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Espuma


Lamentablemente, el conocimiento del fenómeno no ha generado mecanismos para inhibirlo, y esto nos queda claro cuando vemos que los bancos centrales de los países desarrollados que han usado ampliamente la inyección de dinero para dar frente a la crisis financiera del 2008, tienen que lidiar con el hecho de que no siempre los recursos fluyen hacia los rincones de la economía donde uno quisiera que llegarán, y mucho menos causan el impacto esperado en los niveles de inflación y desempleo.

El programa QE (Quantitative Easing por sus siglas en inglés) de la Reserva Federal (FED) ha estimulado un alza importante en el precio de activos financieros, materias primas y monedas a nivel global, pero ha tenido un éxito muy discutible promocionando la inversión directa en negocios que generen empleo. Adicionalmente, el efecto en el incremento de riqueza causado por el alza de precios de los activos financieros, no se ha traducido en un importante aumento en el consumo porque los dueños de esos activos son los sectores más ricos de la población que no necesariamente gastan más por ser más ricos.

Dado pues que el QE es una medicina de beneficios discretos y de desconocidos efectos colaterales, la FED sobre la base de algunos resultados positivos, comenzó desde mayo del 2013 a hacer el ejercicio de preparar un plan de desmontaje de dicho programa que ha creado en el corto plazo la desazón de todos aquellos que esperaban una extensión de status quo de por lo menos un par de años más.

El desmontaje preventivo de estrategias especulativas montadas sobre la base de dinero barato ha producido efectos variados tales como un aumento del rendimiento de los treasuries, la devaluación de las monedas locales de la India y Turquía, la revisión a la baja de la tasa de crecimiento esperada de la economía del Perú, por citar algunos ejemplos.

Muchos se preguntan si tales disrupciones en la economía mundial antes que conducir a la eliminación del QE no podrían inducir el efecto contrario que es el de la extensión del mismo por una recaída del paciente. ¿Por qué incurrir en tal riesgo de retroceso cuando los resultados positivos son tan exiguos? La respuesta viene dada la imperiosa necesidad de no incubar la nueva burbuja financiera.

Los bancos centrales de EE.UU, Inglaterra y Japón ven con preocupación los efectos colaterales no deseados del dinero barato y entienden que son prisioneros de su experimento macroeconómico. La gran pregunta que nos hacemos todos es si un retiro próximo con costos que ya empezaron a pagar los inversionistas es más barato que diferir el final del QE tratando de buscar un mejor momento de salida que tal vez de nunca suceda.

En el corto plazo, la banca de inversión norteamericana revisa sus proyecciones del futuro próximo ubicando el rendimiento de los treasuries a 10 años en niveles de 3,1% al cierre del 2013 y de 3,75% para el comienzo del cuarto trimestre del 2014. La FED podría escoger eliminar la espuma en formación evitando cualquier burbuja en el horizonte.

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