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El gran experimento


Este es la expansión de los balances de los bancos centrales de EE.UU., Inglaterra y Japón mediante la compra de títulos de deuda con el objeto de inyectar liquidez a sus economías en problemas.

Como es sabido el experimento crea una gran oferta de liquidez que reduce las tasas de interés obligando a los inversionistas que desean incrementar los rendimientos de sus fondos a migrar hacia títulos de alto riesgo como son las acciones y los bonos basura o emprender inversiones reales, es decir a desarrollar nuevos negocios o expandir los existentes. Un aumento en la riqueza de la población debería estimular un mayor consumo que aunado a la inversión en nuevos negocios debería producir un crecimiento económico sostenible en el tiempo.

Dados los pobres resultados en la creación de nuevos empleos en países como EE.UU., la verdad es que el logro más evidente de tal ensayo es haber generado una importante apreciación del mercado bursátil y de los bonos de alto rendimiento. Muestra de ello es que el patrimonio de los hogares norteamericanos creció en 3 billones de dólares en el primer trimestre del 2013, tasa de crecimiento que no se veía desde el boom de las empresas .com a finales de la década de los noventa del siglo pasado.

Un tercio de esta subida corresponde al incremento del portafolio de acciones de los hogares y cerca de 800 millardos a la recuperación del valor del parque inmobiliario. ¿Cómo se reparte esta riqueza en la sociedad norteamericana? El 1% más rico de la población es dueño del 35% de la riqueza nacional, y el 42% de esta lo representan títulos financieros. Este grupo, por cierto, es responsable del 10% del consumo del país.

Entre los costos del gran experimento se puede contar una eventual inflación en un momento indefinido más adelante en el tiempo, que haría subir las tasas de interés causando grandes pérdidas en los portafolios de renta fija, sin contar las brechas de desigualdad que los procesos inflacionarios exacerban. Sin embargo, en las últimas tres semanas hemos vivido los síntomas de otro costo que había pasado inadvertido: el aumento de la volatilidad de los precios de los títulos valores en respuesta a una eventual reducción de la liquidez que corresponde a la fase de cierre del experimento.

No pretendemos decir que la fase de cierre ya comenzó, pero es evidente que alguna vez sucederá y los activos financieros sufrirán perdidas o no, dependiendo de la manera en que ésta se ejecute. Muchos esperan que el cierre sea muy gradual y sólo se dé cuando la economía norteamericana crezca sin necesidad de muletas, y sólo a partir de ese momento podría empezar a subir las tasas de interés de corto plazo. Otros, conscientes de lo novel del experimento, se imaginan escenarios de culminación más traumáticos.

De momento, hemos visto la volatilidad en acción; con los títulos venezolanos regresando a los niveles de precios del último trimestre del 2012, con caídas de precios de hasta 10% en los momentos más álgidos de la semana pasada. El costo de la prima de los CDS de la República a 10 años, que es una medida cuantitativa del riesgo percibido subió de 933,70 el 7/06 a 1.020,55 (9,35%) el 14/06 presentando una corrección ese mismo día de 8,38%, para cerrar la semana a niveles similares de la semana anterior. El gran experimento continúa y su final es probable que esté aún lejos, de lo que seguro no nos salvaremos es de los brincos y sobresaltos que nos depara el camino no recorrido todavía.

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