¿Ganga o trampa de valor? Actualización del comportamiento del petróleo y oportunidades en el sector energético


El sentimiento sobre el crudo ha evolucionado negativamente el último año, al profundizarse las caídas hasta los recientes mínimos de doce años. Teniendo en cuenta que el barril de Brent cotizaba en 100 dólares hace apenas año y medio, muchos se están empezando a preguntar si han caído los precios lo suficiente como para hacer algunas apuestas contrarian, o si en cambio las acciones del sector de la energía son una trampa de valor. 

“La situación de exceso de oferta necesita ser puesta en contexto. Varias estimaciones muestran una abundancia de oferta global entre 1 y 1,5 millones de barriles de petróleo al día. Considerando que se consumen cerca de 94 millones de barriles al día en todo el mundo, tal exceso equivale al 1% o 2%, o un año de crecimiento de la demanda con los tipos actuales. Es mucho más debajo de donde estaba el mercado en los 80, cuando la OPEP y Arabia Saudí adoptaron una estrategia similar de cuota de mercado”, indican desde Franklin Templeton Investments los expertos Cindy L. Sweeting, Antonio Docal y Chris Peel. 

El trío de expertos consideran que “es inevitable que la oferta y la demanda de petróleo vuelvan a un equilibrio en algún punto del futuro”... pero descartan que suceda en el corto plazo. Al contrario: “Hay algunas predicciones de que el precio del crudo caerá a 20 dólares el barril, que ciertamente es posible, pero en ese nivel una parte importante de crudo está perdiendo dinero, por lo que probablemente veríamos una respuesta del lado de la demanda más fuerte que la que hemos visto hasta ahora”. Los expertos prevén que sigan descendiendo el capex y la inversión en exploración en 2016, como ya sucedió en 2015. “Sería la primera vez en al menos tres décadas que la industria petrolífera ha registrado dos años consecutivos de caída en las inversiones”, comentan. 

Los expertos predicen que se producirá un reajuste entre las curvas de la oferta y la demanda que reactivará la producción de petróleo. Creen que este proceso no culminará al menos hasta 2017: “El equilibrio entre oferta y demanda se erosionará lentamente por una combinación de producción reducida e incremento de la demanda”. 

Sweeting, Docal y Peel indican que han encontrado bolsillos de valor en el sector energético: En algunos casos hemos visto niveles de valoración que no habíamos presenciado en décadas”. En concreto, ven oportunidades entre las grandes petroleras integradas, con balances sólidos y pago de dividendos considerables, “que deberían ser capaces de navegar a través de la incertidumbre del mercado y beneficiarse potencialmente del coste de la deflación y de la disciplina de capital a lo largo del tiempo”. En cambio, recomiendan esperar para invertir en compañías estadounidenses de exploración y producción de derivados del petróleo: “Están altamente correlacionadas con el precio del crudo y deberían beneficiarse enormemente una vez que se normalicen oferta y demanda, la industria de shale oil estadounidense debería ser de lo primero en recuperarse”. 

También opina que el precio del crudo ya está más cerca que lejos de un punto de inflexión Kevin Holt, director de inversiones de Invesco AM. Aunque sabe que Arabia Saudí cuenta con aproximadamente 700.000 millones de dólares en reservas de divisas, lo que le proporciona margen para aguantar la caída del crudo durante algunos años más, opina que “no pueden seguir inundando el mercado con barriles a 26 dólares para siempre sin sufrir consecuencias”.

Holt señala como signo clave las declaraciones en diciembre del gobierno saudí, explicando que planeaba recortar gradualmente los subsidios al petróleo, el agua y la electricidad, “lo que a lo largo del tiempo podría llevar a presión sobre el Gobierno para parar de producir petróleo con pérdidas y ayudaría a elevar los precios del crudo”. Asimismo, el experto indica que “no hay duda de que la industria ha hecho un montón por mejorar la eficiencia, pero al final la extracción de crudo tiene cierto coste que debe ser acomodado, por lo que pensamos que el precio por barril debería volver al rango de los 60 a 70 dólares el barril en el largo plazo”. 

El representante de Invesco asegura estar encontrando algunas oportunidades en el sector. Ahora bien, su recomendación es invertir con un enfoque value y un horizonte temporal de largo plazo – entre cinco y siete años-, centrándose en aquellas compañías donde considera que las valoraciones no reflejan sus fundamentales. “Buscamos compañías energéticas con buenos activos y fuertes balances que puedan aguantar una caída extendida del precio del crudo. Ahora hay mucho miedo puesto en precio. Para los gestores profundamente value, son signos de oportunidad”, concluye Holt. 

¿Correlación positiva o negativa?

Más escépticos se muestran los expertos de Legg Mason Global AM, que analizan la relación entre petróleo y renta variable. Tomando como punto de partida 2006, observan que hace diez años ambos activos apenas estaban correlacionados… hasta el desplome del crudo en 2008, en la antesala a la quiebra de Lehman Brothers. En aquellos días, la relación entre acciones y oro negro se volvió inversa, es decir, que mientras que el crudo caía la bolsa mantenía una tendencia alcista. Sin embargo, a finales de 2008 y 2009 volvió a cambiar la dinámica, al correlacionarse positivamente ambas clases de activo: primero descendieron de la mano, para iniciar una remontada a raíz de los históricos mínimos de 2009. Esta situación se prolongó hasta 2013, cuando el precio del crudo petróleo volvió a depender de las dinámicas de la oferta y la demanda, y así se mantuvo la situación hasta el segundo semestre de 2015, cuando se desplomaron tanto las bolsas como la commodity. 

La conclusión a la que llegan desde Legg Mason es que “es difícil establecer que el petróleo y la renta variable vuelvan a ser uña y carne, salvo cuando otras fuerzas externas hayan afectado a ambos. Y en esos momentos, los movimientos han sido en la misma dirección”. ¿Cómo trasladar esta observación al momento actual? “La cuestión que afrontan ahora los mercados es si los beneficios de un petróleo barato – costes de transporte más bajos, más rentabilidad e incremento del poder adquisitivo- compensarán la destrucción causada por el descenso de la actividad industrial, al sufrir el sector de la energía”. Desde la gestora concluyen que “como siempre, los resultados serán revelados sólo con el paso del tiempo”. 

 

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