona euro se encuentra en una situación aceptable.

Además, el foco de atención del debate público ha cambiado, pasando de la obsesión por la austeridad (probablemente el término más engañoso de cuantos se han reacuñado en los últimos cinco años) a apostar por el crecimiento. El problema es que el crecimiento no puede ‘salir de la nada’, aunque no hay duda de que los Gobiernos siguen gastando generosamente (p. ej., en el Reino Unido el endeudamiento de la supuestamente austera coalición conservadora es todavía superior al de anteriores Gobiernos laboristas tachados en su día de derrochadores), destinando un porcentaje creciente de este gasto a la inversión en infraestructuras.

Todo esto dibuja un panorama incierto para las economías europeas e, independientemente de lo que suceda, un período de bajo crecimiento económico. En esta coyuntura, continuamos aconsejando invertir pacientemente en compañías llamadas a formar parte de la solución: esto es, compañías que permiten a otras operar de un modo más eficiente, como el desarrollador de software SAP, la proveedora de servicios logísticos Deutsche Post DHL o la compañía británica de externalización de servicios Capita.

 

Los últimos resultados presentados por la compañía de transporte y logística Kuehne + Nagel son también bastante reveladores y refrendan mi opinión según la cual, en el complicado entorno actual, las compañías fuertes se harán más fuertes y las débiles aún más débiles (pudiendo incluso hasta desaparecer). Sus resultados en sí mismos fueron deslucidos, con un crecimiento de la facturación del +2,8% y una reducción del EBITDA del 9,6%. Estos datos ponen de relieve dos cosas: en primer lugar, la atonía en que se hallan sumidos los mercados internacionales de transporte aéreo y marítimo (nada de extrañar dada la dinámica económica general) y, en segundo lugar, que la compañía está incrementando su cuota de mercado. El mercado de transporte está muy atomizado; en él operan múltiples actores de reducido tamaño con una clientela con poder para imponer unas condiciones que las empresas más pequeñas a duras penas pueden satisfacer. Si a ello unimos el programa de reducción de costes puesto en marcha por los gerentes de la compañía, podemos afirmar que estamos ante un ganador a largo plazo. La dinámica mencionada no sólo afecta al sector del transporte, sino también a otras muchas industrias. Este es el motivo que nos ha llevado a concentrar nuestras inversiones en compañías líderes de sus respectivos mercados, que suelen tener bien justificadas sus primas de valoración.

 

Si bien durante el verano podríamos asistir a subidas bursátiles caracterizadas por un escaso volumen de negociación en determinadas acciones olvidadas y con bajas valoraciones, estos recorridos alcistas, a menos que asistamos a un cambio significativo en la estructura de algunos de estos sectores, no obedecerán más que al cierre de posiciones cortas.

 

 

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