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Dinero barato


Dos años después, la recuperación europea no termina de cristalizar, y la prensa especializada del Viejo Continente, comienza a señalar de manera insistente que más que propósitos, espaldarazos o promesas lo que se necesita es una inyección abundante y barata de recursos que destranque el juego. En pocas palabras, lo que se está pidiendo no es ni más ni menos que la versión europea del Quantitaive Easing (QE). Programa inventado por los ingleses, y desarrollado a su máxima expresión por EE.UU. y Japón. Donde, como es sabido, los bancos centrales expanden sus balances mediante la compra de títulos de los gobiernos soberanos, así como hipotecarios con el propósito de hacer bajar las tasas de interés, obligando a los inversionistas a buscar mayores rendimientos a través de la compra de activos de mayor riesgo bien sea en los mercados financieros o través de la inversión directa en nuevos negocios.

La promesa del QE es que con tasas de interés más bajas se estimula el desapalancamiento financiero de empresas y familias. No olvidemos que una de las características más importantes de la última crisis financiera internacional se dio en un contexto de alto endeudamiento del sector privado, y hasta que estos niveles de deuda no se reduzcan a montos más manejables, no habrá un crecimiento significativo. Pues el dinero que se usa para reducir deuda, en otras circunstancias se usaría para consumir o invertir.

Sin embargo, el problema de la Eurozona no es un problema de altas tasa de interés, aunque si de gran endeudamiento privado, un gran inventario de activos no productivos, como en el caso del sector inmobiliario español, mercados laborales rígidos, en claro proceso de envejecimiento, y con grandes grupos de desempleados que no tienen las calificaciones requeridas para insertarse en el nuevo modelo económico que emerge frente a nuestros ojos.

¿Qué puede ofrecer un QE a Europa? un alivio temporal, porque una inyección adicional de dinero muy barato siempre beneficia la intermediación bancaria, aunque los recursos no siempre llegan a las pequeñas y medianas empresas, al igual que en EE.UU. han sido las grandes ignoradas por el sector bancario después de la crisis. Fusiones, adquisiciones, y el alza del precio de inmuebles premium, que se compran como reservorio de valor en mundo incierto. No es de extrañar entonces, que el valor de las viviendas se haya multiplicado por un factor de cinco en el área metropolita de Londres en los últimos veinte años, y que pueda seguir haciéndolo aunque a un ritmo más gradual en los próximos años.

Si finalmente tenemos QE de la Eurozona, los treasuries, aun a estos niveles de magros retornos, seguirán siendo atractivos para los grandes fondos institucionales europeos, y una subida de las tasas de interés en EE.UU. podría diferirse un par de años más. Por supuesto, que los bonos de alto rendimiento gozarían de un gran nivel de soporte a sus precios. Más adelante los europeos constatarían lo que en EE.UU. están viviendo de manera directa: hace falta más que dinero barato para volver a la senda del crecimiento económico.

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