El precio es lo que pagas, el valor es lo que obtienes


Aprovecho la frase del célebre y maestro de la inversión Warren Buffett para hablar sobre riesgos que afectan muy directamente a las inversiones y, que en ocasiones, los inversores minoristas o no profesionales no suelen tener en cuenta: riesgo político y las burbujas. Y ahí estamos nosotros, compañeros, para hacer ver al cliente distintas situaciones que por él mismo sean difícilmente identificables, aumentando nuestra credibilidad y confianza como profesionales.  

Los españoles estamos asistiendo ante uno de los años con mayor movimiento electoral desde la que comenzó la democracia. Sin ir más lejos, nos encontramos en plena campaña. on momentos de promesas políticas cuya finalidad es la de hacerse con el voto indeciso. Lástima que, en la mayoría de los casos, sólo sean promesas y no realidades. De consumarse todas ellas obtendríamos una mejora de nuestro riesgo político que afectaría positivamente a otros riesgos importantes en las inversiones, por ejemplo el riesgo país. Cuanto menor sea nuestro riesgo político mayor será nuestra capacidad para atraer nuevas inversiones, especialmente las extranjeras, lo que conllevaría a una mejora del PIB y crecimiento de la economía.

El exceso de liquidez crea burbujas. Con las QE se está dotando a la economía de gran liquidez que hasta la fecha aún no ha llegado, en su totalidad, a la economía real -empresas y familias-. En mi opinión, y lejos de lamentar que esta enorme liquidez aún no haya llegado a las empresas y familias, doy las gracias por ello, de no ser así, conllevaría un incremento sustancial de la inflación que no sería macroeconómicamente favorable en la situación que nos encontramos, si queremos seguir manteniendo los tipos interés próximos a cero, y con ello las políticas de estímulo del todopoderoso BCE.

Dicho esto, me atrevería a señalar el mercado de bonos corporativos como un posible ejemplo de burbuja en la actualidad. Los inversores apenas están siendo compensados por el enorme riesgo asumido. No debemos olvidar que en el año 2007 un certificado de depósito a tres meses rendía más que los bonos basura de hoy. Algún día toda esa deuda vencerá y me gustaría poder decir con rotundidad que será atendida sin problemas, pero no estaría siendo del todo justo. Lo cierto es que existen más de 500.000 millones de dólares con vencimientos 2018–2020, que de no ser atendidos existirán serias dificultades para refinanciarlos y crearían un serio problema para los inversores a la hora de recuperar su dinero.

No debemos permitir que nuestros clientes se dejen llevar por los cantos de sirena de inversiones con enorme riesgo y rendimientos cuanto menos sospechosos, aunque hoy parezcan atractivos. Debemos hacerles reflexionar sobre el valor que tienen hoy sus inversiones y si éste irá aumentando con el paso de los años. Sé que son tiempos difíciles para nuestro gremio, con la confianza muy dañada, por lo que deberemos sentirnos propietarios de cada euro que invertimos en nombre del cliente y asesorarle en base al valor y no al precio.

Busquemos empresas cuyo sector sea fácil de entender, con beneficios recurrentes y, para mí lo más importante, con correlación positiva a la inflación. Instruyamos y hagamos ver a nuestros clientes que sin inflación la economía fracasará. Deberemos asesorar pensando en que, por el bien de todos, habrá inflación y no en cantos de sirena o modas de mercado. Si conseguimos que nuestro cliente lo entienda estaremos yendo por buen camino.

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