Fidelity: “El plan de Draghi tiene bastantes defectos”


Animar a la banca a que preste, a las empresas a que inviertan, a los consumidores a que consuman y evitar a toda costa una entrada de la eurozona en deflación. Esos son los grandes objetivos que busca Mario Draghi con el programa de compra de deuda soberana anunciado ayer por 1,14 billones de euros (60.000 millones al mes). La cuestión ahora es saber cuál será el efecto que tenga el plan anunciado por el BCE.

Paras Anand, director de Renta Variable Europea de Fidelity Worldwide Investment, cree que este plan ha sido tan debatido y anticipado que tiene ya poco potencial, tanto en los mercados como en la economía real, pues posiblemente las intenciones latentes del BCE de estimular el crecimiento mediante la compra de deuda tuvieron más impacto en sí mismas que el que logrará la materialización efectiva de dicha compra. “Dichas intenciones bastaron para eliminar los temores sobre la calidad de los bonos soberanos más débiles que afloraron hace tres años, otorgando a su vez tiempo al sector financiero para que fortaleciese su capital y redujese el riesgo de su modelo de negocio”, recuerda.

En segundo lugar, el experto indica que los ajustes internos dentro de la región tras el boom de la pasada década iban a tener claramente un profundo elemento deflacionista, pues todos los costes y precios bajaron para adecuarse al menor nivel de demanda. “Pero hemos etiquetado con demasiada rapidez el actual colapso de la inflación como estructural -en lugar de cíclico-. La historia nos ha mostrado que el sector corporativo europeo ha emergido de cada crisis en mejor forma de lo que entró, con mayor foco en la creación de valor a largo plazo para los accionistas; y ha jugado, por turnos, un rol más importante en el impulso económico con cada ciclo sucesivo. Esto es lo que realmente diferencia a la actual situación europea de la situación histórica de Japón”.

En tercer lugar, Anand considera que uno de los puntos más discutidos es en qué medida el posicionamiento del BCE, como ‘comprador siempre presente’ de deuda pública, alivia la presión para llevar a cabo una reforma estructural sobre las economías que necesitan desesperadamente llevarla a cabo. “Muchos países de toda la región, pero particularmente Italia y Francia, necesitan tomar medidas duras a día de hoy para activar el potencial a largo plazo de su bien formada y educada fuerza laboral, a efectos de impulsar la competitividad pero también -y esto es importante- la creación de nuevos negocios. De nuevo, parece que la relajación cuantitativa por sí misma poco puede ayudar en este aspecto”, afirma.

Por último, el experto cree que existe un debate válido sobre si la integración a lo largo de la región está siendo instigada o por el contrario obstaculizada por la estructura del paquete del BCE. “Pese al énfasis reciente en las fisuras en Europa desde un punto de vista tanto económico como político, una perspectiva más desapasionada sugiere que, en el pasado reciente, los vínculos en la región se estaban reconstruyendo en silencio. Alemania ahora pone un mayor énfasis en las reformas que en la austeridad, en una supervisión sincronizada de los bancos regionales clave, en la reanudación de la actividad transfronteriza de las empresas y -muy importante- en el reconocimiento de que el aumento de los populismos es una cuestión compartida y no local, lo cual debe por tanto impulsar una mayor colaboración entre los gobiernos de toda la región”.

El aspecto alentador que Anand asegura haber visto ha sido una forma de pragmatismo; un impulso del espíritu de colaboración y entendimiento informales en lugar del constante recurrir al ‘libro de las reglas’. “Me temo que este programa del BCE -con su foco en el ‘último recurso’ y obligaciones legales bajo diversos escenarios negativos- nos empuja en la dirección opuesta”.

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