El pudor


En esta profesión somos pudorosos. Cada vez que alguien habla de la banca privada, de los mercados financieros o de los fondos de inversión, lamentablemente, de cara al neófito todo eso tiene connotaciones, connotaciones en muchos casos negativas. Cuando hay cualquier caso de ruido mediático, enseguida pagan justos por pecadores y quien tiene una sicav pasa a potencial defraudador, quien invierte en un fondo en Luxemburgo, da igual su condición, es un rico-apestoso-especulador y quien tiene una cuenta fuera de España pasa a ser un antipatriota-evasor.

Las hienas mediáticas se abalanzan sobre la presa sin preguntar, sin preguntar el origen o condición, metiendo a todo el mundo en el mismo saco. De nada sirve que se de la sensación de haber estudiado la materia superficialmente porque poco importa, el daño está hecho y el nombre manchado con tan solo abrir la boca. El pin-pan-pun es constante y parece que todo vale. Pero, lo que es peor, desde este lado de la industria tenemos pocas ganas de defender nada, como si la infamia pudiera con los hechos, como si no supiéramos que quien tiene  una sicav tributa como el que más o que tener inversiones en fondos es tan honorable como tener casas en La Manga.

Y yo siempre pienso lo mismo: si yo sé de esto (porque trabajo en ello) y lo que se dice está lejos de la realidad, ¿cuántas otras cosas inexactas me habré tragado de temas que ni conozco? No nos creamos todo lo que dicen a pies juntillas y no dudemos en retar a quienes cuentan con el viento de cola en cosas que son de nuestra competencia. No pensemos que por quedarnos callados y esperar a que el viento amaine se resuelven todos los problemas. Es importante estar al quite. 

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