¿En manos de quién está la deuda griega?


Grecia vuelve a la palestra mediática. Tras un par de meses en el que las turbulencias en China y la política monetaria de la Fed han eclipsado el drama griego –algo diluido desde que el primer gobierno de Alexis Tsipras aceptase finalmente el tercer plan de rescate– el país mediterráneo vuelve a centrar la atención de los medios. Las elecciones celebradas ayer domingo -que han vuelto a dar la victoria a Tsipras por una amplia mayoría (35,5% de los votos frente al 28,1% de Nueva Democracia- abren un nuevo escenario político cuyo principal objetivo debería ser garantizar la estabilidad del país, cumplir con las condiciones acordadas con los socios europeos e impulsar, cuanto antes, la vuelta al crecimiento.

“Desde 2009, Grecia ha vivido siete años de crisis, nueve planes de austeridad, cuatro gobiernos, tres planes de rescate y tres programas de reducción de deuda”, señala Philippe Ithurbide, responsable global de análisis y estrategia de Amundi. Y pese a las extensas negociaciones mantenidas durante ese tiempo entre el país y sus acreedores sobre las reformas estructurales necesarias, la recapitalización de los bancos helenos y el pago de la deuda pública y privada, Ithurbide subraya que “la solvencia de Grecia es un problema muy real y es poco probable que la situación mejore sin ayuda exterior”.

Sin embargo, el experto considera que existe mucha confusión sobre este asunto, empezando por cuestiones básicas como cuánto dinero debe Grecia, y a quién, y si finalmente el país se beneficiará de una quita. Como puede verse en los gráficos (procedentes del informe Cross-Asset de septiembre de Amundi), la deuda griega asciende actualmente a 321.000 millones de euros, repartida entre diversos acreedores públicos y privados, aunque los primeros –el Mecanismo Europeo de Estabilidad Financiera, el FMI, el BCE y el resto de países de la eurozona– concentran el 80% de los préstamos.

Con respecto a estos préstamos, Ithurbide destaca las ventajosas condiciones negociadas en 2012, por las que el país disfruta de unos tipos de interés muy inferiores a los de mercado, unos vencimientos a más de 30 años y una moratoria de diez años en el pago de los intereses sobre los préstamos bilaterales y del MEEF.

¿Habrá quita?

Pese a que Grecia se benefició en 2012 de una de las mayores reducciones de deuda del mundo, por una cantidad cercana a los 100.000 millones de euros, la deuda pública alcanza actualmente el 180% del PIB, agravada por la contracción del 37% que sufrió el PIB griego entre 2008 y 2014, según datos de Eurostat.

Ante esta situación, es inevitable preguntarse si la deuda griega es realmente sostenible. “Pese a que, gracias a las ventajosas condiciones de los préstamos, la carga de la deuda al empezar el año representaba menos de un 3% del PIB –comparada con un 5% en Portugal, algo más de un 4,5% en Italia, un 4% en Irlanda, un 2,2% en Francia o un 1,9% en Alemania– Grecia se enfrenta a una montaña de pagos que ascienden a cerca de 38.000 millones de euros solo en 2015”, explica Ithurbide.

“Según las estimaciones del FMI de 2014, para que Grecia pudiese alcanzar una ratio de deuda sobre PIB del 120% en 2022, necesitaría generar un superávit primario del 3% en 2015 y del 4% en los años siguientes. Además, las exportaciones tendrían que crecer un 4% al año y la inversión tendría que aumentar del 10% al 14% en los tres próximos años y un 7% después. La combinación de estos factores se traduciría en un crecimiento cercano al 3,5% en 2019 y del 2% después, pero es un escenario bastante lejano”.

Por eso, el experto cree que la cuestión de la reducción de la deuda volverá a estar sobre la mesa a principios de 2016, aunque solo “si la primera revisión del cumplimiento de las condiciones del rescate es positiva”. Eso sí, “la negociación se centrará en los tipos de interés, la ampliación de vencimientos o nuevas moratorias sobre el pago de intereses”, pero no habrá quita porque “los tratados prohíben la quiebra y las quitas dentro de la eurozona, que se considerarían un tipo de financiación entre los Estados miembro”, por lo que “es inevitable que vuelvan a surgir las tensiones entre Grecia y sus acreedores”, concluye.

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