El pasado, presente y futuro de la gestión alternativa, según Aberdeen


Aberdeen es una de las gestoras de fondos que está realizando un esfuerzo especial para reforzar y ampliar su gama de alternativos, una estrategia orientada a satisfacer las necesidades de sus clientes en un entorno de bajos tipos. Recientemente, la gestora reforzaba sus capacidades en inversiones alternativas con la compra de FLAG Capital Management, entidad con oficinas en Boston y Hong Kong con 6.300 millones de dólares en activos de capital riesgo y soluciones inmobiliarias. Para la firma escocesa, el segmento de inversiones alternativas ofrece un amplio abanico de oportunidades de inversión que considera importante aprovechar, sobre todo teniendo en cuenta el actual entorno de mercado. “Se ha producido un incremento significativo de las oportunidades en los últimos diez años y hoy los inversores usan muchas de ellas”, comenta Andrew McCaffery, responsable global de alternativos de la firma.

En una presentación realizada recientemente en Londres, con motivo de la primera conferencia internacional de prensa organizada por la firma, McCaffery ha ofrecido una serie de explicaciones sobre la evolución de esta clase de instrumentos hacia una mayor sofisticación, que ha ido a la par de una mayor predisposición de los inversores a utilizarlos. “La clase ha ganado madurez y aceptación, pero también se ha producido al mismo tiempo un cambio en la forma de gestionar”, comenta el experto.

Éste realiza una clasificación por periodos: considera que a partir de la década de 1970 hasta finales del siglo XX fueron las habilidades para generar alfa la forma predominante de gestión; a partir de los 2000, se combinaron alfa y beta para poder generar retornos. Desde 2010 a esta parte, considera que la rentabilidad pivota sobre tres ejes: el alfa, la capacidad para generar retornos de forma tradicional y el uso de primas de riesgos y lo que denomina “beta exótica”, con instrumentos como los bonos de catástrofes (cat bonds), arbitraje de fusiones o gestión de la volatilidad. La conclusión de McCaffery ante este repaso histórico es que “todavía hay habilidades, pero cada vez es más necesario tener una visión holística para poder resolver las necesidades de los clientes, ser capaces de ver las distintas oportunidades”.

Para poder ilustrar mejor la evolución de las estrategias de gestión aplicadas a los activos alternativos, el representante de Aberdeen establece una división entre el acercamiento tradicional, orientado a la generación de retornos, y el nuevo acercamiento basado en el riesgo. En el primer caso, para poder generar rentabilidad los inversores asignaban una parte de su cartera a renta variable, otra a renta fija y una parte a alternativos; en esta última parte se podían servir de tres clases de activos: hedge funds, private equity y real estate.

En cambio, si parte de un acercamiento basado en el riesgo, la construcción de la cartera se asemeja más bien a una cajonera, dividida en múltiples compartimentos: por un lado se asigna una parte a la protección de riesgos, para la que se utilizan hedge funds o gestión de la volatilidad; se incluyen estrategias de generación de alfa en activos líquidos (global macro, valor relativo) e ilíquidos (private equity, distressed); una parte se dedica a activos físicos (infraestructuras, inmobiliario) y otra a la captura de beneficios corporativos (renta variable, event driven, long/short, listed PE). Finalmente, se puede dedicar un último compartimento a la parte de crédito, incluyendo la inversión en high yield, renta fija emergente, cat bonds, core plus o crédito long/short.

“Se ha producido el paso desde cuatro estrategias centrales (renta variable, renta fija con grado de inversión, deuda soberana y real estate) al uso de mayor habilidad. Los gestores no se concentran sólo en la rentabilidad/riesgo y la liquidez, cada vez hay más complejidad en las carteras al querer neutralizar los riesgos con distintas estrategias”, señala McCaffery. Para él, esta transición se ha producido porque “en un mundo con tipos más bajos y valoraciones elevadas, es necesario entender la protección que se da a la cartera y generar crecimiento”. 

Ingredientes para “cocinar” un buen producto alternativo

Para el experto, “la asignación de activos y la selección de gestores se está entrelazando cada vez más. Cómo lo hace el gestor es ahora tan importante como desde dónde se hace”. Además, considera que ahora la gestión de alternativos presenta “más flexibilidad en la combinación de activos y la combinación de enfoques bottom up y top down”. De hecho, McCaffery apunta cuatro “ingredientes” con los que construir una buena estrategia alternativa: centrarse en la reducción de los riesgos en el largo plazo y poner mayor confianza en el crecimiento potencial en el largo plazo; aumentar los retornos a través de la explotación de nuevas oportunidades y de la contratación de gestores activistas; reducir la volatilidad desde el punto de vista técnico – lo que requiere construir un patrón distinto de generación de retornos- ;generar un colchón de liquidez con el que protegerse frente a eventos de riesgo y dotar de una mayor flexibilidad a la rotación de activos. 

Este repaso al pasado y presente de la gestión de alternativos concluye con dos reflexiones de McCaffery sobre el rumbo de la clase en el futuro: “Deberá tener mayor potencial para cumplir con los objetivos de largo plazo y reducir la probabilidad de sufrir shocks por el camino. Serán estrategias similares a los hedge funds que ayuden a discriminar entre ganadores y perdedores”. 

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