Golpe de efecto del Banco Nacional Suizo: las gestoras apuntan a una confrontación con el BCE


Desde hace tres años hasta ahora, al principio fueron la Reserva Federal y el BCE los que acapararon los focos de la actualidad. Después, se les añadieron el Banco de Inglaterra y el Banco de Japón con sendos golpes de efecto: el primero, con el anuncio sorpresa de un posible adelanto de la subida de tipos de interés y, el segundo, con su descomunal plan de estímulos para reanimar a la economía nipona. A este grupo acaba de unirse un banco que se ha mantenido en un discreto segundo plano desde 2011: el Banco Nacional Suizo (BNS). Hace cuatro años, la autoridad monetaria helvética decidió fijar un tope para que el franco no se intercambiase a más de 1,20 euros. Recordemos que en 2011 la crisis de la deuda soberana estaba en pleno apogeo, y si adoptó esta medida fue para atajar la creciente apreciación de la divisa, uno de los tradicionales activos refugio a los que recurren los inversores en periodos de incertidumbre y miedo.

El BNS ha vuelto a la palestra con un golpe de efecto igualable al de sus homólogos al anunciar que el franco volvería a cotizar libremente. De paso, la entidad que preside Thomas Jordan anunció la rebaja del tipo de los depósitos al -0,75%, elevando al mismo tiempo el objetivo para el líbor a tres meses del -1,25% al -0,25%. La medida ha tenido un efecto fulminante sobre los mercados que no estaban preparados para la noticia, hasta tal punto que la moneda suiza llegó a dispararse un 30% contra el euro, aunque después la subida se moderó hasta el 17%. Las compras también se notaron en el cruce de la divisa contra el dólar, la libra o el yen, entre otras monedas. Entre tanto, la bolsa helvética se desplomó un 12% en la sesión de ayer.

La autoridad monetaria suiza ha justificado esta decisión afirmando que la medida tomada en 2011 pretendía evitar una sobrevaloración excesiva del franco y que, ya en 2015, la divisa ha conseguido retroceder hasta niveles más razonables. Holger Fahrinkrug, de Meriten, parte de BNY Mellon IM, disiente: “Creemos que ese movimiento ha estado muy motivado por la perspectiva de que el BCE anuncie un QE, posiblemente la semana que viene, que podría ejercer presión alcista sobre el franco y volverle todavía más difícil al BNS mantener el tipo de cambio”. Desde Meriten consideran que la decisión de liberar al franco “no implica que el BNS se abstenga de una intervención”. Por ello, a pesar de la virulenta reacción vista ayer, creen que el cruce euro/franco permanecerá por encima de la paridad en el corto plazo, aunque con mayor volatilidad.

Anthony Doyle, director de inversiones de renta fija en M&G Investments, también cree que el BCE tiene mucho que ver con la decisión del BNS: “En primer lugar, algunos especulan con que la acción de la entidad apunta a que prevé una flexibilización inminente y considerable en la política monetaria del BCE, en la que no está dispuesto a participar. En segundo lugar, si el BNS abandona el tipo de cambio fijo frente al euro, esto reduce la necesidad de comprar deuda pública europea en el mercado. Por último, si la gran apreciación de la moneda es continuada, a los exportadores suizos les resultará cada vez más difícil competir a nivel mundial, lo que supondrá un lastre para el crecimiento económico y una mayor presión a la baja sobre los precios al consumo".

“Es un movimiento sorprendente por parte del BNS. Tiene que haber sufrido lo difícil que es mantener fija la divisa, decidiendo aceptar un final doloroso antes que un dolor sin fin”, conjetura por su parte Dirk Aufderheide, estratega jefe de divisas en Deutsche AWM. Aufderheide recuerda que el banco helvético “ha sido uno de los mayores compradores de euros, invirtiendo principalmente en bonos denominados en euros”. En opinión del estratega, “el BNS podía haber tomado un camino menos perturbador, por ejemplo fijando unos rangos del franco contra una cesta de divisas”. “Este final radical de su política es realmente contra productiva para el BCE. Pero es liberadora para el BNS, que ahora puede centrase en su mandato monetario y en la macroeconomía”, sentencia, no sin antes dejar una advertencia en el aire: “Combinada con la caída significativa de los precios del petróleo, el flash crash del franco incrementa el riesgo de deflación. Las compañías suizas han perdido competitividad”.

Desde Brandywine, filial de Legg Mason Global AM, también hablan de efectos deflacionarios. Nuria Ribas, directora de inversiones de la firma, señala que “Suiza, al igual que el resto de Europa, experimenta una deflación que no hará sino empeorar con la reciente apreciación del franco. Esto plantea un difícil dilema al Banco Nacional de Suiza, que podría llevarlo a poner en marcha otras medidas con el fin de contrarrestar la apreciación de su moneda”.

Simon Ward, economista jefe de Henderson, justifica la decisión del banco central porque su capacidad para usar la intervención en los tipos de cambio para depreciar el franco “se ha visto limitada por las críticas a la drástica expansión de su balance, actualmente en el 85% del PIB”. Ward recuerda que el banco central ya había recortado tipos hasta terreno negativo en diciembre, y había indicado que podría bajarlos más, “pero no ha sido capaz de contener la presión al alza sobre su moneda”. “El BNS tenía la opción de fijar un tipo de cambio euro/franco más bajo, pero ha decidido cortar por lo sano con la anterior política y abrazar la libre cotización", concluye.

¿Qué impacto tiene la medida sobre los activos de inversión?

“El impacto inmediato será negativo para la economía suiza, debilitando la posición competitiva del país a nivel global y podría potencialmente golpear los beneficios de las compañías suizas”, advierte Alberto Chiandetti, gestor del FF Switzerland Fund. El representante de Fidelity Worldwide Investment explica que, dada la escala internacional de muchas de las compañías que cotizan en la bolsa de Suiza, la liberación del franco va a traducirse en debilidad, frente a las compañías con ingresos no denominados en francos, que podrían batir expectativas. “Sin embargo, muchas compañías suizas han aprendido a tratar con una divisa fuerte durante los años, y han adaptado sus bases de costes para combatirla”, añade Chiandetti. Pone como ejemplo a Nestlé, para la que Suiza sólo representa el 5% de sus costes.

En la parte de divisas, la previsión que maneja Martin Moeller, responsable de renta variable suiza de UBP, es que en las próximas semanas permanezcan volátiles, “al empezar las compañías suizas que no tenían coberturas sobre divisas a hacerlas”, mientras que el BNS también podría tomar medidas adicionales. En cuanto al tejido empresarial helvético, Moeller predice una caída en las expectativas de beneficios por acción (BPA) expresadas en francos.

“La apreciación del franco es un problema para la economía suiza, ya que alrededor del 50% de sus exportaciones se dirigen a la zona euro. Y es poco probable que los exportadores suizos sean capaces de hacer frente a una apreciación tan significativa del franco”, apunta a modo de resumen Bart Van Craeynest, economista jefe de Petercam. Éste se despide con una advertencia: “Si el franco pone a prueba la paridad con el euro de nuevo, el BNS se verá obligado a intervenir otra vez para limitar el fortalecimiento de su moneda”.

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