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El valor de entrada es fundamental para cualquier clase de activo


¿Por qué comprar crecimiento global, rendimiento y flujo de efectivo en renta variable de mercados emergentes cuando las compañías de gran capitalización europeas ofrecen lo mismo y más a valoraciones excepcionalmente bajas? Hay muchas razones por las que Europa inquieta a los inversores. La situación política, la crisis soberana y las cifras macro ofrecen poco optimismo. Sin embargo, el enfoque de inversión en el crecimiento del PIB -o la falta de crecimiento- no tiene nada que ver con el rendimiento del mercado bursátil, ni con las condiciones de las acciones individuales que cotizan en Europa. Si el PIB por si solo fuera un buen indicador, la renta variable china habría tenido un rendimiento mucho mejor que el reciente. Los titulares sobre Europa son alarmantes, pero siempre representan las mejores oportunidades.

Los blue chips europeos operan en mercados internacionales con fuentes de ingreso globales, lo que les protege contra las bajas ventas en Europa. El hecho de que una compañía cotice en Europa no significa que sea menos global. Muchas acciones de mercados emergentes y de Estados Unidos también son globales, pero parecen cada vez más caras. La renta variable europea es igual de buena, solo que más barata.

Los mercados emergentes tienen una perspectiva macro aparentemente espectacular, pero podría haber problemas más adelante. En ese caso, la renta variable de mercados emergentes parece sobrevalorada y no tiene en cuenta el riesgo. Del mismo modo, los Estados Unidos han sido una opción segura para muchos inversores. Los inversores que aumentan su exposición en estos mercados pagan un sobreprecio muy alto, y el S&P 500 también parece sobrevalorado.

Queda Europa. En las próximas décadas es posible que veamos a Europa ofrecer bajo crecimiento. Ese crecimiento podría no ser dinámico, pero será relativamente estable. Anticipamos menos cambios drásticos en el sentimiento y flujos de salida que los que suelen golpear los mercados emergentes. Los inversores que compran renta variable europea también compran a una valoración mucho más baja que la de las acciones estadounidenses. El valor de entrada es fundamental para cualquier activo.

De todos modos, la creencia difundida de que estamos en el medio de una crisis puramente europea es errada. Europa es el epicentro en este momento. El foco podría fácilmente cambiar a Estados Unidos o a otras partes del mundo. Las políticas de los bancos centrales y las bajas tasas de interés en todo el mundo simplemente refuerzan el argumento a favor de la renta variable europea. Los bonos corporativos con calificación A rinden un 2%, y los de calificación BBB un 3%. Actualmente, podemos comprar renta variable de las mismas compañías y obtener un rendimiento del 4-5%. En un mundo ansioso de ingresos, los números hacen sentido.

El rendimiento es una cosa; asegurar que las compañías puedan generar suficiente dinero para pagar los cupones o dividendos es algo totalmente distinto. Nuestro principal objetivo es buscar flujo de efectivo infravalorado. Como métrica, el flujo de efectivo confiable ha sido eclipsado por el crecimiento corporativo en los últimos años. Creemos que el impulso de las ganancias por acción (EPS) y las ganancias trimestrales se han convertido en una “enfermedad” que ha dejado de lado el flujo de efectivo. Esa situación está cambiando a medida que los inversores se dan cuenta del beneficio de no orientarse ni al valor ni al crecimiento, sino simplemente al flujo de efectivo y al crecimiento del flujo de efectivo.

En este momento, nuestra cartera de acciones no refleja los problemas de Europa, sino la solidez y los flujos de efectivo de las mejores compañías europeas de la economía mundial. Las acciones de los mercados emergentes y de Estados Unidos son parte del mismo juego global, pero ninguna de ellas ofrece las atractivas valoraciones que ofrecen actualmente las firmas europeas.

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