Evaluación continua


Vuelta al cole para los peques y vuelta al “cole” para los mayores. Para unos, regreso a las aulas y los libros. Para otros, regreso a nuestra actividad profesional cotidiana que no deja de enseñarnos cosas nuevas ante una forzosa y sempiterna actualización de nuestras capacidades y discernimientos que casi antes de ser vigentes ya quedan obsoletos. Para todos, comienzo de un nuevo periodo que sin solución de continuidad nos exige reanudar un constante aprendizaje, con renovadas incertidumbres por delante para el nuevo curso, con sus correspondientes retos y oportunidades.

Y es que hogaño, se hace irrefutable ese añejo proverbio que afirma que la mejor escuela de conocimiento es la propia vida, aplicable a cualquiera de sus órdenes donde irremediablemente nos vemos obligados a tomar apuntes de cada experiencia, cada situación, y cuanto sucede a nuestro alrededor, para ir superando examen tras examen de esa evaluación continua y frenética en que se han convertido todas las disciplinas sin excepción alguna.

Lo cual es manifiesto, como en ninguna otra materia, en los mercados financieros y la economía, que cada vez carecen más de ciencia y razonamiento, o al menos de matemática, estadística y teoría numérica, y sin embargo se han convertido en un crisol que fusiona aquellas cogniciones alojadas en el hemisferio izquierdo del cerebro (el de la lógica), con otras habilidades y entendimientos procesados por el hemisferio derecho (el emocional) como la psicología, sociología, política, creatividad, etc., e incluso algunas que escapan a todo proceso analítico de cualquier tipo, y se aproximan más a la alquimia o el esoterismo (“aquello que se encuentra oculto a los sentidos y a la ciencia, o es difícil de entender”).

Por eso cada vez es más importante contar con un buen asesor financiero (preferiblemente independiente), capaz de ser nuestro profesor particular y resolver de forma profesional nuestras inquietudes desde el punto de vista financiero ante todas esas asignaturas, poniendo cordura y pedagogía ante ese caos de información que nos llega desde el ágora de los medios, y alineando la vorágine de perspectivas y vertiginosos cambios coyunturales con nuestras necesidades y objetivos personales vinculados a nuestra carrera de crecimiento personal y profesional.

Y es que este 2015 está siendo un claro ejemplo, como lo va a ser el tercer cuatrimestre, de que se hace imprescindible tener una actitud muy activa, flexible, dinámica, polifacética y multiestratégica en la gestión de nuestro patrimonio tanto intelectual como financiero, bien si nos conformamos con preservarlo, bien si pretendemos optimizarlo sacándole el máximo rendimiento.

Dos consejos a deducir de mis líneas. Uno, no dejar de aprender. Dos, buscar el equilibrio entre izquierda y derecha, hablando de los hemisferios del órgano de pensar, hablando de Política con las Elecciones a la vista, o hablando de la toma de decisiones y de la asunción de riesgo en nuestras inversiones para los próximos meses (la fórmula son Fondos o Carteras con flexibilidad, discrecionalidad y dinamismo para optimizar el binomio rentabilidad-riesgo). Porque después de cientos de premios Nobel, de siglos de teorías, y de lo que nos están enseñado países con culturas milenarias como China o Grecia, pasados dos milenios sigue vigente la enseñanza de uno de sus más ilustres, legitimado por la Ley del Sentido Común (esa que a veces nos empeñamos en derogar);  “la virtud está en la templanza”. 

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