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¿Es Colombia el nuevo Brasil? Claudia Calich predice una rebaja de rating


Claudia Calich, gestora y experta en deuda emergente de M&G Investments, ha realizado recientemente un viaje por Latinoamérica que le ha permitido obtener nuevas perspectivas sobre parte de su universo de inversión, de las que no se consiguen estando delante de una pantalla de Bloomberg. La experta cuenta una anécdota: “Era gracioso (pero no sorprendente) oír a los colombianos preocupándose por el hecho de que Colombia vaya a convertirse en el siguiente Brasil. En cambio, a los brasileños les preocupa convertirse en Argentina (aunque pienso que los problemas argentinos son mucho más resolubles en el corto plazo que los de Brasil), y los argentinos creen que están muy lejos de la situación en Venezuela (cierto, pero si suman otros cuatro años de inacción política, irán también por esa ruta)”. La experta comenta que esta situación le recuerda a la vivida en Europa, con los países de la periferia explicando lo que les diferenciaba de Grecia. 

A continuación, Calich centra su análisis en la situación actual de la deuda colombiana. Parte de un hecho diferencial: “El punto de partida de Colombia es mucho más sano que el de Brasil en términos de niveles de endeudamiento, posición fiscal y entorno político”. Sin embargo, también detecta una serie de puntos en común que cree que deben ser corregidos para evitar que el país se quede atascado en una posición países. Se refiere a la presencia de desafíos fiscales y el escaso margen de maniobra para elevar impuestos: “Se necesitará que cualquier mejora fiscal se produzca a través del recorte de gastos en temas políticamente sensibles, al haberse reducido ya a niveles mínimos el gasto discrecional y en infraestructuras”. 

Según cálculos de la experta, el país necesita generar el equivalente a entre un 1% y un 2% de su PIB para compensar la caída de ingresos derivada del desplome del petróleo. Además, indica que se necesita aprobar un conjunto de reformas fiscales de gran calado a mediados del año que viene, antes de que empiece la siguiente campaña electoral. Otro sector que necesita una reforma urgente es el de la seguridad social. 

Calich considera que sería de ayuda para Colombia un repunte del crecimiento en el medio plazo, pero insiste en la presencia de una serie de factores negativos en el corto plazo: presiones inflacionarias en el lado de la oferta, caída del comercio y del precio del petróleo, la debilidad de la divisa y la posibilidad de que aumenten los impuestos. Además, cree que, aunque positivo, no sería suficiente para compensar estos factores negativos la aportación al PIB del proceso de paz entre el gobierno colombiano y las FARC, que cuantifica entre el 0,3% y el 0,5% en el largo plazo. 

En base a todos estos factores, Calich declara sentirse más preocupada que el FMI por las perspectivas de Colombia: “Veo riesgos bajistas sobre el crecimiento procedente de la caída del consumo, al bajar el poder adquisitivo en los próximos uno o dos años. También me preocupa la naturaleza estructural del déficit por cuenta corriente de Colombia, que incluso tras una gran depreciación del peso se espera que ronde el 4% del PIB”, afirma. 

La gestora añade en referencia al comercio exterior del país que las exportaciones no tradicionales de Colombia tienen un alto porcentaje de contenido importado y elevados costes de transporte, “por lo que la depreciación de la divisa ayudará a revivir las exportaciones en mucho menos de lo esperado”, amén de que siguen retrocediendo las exportaciones a los dos principales socios comerciales del país, Ecuador y Venezuela. 

Por todos estos factores, Calich asevera que “la mayor parte del ajuste necesitará venir como resultado de menores importaciones”. Además, teniendo en cuenta que sólo un 50% del déficit por cuenta corriente está financiado por inversión extranjera directa, “probablemente el resto necesitará ser financiado con deuda soberana”, por lo que infiere que se incrementará el apalancamiento del país. En base a toda esta situación, el pronóstico de la experta es claro: las agencias de rating previsiblemente van a poner en perspectiva negativa la calificación crediticia de Colombia, y podrían rebajar su nota hasta BBB- si la reforma fiscal no cumple sus expectativas y las concesiones a proyectos de infraestructuras son menores de lo previsto. 

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