El porqué de la devaluación record del renmimbi y sus consecuencias para China y el resto de activos


China sigue acaparando titulares. Ayer, el gigante asiático dio otra vuelta de tuerca a la guerra de divisas al permitir el Banco Popular de China que el renmimbi se depreciara un 1,9%, lo que supone su mayor retroceso en una sesión desde 1994. En concreto, la divisa retrocedió hasta los 6,3231 dólares por renmimbi en la cotización de Shanghai (en la sesión offshore de Hong Kong cayó un 2,6% hasta los 6,379 dólares, según datos de Bloomberg), frente al rango de 6,2298 renmimbis fijado previamente. El banco central también comunicó que a partir de ahora se tendrá en cuenta la última cotización de la divisa en la sesión anterior para el cálculo del rango intradiario. Esta medida llega después de que el fin de semana se publicara un pésimo dato de exportaciones, que retrocedieron un 8,3% en julio. 

Esta caída, anunciada en la mañana del martes antes de la apertura de la sesión en los mercados desarrollados, fue digerida negativamente por el resto de divisas asiáticas, que cayeron en bloque. El dólar de Singapur el más afectado, con un retroceso del 1,5%. También se desplomaron los metales de uso industrial (especialmente el cobre, con pérdidas del 3%) y el petróleo, aunque en este último caso la espectacular caída del WTI del 3,9% también se vio influida al alcanzar los inventarios de la OPEP máximos de tres años. 

“El anuncio del BPCh de que incrementará la flexibilidad del yuan sugiere que el rango fijo diario de la divisa será mucho más dependiente del mercado”, afirma Anthony Doyle, gestor de M&G Investments. “El yuan continuará exhibiendo una volatilidad relativamente baja y puede continuar depreciándose en el medio plazo al luchar las autoridades con una ralentización del crecimiento económico”, añade. 

Doyle detecta asimismo una serie de implicaciones derivadas de la depreciación de la moneda. La primera, que “es probable que cualquier movimiento para debilitar al yuan frente al dólar sea alcista para los treasuries, dando como resultado tipos más bajos”. ¿Cómo? “Si el yuan pierde valor, entonces China tendrá más dólares para invertir en treasuries para la acumulación de reservas de divisas, sugiriendo un fortalecimiento de la demanda”, indica el experto. No obstante, aclara que sólo se podría ver un impacto notable en la demanda de deuda estadounidense en el corto plazo si el yuan siguiera depreciándose en las próximas semanas. 

La segunda implicación viene del lado del coste de la vida: “Este movimiento podría presión bajista sobre las ya bajas tasas de inflación de las economías desarrolladas”. Se refiere a que “es probable que caigan los precios de importación, sugiriendo precios inferiores para el productor y el consumidor”. 

En tercer lugar, el experto de M&G comenta que “la caída del yuan significará que se deteriorará el poder adquisitivo de los negocios y familias chinas”. Adicionalmente, “hará que los precios de las materias primas, muchos denominados en dólares, sean más caros”. Esto implicaría a su vez una caída mayor de los precios de las commodities y, por ende, mayor presión sobre naciones exportadoras como Australia, Nueva Zelanda o Brasil. “Un yuan abaratado sugiere caída de la demanda,  podría dar como resultado menor crecimiento de las economías que exportan a China y un crecimiento más débil para la región asiática”, concluye Doyle. Con todo, el gestor no cree que la medida sea negativa en sí misma: “Cualquier movimiento para liberalizar la determinación de los tipos de cambio debería ser visto positivamente para la economía global”. 

Para Bill McQuaker, corresponsable de multiactivos de Henderson, la reacción del resto de activos a esta noticia “sugiere que los inversores ven el progreso como deflacionario en general para la economía global”, dado que han caído las divisas y los países emergentes vinculados a las materias primas, así como las divisas asiáticas y la renta variable global, mientras que la deuda soberana ha subido. McQuaker cree que las maniobras de China para controlar su crecimiento son un juego de suma cero: “Lo que es bueno para el crecimiento en China es desafortunadamente malo para el resto”. 

El experto coincide en que el abaratamiento del yuan también puede traer consecuencias negativas para la inflación global vía caída de los precios de bienes importados y de las materias primas, y añade que “sugiere otro impulso negativo para los países emergentes, pero la deuda soberana podría beneficiarse”. Además, comenta que “la devaluación y los efectos colaterales asociados complican más la política de EE.UU., pero los datos de la economía doméstica continúan alentando a la Reserva Federal a subir tipos este año”. En suma, que según McQuaker los emergentes podrían verse atrapados entre la espada y la pared, o lo que es lo mismo, entre la normalización monetaria de EE.UU. y la destrucción de la demanda desde China. 

El experto también dedica unas líneas al impacto de la medida sobre las compañías chinas, muchas de las cuales han emitido mucha deuda en los últimos años, y muchos de dichos bonos están denominados en dólares. “Los mercados han asumido que las autoridades chinas se inclinan por mantener al yuan atado al dólar para hacer que el mantenimiento y el reembolso de la deuda sea más fácil. Este último movimiento cuestiona sí eso es una prioridad para las autoridades, y eleva la presión sobre los ya reducidos balances corporativos”. El representante de Henderson cree que también pueden verse afectadas por el incremento de los riesgos financieros empresas de otros países emergentes, por lo que declara que “es difícil no ver esto como un acontecimiento que incrementa los riesgos sistémicos en los mercados emergentes”.

Otros motivos detrás del movimiento

Craig Botham, economista de Schroders, indica que esta medida del BPCh es “significativa” pero matiza que “en contra de muchos titulares de la prensa, no creemos que sea principalmente una política que pretenda proporcionar estímulos a los exportadores”. El economista cree mucho más importante “el mayor rol del mercado a la hora de determinar el valor de la divisa”, por lo que en Schroders concluyen que este movimiento debe encajarse más bien como “una reforma encaminada a la inclusión en los derechos especiales de giro del FMI más que para impulsar el crecimiento”. 

Botham tampoco cree que se vayan a ver mayores depreciaciones de calado en un futuro próximo: “Pensamos que sería imprudente permitir una gran depreciación en este momento, dada la considerable salida de flujos de capital registrada en el primer semestre del año. Atrincherarse en las expectativas de depreciación sólo servirían para exacerbar esos flujos y potencialmente desestabilizar el sistema financiero”. 

Dicho esto, el economista admite que la introducción de la referencia al precio de cierre de la sesión “en las condiciones actuales de mercado ejercerá algo de presión sobre la depreciación”. En este contexto, cree que “se necesitará la intervención del BPCh para alterar las expectativas del mercado si las autoridades quieren evitar la depreciación”. 

La última gran novedad a la que apunta el experto es que el rango de precios también va a estar determinado por los movimientos en los tipos de cambio de las principales divisas. “Eso implica posiblemente un movimiento más allá de un tipo de cambio fijado al dólar hacia una cesta de divisas. Si es así, y el BPCh quiere fijar el precio en términos de volumen, se vuelve más probable una depreciación contra el dólar, particularmente si continúa el fortalecimiento de éste”. 
 
 

 

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