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DWS Investments: El dividendo como estrategia cobra cada vez más sentido


¿Inflación, deflación o desinflación? La respuesta es invertir en dividendo

Existe una cierta preocupación en el mercado sobre el desarrollo de los datos de inflación en las diferentes economías. Los inversores tienen un amplio abanico de puntos de vista sobre los resultados del quantitative easing y su impacto en la inflación. Además, después de un 2010 con crecimientos por encima del 4% en el PIB mundial, es probable que veamos una cierta desaceleración en el ritmo de crecimiento durante los próximos dos años, si no se prolonga más tiempo, a causa de los efectos del desapalancamiento de las economías desarrolladas. Esto apunta a que los excesos de capacidad se absorberán lentamente, manteniendo la inflación en la mayoría de los países desarrollados en niveles moderados, con una pequeña posibilidad de periodos de deflación. El caso contrario lo encontramos en algunos países emergentes, que se enfrentan a un riesgo de sobrecalentamiento de la economía a causa de las fuertes entradas de capital, de la mayor presión sobre las limitaciones de capacidad productivas y por la mayor sensibilidad de a precios elevados en materias primas.

Ante este entorno, la inversión en renta variable actúa como, en la mayoría de los casos, como una estrategia de protección frente a la inflación. No obstante, las estadísticas demuestran que la inversión en acciones de forma general ofrece un buen comportamiento en un rango inflacionista de -3% a 3% y fuera de este rango tiene mal comportamiento – principalmente por la compresión de los múltiplos P/E. En cambio, la inversión en compañía de elevado dividendo ofrece un mejor comportamiento que la inversión “tradicional” en renta variable, logrando este efecto defensivo incluso en escenarios fuera del rango ideal – tal y como se puede observar en la tabla adjunta a continuación.

 

Gestión activa vs “buy & hold”

Actualmente las bolsas siguen inmersas en una auténtica “montaña rusa” cuya tendencia a corto plazo la marcan las continuas noticias y los rumores que surgen de aquí para allá. Una de las teorías económicas que está tomando más fuerza propone que de ahora en adelante los ciclos económicos podrían acortar su duración, y por tanto, el comportamiento de los mercados estaría sujeto a una mayor volatilidad, aportando una mayor relevancia a las estrategias de gestión activa frente a estrategias pasivas (buy & hold). En realidad, a lo largo de la historia hemos asistido a diferentes períodos a lo largo de los cuales la rentabilidad acumulada por las bolsas en períodos de 10 años ha sido negativa o prácticamente nula.

 

 

¿Por qué invertir en compañías de alta rentabilidad por dividendo?

Fortalezas de las compañías que pagan dividendos de forma regular:

•El pago regular del dividendo crea en el accionista una sensación de mayor confianza en la gestión.

•El hecho de disponer de recursos limitados, tras el pago de dividendos, hacen que éstos se utilicen de forma mucho más eficiente

•Supone un mensaje sobre la continuidad y la confianza en el negocio de la compañía

•Raramente se reduce por el riesgo reputacional que conlleva

En general podríamos decir que el pago del dividendo va asociado a compañías maduras, con negocios consolidados, frente a compañías más jóvenes que necesitan reinvertir para seguir creciendo. Igualmente, las políticas de distribución de dividendos varían por industrias o sectores: como ejemplo, aquellas intensivas en el uso de capital como aerolíneas o compañías de ingeniería y construcción necesitan invertir los flujos de caja para mantener su negocio. Un caso diferente es el de las empresas de telecomunicaciones o eléctricas con negocios capaces de generar flujos de caja de forma mucho más estable.

Los dividendos se pagan a partir de los flujos generados por las compañías, no de sus beneficios operativos. Esta afirmación, aunque puede parecer bastante trivial, no lo es en absoluto, ya que muchas compañías emplean artificios contables que de alguna forma consiguen “maquillar” los beneficios que publican. Por el contrario, los flujos de caja no permiten esta discrecionalidad. Si hay algo que resulta evidente es el hecho de que si una compañía no es capaz de generar cash flow esto quedará claramente reflejado en sus dividendos. De forma que una compañía capaz de distribuir dividendos de forma estable e incluso creciente en el tiempo tiene necesariamente que ser capaz de generar caja suficiente para poder hacerlo. Esto es posible en compañías con modelos de negocio sólidos y estables capaces de navegar a lo largo de las crisis financieras.

Pese a la creencia popular las compañías con una tasa de distribución de dividendos elevada suelen lograr mejores crecimientos en resultados que otras con mayor tasa de retención de beneficios. Tradicionalmente a las compañías que destinaban un elevado porcentaje de sus resultados a remunerar a sus accionistas se las veía como empresas con sólidos fundamentales que tenían un potencial de crecimiento menor. De acuerdo con esta visión, las compañías que no distribuían a sus accionistas lo hacían por disponer de nuevos proyectos de inversión que lograrían una mayor rentabilidad para sus accionistas (RoE).

Sin embargo Arnott & Asness, CFA Institute Financial Analyst Journal 2003 , estudios recientes han demostrado que son precisamente las compañías con tasas de distribución de beneficios elevados las que logran mejores tasas de crecimiento. Una de las causas que parecen explicar este fenómeno es una mejor estructuración de las fuentes de financiación de la compañía. La escasez de recursos obliga a los administradores de las compañías a una mayor disciplina financiera que obliga a seleccionar aquellos proyectos realmente rentables.

El dividendo como fuente de rentabilidad

A la hora de valorar la inversión en dividendos, todos los factores han de tomarse en cuenta – rentabilidad por dividendo, tasa de distribución de beneficios, potencial de crecimiento y sostenibilidad de todas las anteriores. Como se puede observar, el dividendo siempre ha contribuido significativamente a la rentabilidad de la inversión en renta variable. Si bien a corto plazo la contribución del por dividendo a la rentabilidad no es tan importante (25% a 1 año), a medida que se alarga el horizonte inversor es más importante su crecimiento: del 80% de la rentabilidad atribuíble al dividendo ¾ (60%) corresponden al crecimiento – y en consecuencia su sostenibilidad.

 

 

El éxito de una estrategia a largo plazo que invierta en dividendos reside en que el gestor sea capaz de aprovechar al máximo cada elemento de la estrategia.

Evidentemente, una elevada rentabilidad por dividendo es importante, pero tampoco se debe “sobre-exponer” la inversión a este factor: los datos sugieren que la inversión exclusivamente en acciones de alta rentabilidad por dividendo suelen conducir a compañías con un bajo potencial de crecimiento – ya que destinan una parte tan significativa de sus resultados a retribuir a sus accionistas que no retienen suficiente efectivo para invertir en proyectos de crecimiento. Si a la rentabilidad por dividendo le acompaña una sólida capacidad de crecimiento de los flujos de caja disponibles para el accionista, se podría alcanzar niveles de entrada atractivos que tomen en cuenta tanto la rentabilidad por dividendo actual como el potencial de crecimiento del dividendo y la sostenibilidad de dicha retribución al accionista.

 

Si quieres acceder al informe completo pincha en el documento adjunto.

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