Es hora de empezar a pensar en protegerse de la inflación


En el entorno actual muy pocos inversores están pensando en la inflación. A día de hoy, los precios se mantienen en niveles históricamente bajos, por debajo de los objetivos de los bancos centrales y en una corriente descendente en la mayoría de las economías desarrolladas. Una tendencia que se ha visto incluso reforzada por la reciente caída de los precios del petróleo. Pero los precios del crudo no se va a mantener eternamente a la baja, en algún momento cambiará esta tendencia y también la de la inflación. De hecho, es bastante sorprendente observar las expectativas de inflación a cinco años cayendo en paralelo con los precios de la energía... Además, el impacto total neto de una energía a precios más bajos será inflacionario, ya que impulsará el crecimiento global. Asimismo, algunas de las condiciones que hacen aumentar las preocupaciones sobre la inflación ya están comenzando a surgir, como es el gran incremento de la deuda pública en los balances de los bancos centrales, la mejora de las condiciones macroeconómicas de EEUU o una perspectiva global que mejora.

Así, aunque no creo que veamos unas tasas de inflación demasiado altas (sí serán más elevadas que las actuales), las preocupaciones sobre la inflación tarde o temprano se plasmarán en los mercados. Por este motivo, y dado que ahora pocos inversores ven la subida de los precios como un posible riesgo, es el momento de tomar posiciones frente a un potencial repunte de la misma, ya que ahora el coste de dicha cobertura puede ser menor. En este sentido, las materias primas y los activos reales pueden ser una solución, pero funcionan mejor en un entorno de hiperinflación. 

Sin embargo, el oro (en un contexto en el que probablemente los tipos nominales aumentarán menos que la inflación) sí puede beneficiarse de un tipos reales más bajos. Además, en el contexto actual, el oro se ha visto respaldado por los bajos tipos de interés reales y las turbulencias en los mercados de la deuda. Y también se ha visto beneficiado por la caída de los precios del petróleo, ya que los fundamentales se han deteriorado en algunos sectores como el energético de alto rendimiento o en mercados como Rusia o Brasil, que como exportadores de crudo han visto descender sus ingresos y aumentar el riesgo de impago de su deuda, un factor que suele ser positivo para el oro. Por si estos motivos no fueran suficientes, la inversión en oro también aporta diversificación a una cartera equilibrada, algo que no se consigue solo mediante la exposición a  bonos y acciones.

Otra opción para protegerse con el alza de los precios son los bonos ligados a la inflación de Estados Unidos, los denominados TIPS, que ofrecen una mejor resistencia que los bonos clásicos al repunte de los precios y también a los tipos de interés, aunque tampoco son una garantía de rentabilidad. Por supuesto, entre las posibilidades que tenemos también figura la renta variable, que históricamente ha demostrado ser una buena protección para  preservar el poder adquisitivo en entornos de alta inflación y bajos tipos de interés. Creemos que las valoraciones de la renta variable pueden comenzar a sufrir una vez que los tipos del Banco Central Europeo alcancen el 1% y puede suceder también si la Reserva Federal incrementa sus tipos de interés por encima del 2,5% ó 3%, lo cual no creo que sea realmente inminente... Así, la renta variable podría ser la mejor clase de activos si las preocupaciones de inflación vuelven y la Fed les resta importancia. 

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