Fondeando el patrimonio familiar


Nos encontramos en país donde históricamente las IPF y los activos inmobiliarios han sido dos de las principales inversiones Core para el patrimonio de nuestras familias. A raíz de la crisis y los tipos de interés actuales, estos dos productos han dejado de ser atractivos, saliendo de gran parte de las carteras e incrementándose sustancialmente las inversiones en fondos de inversión.

El año 2014 se cerró con un patrimonio en fondos de inversión de 199.561 millones de euros, lo que supone un incremento interanual del 26%, y el pasado mes de abril se alcanzó la cifra de 219.287 millones de euros. Los fondos de inversión nos ofrecen numerosas ventajas ya que nos permiten acceder a la mayoría de los sectores y mercados, en diferentes divisas, que de forma individual muchas veces no podríamos realizar o lo haríamos a unos costes muy elevados. Ofrece mayor liquidez que los productos del sistema de previsión social y también, para sujetos pasivos del IRPF, permite movilizar de un fondo a otro sin tributar por las ganancias que se hayan generado.

Debido a los grandes cambios en los mercados financieros de los últimos años, se ha producido este proceso de fondeo de las inversiones, el cual debe realizarse  dentro de la fase de revisión de las estrategias de la planificación financiera. Sin modificar los objetivos que tengamos planteados y cumpliendo con las restricciones impuestas por el inversor, con la finalidad de trabajar con un proyecto planificado que evite la improvisación y que se apoye en una política de inversión coherente con esos objetivos y las expectativas del mercado. Hay que tener en cuenta que la política de inversiones explica cerca del 90% de la variabilidad de los resultados de nuestra cartera.

Adicionalmente, en esta situación del mercado de elevada incertidumbre y volatilidad, será esencial realizar un adecuado y recurrente rebalanceo de las carteras y la aplicación de medidas correctoras que permitan ir ajustando el riesgo y aumentar la rentabilidad. No se puede predecir el futuro pero sí actuar de manera proactiva para diversificar y mitigar los riesgos del mercado.

Los inversores particulares poco a poco van haciendo mayor seguimiento de los mercados, valorando los niveles de riesgo que quieren asumir, se involucran en mayor medida a la hora de estructurar sus inversiones y se van concienciando y preocupando por una futura falta de recursos tras la jubilación. Este escenario podría verse como una oportunidad en un país donde la tasa de ahorro es moderada, los ingresos por pensionista son bajos y los sistemas de pensiones no han alcanzado todavía su madurez.

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