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Henderson: El otro rescate


El resultado final: desde el punto de vista de la economía alemana

Para ser claros, el sistema bancario alemán no es un sistema modelo. En el pasado, los bancos estatales han sido plenamente responsables en muchos casos de préstamos considerados desaconsejables. IKB (el banco alemán que debió ser rescatado en agosto de 2007) fue una de las primeras víctimas de la crisis de hipotecas de baja calidad, denominada crisis subprime. Los bancos comerciales—con alguna que otra excepción—se han embarcado en una expansión desafortunada que destruyó el valor para el accionista. Algunos de esos bancos ni siquiera siguen existiendo. Tienen más cosas en común con las cajas (bancos de ahorro de España) que lo que muchos creen. Sin embargo, una medida muy acertada que tomaron fue abandonar rápidamente los mercados de bonos públicos y de deuda bancaria de los países de la periferia europea. El resultado neto de todas estas medidas es que el panorama bancario se está reformulando siguiendo las líneas nacionales. Los bancos españoles actualmente tienen en su poder los bonos de la deuda pública española; los bancos italianos, la deuda soberana italiana. Todo esto es muy beneficioso para los bancos alemanes que se han desprendido de la exposición directa al desorden. Pero ahora el Bundesbank se ve en una situación difícil a través de Target 2 (sistema interbancario de pago para el procesamiento en tiempo real de transferencias transfronterizas a través de la Unión Europea ), dado que sus créditos actualmente superan los 600.000 millones de euros con respecto de otros bancos centrales europeos. Incluso para un país rico como Alemania, esto será un problema si el euro de desmorona. Así pues, en efecto, el Bundesbank —a sabiendas o no— ha rescatado al sistema bancario alemán. Ahora bien, los contribuyentes alemanes son quienes corren riesgo si todo termina malográndose. Dudo que se den cuenta del juego de póker que se está jugando actualmente.

La debilidad del euro favorece a los exportadores. Esto es evidente y no requiere explicación. La falta de confianza en el sistema financiero europeo, en las medidas de política y en la cohesión de la UE ha provocado un debilitamiento de la moneda única, que de otro modo no hubiese tenido esa magnitud. Por ser el mayor exportador de la zona euro, Alemania es proporcionalmente el mayor beneficiario.

Las bajas tasas de interés favorecen a las empresas y a los consumidores. Esto no sólo va en beneficio de las empresas y votantes de Alemania. Las empresas fuertes en cada país europeo gozan de la misma protección favorable de financiamiento, al igual que los consumidores que no están sobre-endeudados. Pero al combinarlo con lo expresado anteriormente, lo que es más notorio en los incrementos salariales de los trabajadores alemanes y los bajos  niveles de desempleo en ese país, el mayor beneficio vuelve a quedar una vez más dentro de las fronteras alemanas. Si a esto le sumamos una tasa de inflación baja y estable, no es difícil comprender por qué la crisis está lejos de ser invisible a los ojos del público alemán. Además, puede ayudar a explicar la dura línea de austeridad que aplican a otros.

Actualmente vemos una huida de capitales hacia los bonos alemanes por motivos de temor. Esta situación ha llegado al punto en que los rendimientos nominales de los vencimientos a dos años entraron brevemente en terreno negativo. Pagarle a otro para que utilice el dinero propio es una concepción muy errónea que demuestra el temor que sienten algunos inversionistas. La rentabilidad del capital se impone a la rentabilidad sobre el capital. El Tesoro alemán prácticamente no puede creer su suerte al estar en condiciones de financiar de manera continua y reemplazar deuda a niveles absurdamente bajos. El hecho de que este auge tenga un efecto perjudicial sobre los otros prestatarios soberanos no opaca la idea de que es muy bueno para Alemania.

Me agrada Alemania por todas las condiciones económicas favorables que he descrito. La política es un tema diferente.  Un país que se ha negado a liderar por razones históricas, hoy día se ve obligado a hacerlo para proteger todos los objetivos por los que las generaciones anteriores de líderes políticos lucharon tan arduamente. No es fácil estar expuesto a recompensar a vecinos derrochadores, en especial cuando parece que hacen tan poco en beneficio propio.  Pero en ocasiones es preciso hacer a un lado un principio en pos de uno mucho más grande e importante. La realidad es eso que queda cuando se cierran los ojos. Y la realidad es el problema que debe abordarse, no una noción romántica sobre cómo se comportan las naciones en un mundo perfecto.

El escenario pesimista es aquél en el que el equilibrio se logra tarde, lo que provoca un desmoronamiento del euro, un marco alemán fuerte, acciones inoponibles en Target 2 y un golpe duro al estilo de vida alemán. Y ahora quién comprará los BMW? Este escenario es poco probable, sin embargo, en ocasiones es necesario recurrir a ejemplos extremos para ilustrar el punto de vista. ¿Cómo es que Alemania acepta una posición de tolerancia de más inflación, rendimientos más altos de la deuda pública alemana, mayor liderazgo en Europa y un BCE que tiene una postura monetaria mucho más relajada que el Bundesbank? Se va paso a paso, de a uno por vez, tratando de mantener la disciplina y, simultáneamente, sopesando el costo de una solución frente al costo de un desmoronamiento.

Esto no se trata simplemente de Alemania. Hasta el momento, Francia ha tenido beneficios similares, aunque en menor escala. Pero es momento de añadir cierto equilibrio a un debate que se ha vuelto peligrosamente unilateral. Los hechos, hechos son y negarse a reconocerlos no contribuirá a ayudar a formular una respuesta adecuada mediante políticas para que se estabilice el sistema bancario europeo y reactivar a la mayoría de las economías de modo que puedan seguir creciendo. La mejor forma de resolver una crisis de deuda es el crecimiento, no sólo en uno o dos países, sino en toda Europa.

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