Elecciones griegas: analizando todos los posibles escenarios


En el antiguo teatro griego, la tragedia tenía lugar cuando el protagonista caía en desgracia por una combinación de fracasos personales y circunstancias adversas. A día de hoy, dos tipos de circunstancias (la caída de la inflación general de la eurozona en territorio negativo y las próximas elecciones en Grecia) supondrán un reto para el país en el corto plazo, aunque el riesgo de que se produzca una catástrofe sigue siendo bajo. Las elecciones de este domingo en Grecia han generado mucha incertidumbre a corto plazo. En primer lugar, el complejo sistema electoral griego, en el cual los votos de los partidos que obtienen menos del 3% del total escrutado son descontados y pasan a los partidos que han superado el umbral mínimo, y en el que el partido más votado recibe 50 escaños extra, hace que el resultado sea difícil de vislumbrar.

Los sondeos han anunciado consistentemente una victoria de Syriza frente a Nueva Democracia (ND), líder principal en el actual gobierno. Pero todavía está por ver si Syriza logra obtener votos suficientes (cerca del 40% del total) para conseguir la mayoría absoluta o una mayoría algo menor (36% del total), pero que le permita gobernar en coalición con un partido o partidos más centristas. Teniendo en cuenta el gran número de indecisos (entre un 7 y un 16%, según los sondeos de opinión), la participación de un nuevo partido lanzado por el anterior primer ministro Papandreu y la táctica de ND de mostrar las elecciones como un referéndum sobre la pertenencia a la unión monetaria (lo que la mayoría de los griegos sigue respaldando), también es posible que ND gane las elecciones, aunque es un escenario menos probable. Los comicios también podrían acabar con un resultado más incierto en el que ni Syriza ni ND sean capaces de formar una coalición estable, dando lugar a la convocatoria de nuevas elecciones en el corto plazo.

Inevitablemente, las dudas sobre el resultado de las elecciones se traducen en dudas sobre las negociaciones post-electorales con la Troika. Tanto Syriza como varios legisladores europeos han afirmado su intención de que Grecia permanezca dentro de la unión monetaria, pero sus posiciones subyacentes están muy distantes unas de otras. Con un ojo puesto en los partidos anti-austeridad que están obteniendo buenos resultados en las encuestas en otros países de la eurozona, la Troika se mantiene firme en su decisión de que Grecia necesita poner en marcha mayores reformas estructurales y mantener un elevado superávit presupuestario primario. Por el contrario, Syriza apuesta por la reestructuración de la deuda, el abandono de los objetivos de superávit presupuestario primario anteriormente acordados y la vuelta atrás en algunas medidas de austeridad, aunque está claramente a favor de la permanencia dentro de la moneda única.

A pesar de estas diferencias, el resultado más probable parece ser una solución de compromiso, incluso en el caso de que Syriza obtenga la mayoría absoluta. Esta podría dar lugar a la aprobación de algunas concesiones en cuanto a las medidas de austeridad, el esquema de pago o el timing de las reformas estructurales, pero dentro del marco general de los actuales acuerdos del rescate. A pesar de que su economía se está estabilizando y avanzando hacia el superávit primario, Grecia sigue dependiendo de la financiación de la Troika. UBS calcula que las necesidades de préstamos de Grecia este año, en torno a 16.000-17.000 millones de euros, pueden ser cubiertas ampliamente por la Troika, si se volviese a poner en marcha el programa. Si no,Grecia necesitará o bien obtener la aprobación de la Troika para gastar los 11.000 millones de euros que quedan en el Fondo de Estabilidad Financiero Griego o tendrá que acudir a los mercados para financiarse. Ninguna de las dos alternativas parece interesante en el caso de que se produzca una ruptura con laTroika.

Además, los bancos griegos siguen dependiendo en cerca de 44.000 millones de euros de la financiación del BCE y su seguridad podría verse cuestionada si no se consiguiese llegar a un acuerdo. En cuanto a la Troika, a pesar de las últimas declaraciones de algunos políticos europeos acerca de que la Eurozona es ahora más resistente a una potencial salida de Grecia que lo que lo era en 2012, no hay ninguna intención de que esto llegue a materializarse.

Incluso aunque, como esperamos, se resuelvan las incertidumbres a corto plazo y el nuevo gobierno firme un acuerdo de rescate con alguna modificación, esto no garantiza una relación a largo plazo sin altibajos entre la Troika y Grecia.

Después de todo, el partido de centro derecha ND ha tenido dificultades para implementar medidas de austeridad y reformas estructurales de las que estaba ideológicamente más cerca de lo que Syriza podría estar nunca. Por su parte, si Syriza fracasa en su intento de poner en práctica de forma adecuada el programa revisado, cabría esperar ciertas controversias y retrasos en los pagos de la Troika y, potencialmente, la caída del gobierno, lo que llevaría a la convocatoria de nuevas elecciones. Por otro lado, el crecimiento económico debería proporcionar a Grecia un escenario más favorable que el de los últimos años. Dejando a un lado cualquier efecto económico negativo a largo plazo resultante de las incertidumbres electorales, anticipamos un crecimiento del PIB del 2,5% para este año y para los próximos.

La fecha de las elecciones es poco oportuna para el BCE. Como es bien sabido, su próximo anuncio sobre tipos de interés está previsto para este jueves, tres días antes de las elecciones en Grecia. A pesar de que en un mundo ideal Mario Draghi hubiese preferido esperar hasta que las incertidumbres se hubiesen disipado antes de hacer ningún nuevo anuncio sobre su política monetaria, es poco probable que lo haga. Esto se debe en parte a que no se espera otra reunión del BCE hasta el 5 de marzo, momento en el cual es probable que la eurozona ya haya publicado varios datos de inflación general negativos seguidos.También refleja las expectativas del mercado acerca de que el Banco Central se embarcará en el corto plazo en un programa de flexibilización cuantitativa (QE) a través de la compra de bonos soberanos.

No obstante, dada la cercanía de las elecciones griegas, por no mencionar la complejidad y el carácter polémico de cualquier QE, es bastante probable que el BCE anuncie un primer paso este mes y que haga públicos los detalles más adelante. Por otro lado, es posible que se produzca una reacción negativa en el mercado si se hacen patentes discrepancias manifiestas dentro del seno de la entidad, si el anuncio es muy incompleto, o si la cantidad anunciada para el QE es muy inferior a la que espera el mercado (500.000 millones de euros). Sin lugar a dudas, Mario Draghi es consciente de estos riesgos e intentará por todos los medios mitigarlos.

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