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El fraude del LIBOR


La tasa LIBOR (“London Interbank Offered Rate”) es una referencia del precio al que se prestan entre ellos los principales bancos del mundo. Se calcula una vez al día con información provista por 18 entidades mundiales con base en Londres, las cuales envían su costo de financiación interbancario a Thomson Reuters. Esta agencia elimina los cuatro más altos y los más bajos del día y publica la media del resto para distintos plazos y 15 divisas diferentes. Lo curioso es que nadie revisa que la información que están dando sea correcta, a pesar de que hay préstamos referenciados a la misma por un volumen mayor al PIB de toda la Unión Europea junta.

Después de una investigación intensa por parte de los reguladores americanos y británicos, llegaron a la conclusión que varias de las entidades participantes en la fijación diaria de dicha tasa habían provisto datos falsos sobre sus costos de financiación. Las consecuencias de sus averiguaciones están empezando a hacerse públicas: la primera ha sido una multa en los EEUU e Inglaterra al Barclays Bank cercana a los US$500 millones, que ha provocado la dimisión de varios ejecutivos de la entidad, entre ellos su Presidente y su CEO. Sin embargo, esto parece ser la punta de un iceberg de mucho mayor tamaño que iremos descubriendo en las próximas semanas.

Para aquellos que no hayan entendido las implicaciones del escándalo, deberían ver que millones de hipotecas, tasas de tarjetas de crédito, préstamos al consumo, o a la compra de bienes de capital se fijan en función de este índice. Esto significa que se hayan podido estar pagando intereses superiores a los debidos (o inferiores en algunos casos) con el costo que ello pueda implicar.

La información publicada indica que se estuvieron manipulando los precios desde principios del 2005 hasta hace poco tiempo. En la época anterior a la crisis los bancos participantes del esquema de cálculo estuvieron reportando tasas ligeramente superiores a la realidad para aumentar su margen de ganancia en los préstamos. Sin embargo, a partir del 2008, cuando los ataques sobre los bancos británicos comenzaron después de la caída de Lehman Brothers, y de la nacionalización del Northern Rock, el caso fue el opuesto. Parece ser que alguno de los bancos estuvo publicando tasas inferiores a su costo real de fondeo para dar una imagen externa de solidez financiera frente a los ataques externos. En el caso de Barclays se defienden con la alegación de que lo hicieron por recomendación de los reguladores británicos para dar una imagen de solidez de la banca del país. Esto no se ha podido comprobar y recién empezó una serie de investigaciones en el Parlamento de Londres y por parte del Banco de Inglaterra.

Toda esta situación es un golpe más a la reputación del sistema financiero y de los que lo manejan, tanto a nivel ejecutivo como sus reguladores. Lamentablemente, la cultura del “todo vale” para poder incrementar los beneficios de los bancos y las bonificaciones de sus ejecutivos ha llevado a que se cometan excesos, a que surjan graves conflictos con los intereses de sus clientes y que, en algunos casos, se lleguen a saltar las líneas de lo ético y lo ilegal.

Personalmente creo que estas son situaciones aisladas y que los profesionales bancarios no son todos unos sinvergüenzas. Sin embargo, para poder recuperar su imagen tendrán que dar ejemplo imponiendo a los culpables castigos ejemplares, que eviten que se puedan repetir circunstancias similares en el futuro. Entre tanto, posiblemente veremos un proceso de demandas muy largo y mucha gente desfilando por los tribunales.

 

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