En el nombre del inversor


En el mundo de la operativa con fondos siempre ha existo una máxima: menos es más. La eficiencia se mide en obtener el máximo rendimiento con el mínimo esfuerzo. Este mínimo esfuerzo consiste en operar de forma agregada y con estructuras cuanto más ómnibus, mejor. En esa dirección han trabajado todos los directores de operaciones de cualquier entidad con cierta escala. Todo esto está bajo seria amenaza con la nueva regulación. La redefinición comercial tras Mifid, la trazabilidad operativa y la identificación del inversor en toda la cadena pasa a ser primordial. Es el daño colateral creado por la inflación regulatoria, uno de los más obvios costes directos de los que la gente habla en nuestra industria. El efecto de una preocupación regulatoria que lejos de quedar totalmente resuelta, generará problemas nuevos. Es una amenaza que en proveedores como nosotros se convierte en una ventaja fundamental, un aliado inesperado en tiempos de incertidumbre, un ladrillo más construyendo el caso de la externalización.

La trazabilidad de la inversión y la correcta identificación del mismo es una constante en la nueva regulación, un esfuerzo adicional que las entidades quieren dar de la mano de un especialista, un viaje que puedes hacer en avioneta pero es mejor comprar tres billetes en Business en una gran aerolínea, por coste, rapidez y servicio. La aplicación de distintos modelos de negocio y distribución de fondos ya solo se puede llevar a cabo con una exhaustiva separación de modelos, con una verdadera segregación a todos los niveles del origen y tratamiento de los inversores. Por una vez, podemos decir que la regulación no es tan mala o al menos no lo es para parte de la industria: el outsourcing cobra cada vez más sentido. Desde aquí consideramos que se trata de una grandísima oportunidad para nosotros y estamos encantados de acompañar a nuestros clientes en este viaje.

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