¿Está justificada la última corrección de las acciones chinas? Algunos matices sobre la interpretación de los últimos datos macro del país


La bolsa china volvió a vivir ayer otra jornada agitada, marcada por la promesa de más liquidez por parte de las autoridades chinas para tranquilizar a los inversores –especialmente a los minoristas-, así como por la fuerte volatilidad. El índice de la Bolsa de Shanghái comenzó la sesión con pérdidas cercanas al 5%, para recuperar a media jornada lo perdido y avanzar un 1%. Finalmente, cerró con una bajada del 1,7%; el índice Shenzen de acciones clase A, que presentó un patrón similar de comportamiento a lo largo de la sesión, terminó con pérdidas del 2,3%. El único gran indicador chino que aguantó la jornada en positivo fue el índice Hang Seng (el de la Bolsa de Hong Kong), con una subida del 0,62%. 

Según constata desde Pioneer Investments Monica Defend, estos altibajos no han sido fruto de una caída exorbitada de los volúmenes de negociación, teniendo en cuenta que parte de las medidas que adoptaron las autoridades chinas para controlar la financiación de los márgenes de los minoristas chinos habían contribuido a frenar la actividad en las últimas semanas: “A pesar de haber caído más de un tercio desde sus niveles más altos, la participación en los mercados de renta variable doméstica sigue siendo alta, Sin embargo, los inversores están en apuros para mantener sus posiciones si el gobierno chino no puede contener la volatilidad del mercado”, observa. 

Defend, responsable global de asignación de activos de Pioneer, interpreta esta última corrección como la reacción a la publicación el pasado viernes de un PMI más débil de lo esperado en julio (48,2 puntos frente a los 49,7 previstos). No obstante, la experta afirma que “desde una perspectiva macro, deberíamos no prestar mucha atención a las noticias de los flujos negativos”, porque, según indica, “la encuesta de mercado para China tiene varias limitaciones, cubre una muestra pequeña de compañías industriales (420 frente a 5.000 para calcular el PMI de la eurozona) y está sesgado para compañías pequeñas, lo que no puede ser muy representativo del sector industrial chino, que incluye más de 360.000 compañías manufactureras”. “Este sector se encuentra bajo presión por la caída de las exportaciones, pero pensamos que podría haber tocado el suelo ya que esperamos que la economía global se recupere en el segundo semestre de 2015. Además, el sector manufacturero que es un tercio de la economía china; la propiedad, la infraestructura y los sectores de servicio contribuyen al resto”, concluye Defend.

Así, una vez expuesto este análisis, la experta indica que desde Pioneer van a seguir positivos en el país, aunque sí esperan que continúe la volatilidad en los próximos meses. “La oportunidad continua en el mercado de renta variable offshore de Hong Kong (valores clase H), donde las compañías de buena calidad están cotizando con un 50% de descuento respecto del mercado doméstico (onshore, valores clase A)”, concreta la directora de asignación de activos. Ésta indica que la firma mantiene asimismo una visión positiva sobre los beneficios empresariales de algunos sectores del universo clase H de cara a 2016 como los bancos, telecomunicaciones y tecnología. Además, siguen monitorizando tanto las iniciativas de reforma del gobierno como la inclusión del renmimbi chino en la cesta de divisas con derechos especiales de giro del FMI, que anticipan para fin de año.

¿Una corrección necesaria?

La postura de David Lafferty, estratega jefe de mercados de Natixis Global AM, es diametralmente distinta a la de Pioneer al afirmar que “la reciente volatilidad en el mercado bursátil de China está mayoritariamente desvinculada del entorno económico actual del país”. El estratega asegura que “si bien las expectativas para el PIB chino han caído hacia el 6% (a partir de un 7%), la Bolsa de Shanghái había subido un 150% en su reciente escalada del año pasado”, por lo que considera que “la caída de más de 30% en Shanghái durante tres semanas constituyó un ajuste necesario para un mercado donde las expectativas –y valoraciones– ya se habían vuelto claramente elevadas”.  

Así, para Lafferty las espectaculares caídas vistas desde mediados de julio en el mercado de acciones clase A “fueron simplemente un reflejo del panorama de mercados de beta sumamente elevados que son impulsados por inversores individuales muy marginados en China”. Añade que “el mercado de Hong Kong, donde operan la mayoría de los inversores globales, reflejó dicha actividad de manera direccional, pero tanto las ganancias como las pérdidas representaron solamente una fracción de los mercados de Shanghái y Shenzhen”. Por ello, el experto concluye que “los temores del mercado se contuvieron mayormente dentro de China, por lo que el drama representó poco más que ruido a corto plazo para los inversores globales”.

Para el estratega, aunque el repunte de la volatilidad haya acaparado los titulares, “encubre un problema mayor de deuda”. Lafferty comenta que “la condición de la economía china, planeada de forma centralizada, implica que el capital puede ser limitado y divergido”. “Las tasas de crecimiento pueden conservarse simplemente con dirigir el capital hacia más infraestructura y proyectos para inversión de capital… al menos por un tiempo. Sin embargo, el rally de gasto de China ha sido apoyado por un aumento masivo en los niveles generales de la deuda: en sus bancos, en instituciones de crédito no bancarias (también conocidas como “banca a la sombra”), y en la deuda de las provincias”, profundiza el experto. Éste compara la evolución del endeudamiento público en China con la situación que está viviendo Grecia: “Como hemos podido ver recientemente en el caso de Grecia, y en innumerables casos anteriores, la hora de un ajuste de cuentas llega eventualmente para todo aquel que tenga niveles de deuda insostenibles. Los inversores con un horizonte mayor deben estar preparados para una mayor volatilidad”, concluye.

El tercer argumento al que han recurrido los expertos para explicar el último resbalón del parqué chino ha sido uno que lleva repitiéndose mucho en el último año y medio, la transformación del modelo económico del país desde las exportaciones a las importaciones y el valor añadido, tomando como referencia en muchos aspectos a EE.UU. “Con esta transición, siempre fue claro que el momento del crecimiento de China sería inferior en los próximos años y estaría sobre una base más saludable. Pero las últimas lecturas económicas, débiles, muestran que China, la mayor locomotora global de crecimiento de los últimos años y el mayor importador de materias primas, ahora está gripada” observa Janwillem Acket, economista jefe de Julius Baer.

Ante el mal PMI del julio, y la publicación de la tasa de crecimiento interanual del segundo trimestre, del 7%, Acket no encuentra sorprendentes las caídas de los últimos días. “El Banco Popular de China se ha dado cuenta ahora de su error de política, específicamente de que sus recientes estímulos monetarios llegaron demasiado tarde y fueron demasiado cautos”, denuncia el experto, que sentencia que “al otro lado del Pacífico, los últimos acontecimientos deberían poner a la Reserva Federal sobre aviso, para no subir los tipos demasiado pronto”. 

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