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Dios los cría


Bill Gross y Jeffrey Gundlach son dos de las más reconocidas divas dentro del mundo de inversionistas institucionales de renta fija. Agudos, y polémicos se atreven a asumir posiciones alejadas del consenso de la industria que se reflejan en las estrategias de inversión de los fondos que manejan.

La leyenda urbana sostiene que estos formadores de opinión sienten una admiración mutua, que les llevó inclusive a considerar la posibilidad de que Gross se uniese a DoubleLine, la institución que Gundlach dirige, luego de su abrupta salida de PIMCO (el fondo de inversión de renta fija más grande del mundo) el pasado septiembre. En momentos tan confusos como el comienzo del 2015, en que la aceleración de la caída de los precios del petróleo ha exacerbado la volatilidad de los mercados financieros internacionales vale la pena revisar las visiones que dichos analistas han compartido recientemente, con la prensa especializada, sobre el panorama de inversión en el 2015.

No es de extrañar que ambos analistas compartan impresiones muy similares sobre el año que comienza. Ambos esperan retornos mediocres en la mayoría de las categorías de activos financieros, e insisten en que parte del mal desempeño de tales activos está asociado a cambios en la manera en que el mundo se comporta frente a los estímulos habituales de los bancos centrales. Bill Gross mucho más propenso a dar explicaciones muy elaboradas sobre la evolución del ciclo económico de la economía mundial, con énfasis en la economía estadounidense.

Sostiene que nos encontramos en el final de un súper ciclo económico cuyo motor principal fue el dinero barato inyectado por los bancos centrales de EE.UU., Inglaterra y Japón como respuesta a diversas crisis vividas en los últimos veinte años, y que se tradujo en una oferta masiva de créditos también baratos y accesibles principalmente a grandes corporaciones e inversionistas institucionales que usaron buena parte de este dinero para financiar inversiones en una enorme variedad de títulos valores con cobertura mundial.

El ciclo termina cuando los niveles de precios alcanzados por los títulos valores son tan altos que el potencial retorno para los nuevos inversionistas que tendrían que comprar activos a dichos precios no justifica tal inversión. En ese momento comienza la corrección de precios con los consabidos retornos negativos para una diversidad de familias de activos. Pero como siempre la corrección no es de la misma intensidad para todos los títulos ni para todos los sectores económicos. A partir de esta interpretación de la realidad Gross concluye que “los buenos tiempos se acabaron” y que en los próximos años, por no decir décadas veremos unos niveles de rendimiento muy menguados, tanto en acciones como en renta fija.

Gundlach, con menos aspiraciones que Gross a ser gurú de los ciclos económicos, sostiene que aunque la Reserva Federal intentará subir las tasas de interés en el 2015, fuerzas deflacionarias en el primer mundo acentuadas por la caída del crudo tendrán el impacto de bajar los rendimientos de los treasuries a niveles no vistos desde julio del 2012, colocando el retorno del papel a 10 años por debajo del mínimo histórico de 1,38%. Los bajos rendimientos de los papeles soberanos de la Eurozona (con excepción de Grecia) y el fortalecimiento del dólar consolidarán esta tendencia. Gundlach de manera explícita y Gross de manera más sutil coinciden en que el nuevo villano de la economía mundial no es Putin, es la deflación que puede aparecer a la vuelta del esquina en la Eurozona, pero con efectos perniciosos para las economías del G-20.

La receta para el año que comienza: títulos de deuda de alta calidad crediticia, acciones de grandes corporaciones con bajo apalancamiento financiero y generosa política de dividendos sugiere Gross. Gundlanch coincide con Gross en su percepción sobre la renta fija, pero no ve oportunidades relevantes en el mercado accionario. Ellos se juntan.

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