¿Están los inversores perdiendo la fe en los bancos centrales?


Las últimas intervenciones de los banqueros centrales no han causado el impacto deseado. A principios de febrero, el Banco de Japón decidió llevar su facilidad de depósito a tipo negativo después de haber afirmado públicamente su gobernador, Haruhiko Kuroda, que no se estaba contemplando esa medida. Mario Draghi decepcionó en diciembre al no ampliar el programa de adquisición de activos del BCE, después de haber preparado al mercado con declaraciones en sentido contrario, y en la reunión de enero insinuó que sí se podría ampliar dicho programa en marzo. Janet Yellen se mostró ambigua en su última comparecencia semestral ante el Congreso de EE.UU. con la política de subidas de tipos de la Reserva Federal. Entretanto, la corrección ha seguido viva. ¿Están los inversores perdiendo la fe en los bancos centrales?

“La confianza del mercado en las políticas de los bancos centrales se está deteriorando”, afirma Joseph V. Amato, director de inversiones de renta variable de Neuberger Berman. Aunque éste admite que las acciones monetarias sirvieron para mitigar riesgos en los últimos años, “ahora les preocupa a muchos que se hayan quedado sin opciones para tratar con el débil crecimiento actual y el riesgo de deflación”. 

Al mismo tiempo, Amato trata de poner en contexto los esfuerzos de las autoridades monetarias: “Los banqueros centrales no son magos. No pueden resolver de forma unilateral todos los desafíos económicos que afrontamos en todo el mundo”. El experto recuerda que, incluso aunque los gobiernos se pongan manos a la obra, pasará tiempo antes de que se recojan los frutos de las reformas: “Si los mercados continúan teniendo sólo a la Fed y a otros banqueros centrales para vigilar el rumbo político, con sus herramientas cada vez más limitadas para los problemas sin precedentes que afrontamos, no debería ser una sorpresa si resulta que la volatilidad ha llegado para quedarse”, concluye. 

“Se cree que unos tipos más bajos (incluso negativos) siempre son un estímulo, mientras que unos tipos más elevados siempre son restrictivos. Sin embargo, los riesgos pueden incrementarse exponencialmente cuanto más bajen los tipos y cuanto más tiempo permanezcan allí”, advierte Scott Mather, director de inversiones de PIMCO. El experto reflexiona que “parece que la política de tipos de interés negativos no ha tenido un impacto especial sobre el crecimiento o la inflación, o al incrementar las expectativas sobre el crecimiento futuro o la inflación”, sino que más bien, en su opinión, “parece que los mercados financieros cada vez ve estos movimientos experimentales como desesperados, y consecuentemente dañinos para la estabilidad económica y financiera”. 

Mather afirma que “como mínimo, la política de tipos negativos está contribuyendo a la volatilidad del mercado financiero en los últimos meses”. Es más, considera que la entrada en territorio negativo “es posiblemente uno de los mayores catalizadores detrás del endurecimiento de las condiciones financieras globales”. En concreto, cree que este tipo de políticas pueda ser responsable de “el ensanchamiento de las primas de riesgo del crédito y la renta variable, el incremento de la volatilidad y la reducción de la disponibilidad de crédito de un sistema bancario más estresado”. En último extremo, Mather cree que los tipos negativos “pueden actuar reduciendo las expectativas de inflación incrustadas en los activos financieros en vez de alentar a la anticipación del regreso de la inflación a su objetivo”. 

Los efectos anormales de políticas cada vez más acomodaticias se están volviendo cada vez más evidentes. Tal y como indica Tanguy Le Saout, responsable de renta fija europea de Pioneer Investments, después de que el BoJ actualizase su política monetaria, el 5 de febrero el yen volvió a apreciarse. En la zona euro, a pesar de los últimos mensajes del BCE el euro también recuperó una tendencia ascendente. “¿Por qué se fortalecieron las dos divisas cuando sus bancos centrales están señalizando tipos de interés más bajos? La explicación común es que todo tenía que ver con el dólar”, señala el experto de Pioneer. 

Le Saout recuerda a que, frente a los mensajes de la Fed y a la dirección que indica el último gráfico de proyecciones de los tipos de interés de los miembros del Comité Federal del Mercado Abierto (FOMC), “el mercado sólo está poniendo en precio una subida de tipos de la Fed en todo 2016”. 

La mayor fuente de preocupación está en la Fed

También se pronuncia sobre la política de la Fed Michael Hasenstab, director de inversiones global macro de Franklin Templeton investments: “La Fed ha señalizado un endurecimiento monetario muy gradual por delante: la media de expectativas del FOMC prevé cuatro subidas de tipos de 25 puntos básicos en 2016, y que los tipos de interés suban al 3,3% para finales de 2018”. Hasenstab comenta que este ritmo se basa en “la asunción de que, incluso aunque el mercado laboral alcance el pleno empleo, el ritmo del crecimiento económico debería seguir siendo moderado, y la inflación no alcanzará el objetivo del 2% antes del final de 2017”.

En opinión del experto, el problema reside en que, según los modelos empleados en Franklin Templeton, “la inflación superará las expectativas de la Fed a finales de 2016”. De materializarse esta previsión, Hasenstab cree que “podría desencadenar una respuesta monetaria más rápida, o elevar la preocupación de que la Fed vaya por detrás de la curva”, provocando en cualquiera de los dos escenarios una subida de los tipos del mercado. 

“El FOMC está usando la herramienta de los tipos de interés para dos propósitos (gestión del ciclo de negocio y estabilidad financiera) con la esperanza de que los requerimientos de ambos permanezcan (bien) alineados”, explica Nicolas Doisy, economista jefe de Amundi. Esto quiere decir, en su opinión, que “esta estrategia obliga a la Fed a intentar matar dos pájaros de un tiro y, por consiguiente, contravenir una regla elemental de la política económica: un objetivo, una herramienta”. 

El problema, según Doisy, es que a pesar de que se ha conseguido reducir el desempleo el consumo no está mejorando en EE.UU.. En concreto, el experto indica que “el crédito de consumo a las familias se ha debilitado mucho desde finales de 2015”. En este contexto, cree que “ahora la Fed debe dar en el blanco con el equilibrio adecuado entre dos objetivos posiblemente en conflicto entre sí”. 

 

 

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