El efecto mariposa y las guerras de divisas


Dice un proverbio chino que el batir de las alas de una mariposa puede provocar un huracán en la otra parte del mundo. Es precisamente China la que ha comenzado a batir sus potentes alas al decretar varias devaluaciones del yuan durante el mes de agosto.

El aleteo chino ha sido interpretado por el mercado como un intento por parte del gigante asiático de favorecer sus exportaciones, que cayeron más de un 8% en términos interanuales durante el mes de julio. Esta medida se ha tomado como señal de ralentización del crecimiento económico chino, lo que ha impactado negativamente en el precio del petróleo y de los metales de uso industrial, de los que China es un importante demandante. Así, el impacto deflacionista de la decisión china perjudicará a los países productores de materias primas, que verán su crecimiento económico mermado. Además, la medida también afectará a los principales socios comerciales de China, entre los que destaca Brasil, cuyos productos resultarán más costosos en términos relativos en China y, por tanto, serán menos demandados.

No obstante, es probable que esta medida también presente algunos inconvenientes para China

En primer lugar, existe un buen número de empresas chinas que se ha endeudado en dólares durante los últimos años. La devaluación del yuan podría dar lugar al denominado “balance sheet effect”, aumentando el valor relativo de las deudas empresariales. 

En segundo lugar, China ha manifestado en repetidas ocasiones su interés por que su divisa pase a integrar, junto con el dólar, el euro, el yen y la libra esterlina, la cesta de monedas que constituyen los Derechos Especiales de Giro (DEG) del FMI. Para poder entrar en la lista de DEG, una moneda ha de considerarse libremente utilizable por el FMI, lo que requiere, entre otras condiciones, que el valor de la moneda sea determinado por las fuerzas del mercado. En el momento de realizar las devaluaciones, el Banco Popular de China anunció la introducción de un nuevo modelo de fijación del valor del yuan, más dependiente de los movimientos reales del mercado. Aunque el FMI ha valorado positivamente en un comunicado este nuevo mecanismo, es importante que éste sea efectivamente seguido por las autoridades chinas y que no se produzcan nuevas devaluaciones oportunistas de su moneda. 

Por último, las acciones chinas podrían generar respuestas por parte de otras áreas económicas, que en el intento de no perder competitividad, fomentarían también la pérdida de valor de sus respectivas divisas. Así, se podría generar la consecuencia más grave de todas: una guerra de divisas.

La guerra de divisas más importante se produjo en el período de Entreguerras (1919-1939). Las agresivas devaluaciones y la adopción de medidas proteccionistas como el arancel estadounidense Smoot-Hawley, impactaron de manera muy negativa en el comercio e inversión internacionales y, por ende, en el crecimiento económico global. Ante los perniciosos efectos, Estados Unidos, Francia y Reino Unido llegaron al Acuerdo Tripartito de 1936, en el que forjaron un pacto para no efectuar más devaluaciones competitivas. 

Otra guerra de divisas destacable fue la que tuvo lugar entre 1967 y 1985, que finalizó con la firma del Acuerdo del Plaza por el G7 en 1985, que orquestó una depreciación coordinada del dólar.

En conclusión, la historia demuestra que las guerras de divisas son negativas para todas las partes. Esperemos que las recientes acciones chinas no motiven el inicio de una nueva.

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