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El MILA, México y el futuro


Cuarenta millones de reales en opciones de Petrobras; esa fue la primera orden que escuché durante una corta práctica que mi profesor de derivados en la Universidad de Sao Paulo, me había ofrecido para que tuviera un acercamiento con el apasionante mundo de los derivados financieros, hace ya casi seis años. Y es que, ese monto en opciones significaba mucho más de lo que varias acciones colombianas transaban en un día, y yo lo estaba viendo negociar a un solo cliente de la corredora de valores en donde me encontraba en práctica, todo a futuro y a través de opciones.

Al año siguiente volví a Colombia fascinado con el mundo de los derivados, con ganas infinitas de poder conocer cada vez más del tema. Sin embargo, me encontré con un panorama desalentador: una bolsa de productos donde los derivados sofisticados eran desconocidos y una bolsa de valores con un naciente mercado de derivados que contaba con no más de seis futuros, los cuales apenas marcaban negociaciones uno o máximo dos días a la semana. Es más, no muchos sabían que con un derivado financiero podían comprar a futuro una divisa o una acción, cubrirse de la volatilidad o vender un activo ante una caída de mercado (muy comunes después del 2007), sin contar con el mismo.

Hoy, el panorama no ha cambiado mucho, aunque las perspectivas son prometedoras y los volúmenes de negociación de derivados estandarizados son mayores, y, y¡ permiten decir que ya hay varios instrumentos líquidos en el mercado de derivados colombiano. Ahora los inversionistas de todos los perfiles participan en el mismo y la oferta de derivados es mayor y se mantiene en crecimiento.

Asimismo, hoy existen ingredientes que hacen más alentador el futuro del mercado de derivados en América Latina. Uno de los principales, es el nacimiento del MILA, que integra los mercados accionarios de Colombia, Perú y Chile, como el mercado accionario más grande por número de emisores en Latinoamérica, el segundo en capitalización bursátil y el tercero en volumen de negociación y, que, además, cuenta con su propio índice, el S&P MILA 40, características que hacen pensar que de a poco se está consolidando la liquidez suficiente para que en este mercado sea viable la creación de futuros u opciones que amplíen las alternativas de inversión de los participantes de este mercado, como ya lo hacen quienes invierten en los únicos dos mercados más grandes que el MILA: México y Brasil.

No obstante, el MILA no es alentador por sí solo. Aunque en Colombia el mercado de derivados estandarizados en la BVC lleva ya varios años desarrollándose, las bolsas de Lima y de Santiago, aún no han despegado en este mercado.

En Chile, la Bolsa de Santiago abrió su mercado de derivados a mediados del último semestre de 2012, asesorado por la BM&FBOVESPA, y hoy se ven ruedas de negociación como las que se veían en Colombia hace cinco años, desiertas. Mientras que en Perú, la Bolsa de Valores de Lima, no ha lanzado su mercado de derivados, aunque ha tenido acercamientos con la Chicago Mercantile Exchange (CME), que dio un espaldarazo a la futura creación de este mercado al ver con buenos ojos la liquidez que ha alcanzado esta Bolsa. Pero entonces, ¿Está lejos el nacimiento de un mercado de derivados en el MILA? No lo creo.

Un brillo de luz, o mejor, de liquidez, ha aparecido en el horizonte: se espera que, para el 2014, México se integre a éste. Al contrario de las Bolsas. Los aztecas cuentan con una amplia experiencia y liquidez en el mercado de derivados, por lo que su entrada al MILA, permite pensar que los derivados no están lejos de comenzar a abrirse camino en el creciente volumen de negociación del mismo. Si los mercados hoy integrados comienzan a trabajar en la estructuración de instrumentos derivados que sean alternativas de inversión o cobertura para los participantes del MILA, no sería raro ver en poco tiempo el Futuro S&P MILA 40 u opciones para las acciones más liquidas del Mercado Integrado Latinoamericano.

 

 

 

 

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