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El Brexit después del Brexit: posibles escenarios para el Reino Unido en el largo plazo


Una vez que los mercados han recibido una dosis de realidad en el corto plazo como consecuencia del Brexit, ahora las gestoras están centrando sus análisis en dilucidar qué va a ser de Reino Unido en el largo plazo. El último capítulo de lo que parece ser una larga saga ha tenido como protagonista a Theresa May, al ser nombrada sucesora de David Cameron.

Mike Amey, responsable de carteras denominadas en libras de PIMCO, calcula que el crecimiento del país se desplomará hasta el 0% o ligeramente por encima en los próximos 12 meses, debido a la desaceleración de la inversión empresarial, algo de relajación del gasto en consumo y pocos cambios en la política fiscal o en la contribución al comercio. “Por supuesto, reconocemos que hay mucha incertidumbre en cualquier previsión en medio de esta atmósfera políticamente cargada”, puntualiza Amey. En PIMCO esperan una caída de entre el 5% y el 10% de la inversión empresarial en los próximos 12 meses. Como equivale a cerca de un 10% del PIB británico, su cálculo es que se llevará entre el 0,5% y el 1% del crecimiento. El consumo contribuye en torno a dos tercios del PIB, y la expectativa de la firma es que el consumo de las familias se podría ralentizar un 1%.

El responsable vaticina que el IPC alcanzará el 2% para mediados de 2017 por el impacto del desplome de la libra sobre los precios a la importación. Amey aclara que “aunque hay riesgos en torno a esta previsión, no todos son a la baja. Hay margen para una caída mayor de la inversión empresarial o el consumo de la que esperamos, pero también hay margen para algún tipo de estímulo fiscal”. Dado el bajo perfil de crecimiento, Amey prevé que el Banco de Inglaterra (BoE) recorte tipos hasta el 0% y podría anunciar más estímulos si fuera necesario, decisiones que son favorables para los gilts y, eventualmente, la libra.

Stephanie Flanders, estratega jefe de mercado para Reino Unido y Europa, transmite la expectativa de J.P.Morgan AM de que “la incertidumbre relacionada con el Brexit reste al menos un 1% al crecimiento del Reino Unido durante el próximo año, mientras que es probable que la caída de la libra sume un 1%- 2% a la inflación”. Flanders considera probable que también se vea afectada la economía de la eurozona “tanto por las repercusiones para la confianza de las empresas como por la reducción de las exportaciones al Reino Unido, que, en el caso de Bélgica, los Países Bajos e Irlanda representan una parte significativa de su PIB”. Sin embargo, la experta considera que el impacto inmediato para el crecimiento y la inversión en la zona euro “debería ser gestionable”, dado que creció a una tasa anualizada del 2,2% en el primer trimestre.

Para Philippe Waechter, economista jefe de NAM (Natixis Global AM), la clave está en el déficit por cuenta corriente de Reino Unido (-6,9% en el primer trimestre de 2016), en máximos históricos. Recuerda que, habitualmente, se financia el déficit gracias a los flujos financieros que se dirigen hacia Reino Unido y la inversión directa (activos reales comprados por no residentes). El BoE ha alertado de la caída de ambas fuentes de financiación tras el Brexit. Para el experto el conflicto está servido: “Mientras que no se arregle la situación y las relaciones de Reino Unido con la UE, hay una elevada probabilidad de flujos más bajos. En tal caso, el nivel actual de la cuenta corriente no es sostenible”. Las dos opciones que encuentra Waechter al problema son el abaratamiento de la libra – “y en tal caso, el desplome de la divisa no ha terminado”- o que Reino Unido aplique nuevas políticas de austeridad “para contener la trayectoria de importaciones al reducir la demanda interna”.

Posibles escenarios

“No sabemos si el Brexit creará una fractura en la globalización o si es sólo un shock temporal de la economía mundial, incluso aunque sea fuerte para Reino Unido”, indica Waechter. “El mundo ha cambiado con la crisis y ahora es incapaz de seguir una trayectoria fuerte. El Brexit podría ser percibido como un shock que podría hacer descarrillar la economía mundial al empujar a la baja las dinámicas de comercio mundial”, detalla. Si además se tiene en cuenta que esta situación podría desarrollarse con “una percepción nacionalista más fuerte para cada país, podría llevar a una fractura que podría ser comparable a la de 2008 pero con diferentes catalizadores y explicaciones”.

Desde Invesco, Arnab Das – responsable de deuda soberana emergente y análisis macro- y Sean Connery, gestor, distinguen dos posibles escenarios: Brexit positivo y negativo. En el primer caso, las negociaciones entre Reino Unido y la UE sobre la salida y el mantenimiento de la apertura de fronteras al comercio y la inversión serían constructivas, y Reino Unido podría convertirse en una fuerza comercial independiente a la UE.

En el peor escenario, se produciría una desaceleración significativa del crecimiento, incluso una recesión. “Un comercio inferior entre Reino Unido y la UE podría causar un nuevo shock deflacionario de la demanda en Europa, donde los países periféricos podrían llevarse la peor parte”, advierte el dúo de expertos. También creen que podrían pagar las consecuencias los estados miembro más jóvenes de la Unión, como Polonia y Hungría, porque les sería más difícil elevar su prosperidad hacia los estándares de vida en el resto de la UE. Esto a su vez podría causar que “el riesgo de tensiones políticas y sociales podría subir”, concluyen desde Invesco.

Christophe Bernard, estratega jefe de Vontobel AM, afirma que “el resultado del referéndum en Reino Unido plantea una amenaza existencial sobre la UE si no se resuelven las preocupaciones de la población”. Bernard destaca sobre todo el déficit democrático de las instituciones de la UE, junto con la protección de las fronteras exteriores, y cree que “un plan ambicioso para establecer una fuerza policial para proteger apropiadamente las fronteras” podría ser un buen comienzo para satisfacer al electorado europeo. Esta clase de decisiones podrían llevar a un escenario en el que se materializaría una UE de dos velocidades, “con una integración mayor entre los países del núcleo de la eurozona (incluyendo una unión fiscal y bancaria completada) y un grupo de países que sólo compartan el mercado común”, un cambio que podría no obstante “requerir un cambio en los tratados, por lo que sería un proceso largo”.

 

 

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