Grecia pide un nuevo rescate: posibles escenarios e impacto en las diferentes clases de activos


Nueva patada hacia delante en el interminable partido que enfrenta al gobierno de Grecia con las instituciones europeas. Tras el ‘no’ del referéndum del pasado domingo, ayer miércoles, el Ejecutivo liderado por Alexis Tsipras solicitó formalmente un nuevo programa de ayuda financiera –el tercero, desde 2010– al Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), por un total de 50.000 millones de euros que se sumarían a los más de 240.000 desembolsados en los dos anteriores programas de rescate.

El nuevo equipo heleno de negociadores que encabeza Euclides Tsakalotos –nombrado ministro de Finanzas tras la dimisión sorpresa de Yanis Varoufakis a principios de esta semana– se ha comprometido a presentar hoy una nueva propuesta de reformas que los acreedores europeos valorarán en los próximos días, antes de la celebración de la enésima cumbre de urgencia, convocada para el domingo, 12 de julio. Hasta entonces, los bancos griegos continuarán cerrados por segunda semana consecutiva y se mantienen las restricciones de capital.

Tres posibles escenarios

Ante esta situación, Laura Sarlo, analista sénior de deuda soberana en Loomis Sayles (filial de Natixis Global AM) ve tres posibles escenarios. El primero, al que le asigna una probabilidad del 25%, sería el más deseable: que finalmente las partes lleguen a un acuerdo antes del 20 de julio, fecha en la que vencen los 3500 millones que el gobierno heleno debe devolverle al BCE.

El segundo escenario sería la salida de Grecia de la eurozona (‘Grexit’) e implicaría “acciones claras y decididas para establecer una nueva divisa y renunciar al pago de la deuda y los compromisos adquiridos”. En opinión de Sarlo, este escenario tendría un fuerte impacto en los activos de riesgo mundiales, pero solo le asigna una posibilidad de que ocurra del 15%.

Por último, la opción que ve más probable, con un 60% de probabilidades, es que se mantenga la situación de impasse en la que nos encontramos ahora mismo. “Este tercer escenario podría implicar muchas cosas, incluso que Grecia acabe abandonando el euro, pero llegaríamos a esa situación a trompicones, no de forma limpia. También podría implicar el uso de pagarés (IOU), cupones o dracmas para cierto tipo de pagos mientras el gobierno mantiene un pie dentro y otro fuera de la eurozona. Y también podría significar que los bancos griegos permanecerán cerrados durante bastante tiempo”. Para Sarlo, este escenario representa una continua amenaza para los activos de riesgo.

Impacto en las clases de activo

Aunque los acontecimientos de las últimas semanas han generado una mayor volatilidad en el mercado que se ha traducido en correcciones bursátiles y una huida generalizada hacia activos refugio, lo cierto es que la reacción ha sido bastante moderada en comparación con otras ocasiones. “Aunque es probable que las ventas continúen mientras los inversores van digiriendo la caótica situación de Grecia, las posibles correcciones se verán mitigadas por el favorable entorno de política monetaria y los bajos tipos de interés”, apunta Russ Koesterich, responsable de estrategias de inversión para BlackRock y responsable global de inversiones para iShares, quien no cree que la situación del país mediterráneo suponga una amenaza a largo plazo para la economía mundial ni para los mercados financieros.

De hecho, Andreas Utermann, director mundial de inversiones en Allianz Global Investors cree que el entorno de volatilidad y de aversión al riesgo podría generar interesantes oportunidades de compra. El experto afirma que “la crisis griega está siendo una especie de déjà-vu de la crisis de deuda soberana europea, con ampliación de los diferenciales de crédito y de deuda periférica, mayor volatilidad y una huida hacia activos refugio como los bunds alemanes”. Sin embargo, a medio plazo ve más interesante comprar bonos periféricos y crédito europeo con las caídas que vender con el rebote del mercado.

Utermann ve probable que las bolsas de otros países europeos, sobre todo los periféricos, muestren correlación con los movimientos de los mercados de renta fija, la ampliación de los diferenciales y la exposición de los bancos a la deuda soberana, lo que generará oportunidades de compra para los inversores con un horizonte temporal a medio plazo. En cuanto al euro, “esperamos que siga registrando volatilidad y debilidad en este periodo, respaldado por las políticas del BCE y por el reciente rango de cotización de 1.05-1.15 frente al dólar, que no se ha roto durante el reciente aumento de las tensiones”. En opinión del experto, “cualquier nueva depreciación relacionada con un posible Grexit será breve”.

Qué puede hacer el BCE para evitar el contagio

En opinión de Kenneth Orchard, gestor de carteras de renta fija europea en T. Rowe Price, la tranquilidad con la que ha reaccionado el mercado de deuda al ‘no’ griego –incluso la deuda periférica– “sugiere que los inversores probablemente habían adoptado un posicionamiento defensivo antes del referéndum” y que “los operadores del mercado confían en que el BCE intervendrá en caso de que aumenten las tensiones financieras”. Pero, ¿qué puede hacer la autoridad monetaria para evitar el contagio en caso de que el Gobierno de Tsipras y sus acreedores no consigan alcanzar un acuerdo?

El equipo de análisis de Morgan Stanley IM cree que, llegado el momento, el banco central podría intervenir en los mercados de varias formas. “En primer lugar, aprovecharía la flexibilidad que le ofrece el actual programa de expansión cuantitativa (QE) para adelantar las compras de activos”, con el objetivo de mantener los tipos de interés en niveles bajos. En segundo lugar, los expertos creen que recurriría a la intervención verbal, es decir, “usaría la rueda de prensa tras la próxima reunión del consejo de gobierno para enfatizar que está preparado para tomar las medidas que sean necesarias”.

Si aún así no consiguiese calmar el mercado, el BCE podría plantearse ampliar sus actuales programas de compra de activos, ya sea “elevando el límite de 60.000 millones de euros mensuales del QE actual, incrementando el tamaño total del programa más allá de los 1,14 billones de euros hasta septiembre de 2016 o mediante una intervención más centrada en los mercados periféricos con herramientas como el Programa para Mercados de Valores o las transacciones monetarias directas”.

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