¿Estamos a las puertas de una nueva recesión en EE.UU.?


Parece que 2015 será el año en el que la Reserva Federal (Fed) vuelva a subir sus tipos de interés, por primera vez desde hace nueve años. Tras la crisis de 2008-09, la economía estadounidense se ha recuperado, el empleo vuelve a situarse en niveles normales y el S&P 500 registra uno de los rallys más largos de los últimos tiempos. Sin embargo, el crecimiento no acaba de despegar y los débiles datos del primer trimestre volvieron a disparar las alarmas. Sobre todo porque, desde la segunda guerra mundial, el típico ciclo expansivo de Estados Unidos ha durado menos de cinco años y 2015 ya marca el sexto. ¿Toca ya una nueva recesión?

“Las estadísticas pueden resultar engañosas”, afirma Dario Perkins, de la firma británica de análisis Lombard Street Research. “Las recesiones ocurren por motivos concretos –un brusco endurecimiento de la política monetaria de la Fed, shocks externos, estallido de burbujas o desequilibrios macro, etc.– y no simplemente porque el ciclo expansivo cumpla X años. Aunque la economía de Estados Unidos ha sufrido varios shocks en los últimos meses, como la caída del precio del petróleo o la apreciación del dólar, no nos parecen lo suficientemente graves para provocar una auténtica recesión”.

No obstante, el economista advierte de que el menor crecimiento hacia el que tiende la economía mundial podría implicar contracciones del PIB más frecuentes, tanto en Estados Unidos como en otros países. “Los ciclos económicos de la década de los noventa y del 2000 fueron inusualmente largos. Aunque, obviamente, nadie quiere volver al entorno de volatilidad macro de los años setenta y ochenta, sí le vemos ciertas ventajas a que los ciclos económicos sean más cortos, porque así los desequilibrios macro tendrán menos tiempo para acumularse”, señala.

Perkins explica que la recesión de 2009 fue especialmente grave porque coincidió con un cambio del ciclo de crédito: “Los estudios demuestran que el ciclo de crédito sigue la misma pauta que el ciclo económico, pero con una amplitud y una duración de, al menos, el doble. Cuando se produce un cambio del ciclo de crédito, suele venir acompañado de una crisis financiera y de importantes pérdidas de productividad y de empleo”.

Sin embargo, si se produjese una recesión en los próximos dos años, el experto cree que sería relativamente suave, ya que el endeudamiento se ha reducido, el crédito en el sector privado sigue en niveles moderados y las instituciones financieras registran un grado de apalancamiento relativamente bajo. “El principal riesgo se refiere a los precios de los activos –y sobre todo, de las acciones– que han aumentado sustancialmente como respuesta al agresivo estímulo de los bancos 

centrales”, subraya Perkins.

“No obstante, aunque esta situación hace que las bolsas sean más vulnerables a posibles correcciones, los precios de la vivienda no han aumentado en exceso (sobre todo en comparación con el periodo 2005-06), por lo que las implicaciones para la economía mundial serían menos graves”.

Algo importante, teniendo en cuenta que a los bancos centrales no les queda mucha munición para enfrentarse a una nueva recesión. “Aunque aún tienen algo de margen para recortar los tipos de interés, incluso llevarlos a terreno negativo, podrían tener problemas si hiciese falta una respuesta más contundente, ya sea porque se muestren reticentes a nuevos programas de expansión cuantitativa o porque ese tipo de medidas podrían resultar menos efectivas que la primera vez”, concluye.

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