“Cuando la zona euro comience a recuperarse, será más rápido el proceso de normalización de lo que fue el de estímulo cuantitativo”


“Soy economista desde 1987 y todo lo que está pasando ahora —unos tipos de interés negativos y posturas extremadamente acomodaticias por parte de los bancos centrales— es muy raro, no puedes encontrarlo en los libros de texto”. Con esta franqueza se expresa Helge Pedersen, economista jefe de Nordea. Gran parte de su discurso sobre la situación actual de los mercados gira en torno a las políticas de empobrecimiento del vecino. “Todos quieren inflación y recuperación económica y quieren devaluar su divisa”, comenta al respecto. 

Pedersen encuentra preocupante la expansión que muestran los balances de algunos de los principales bancos centrales del mundo. Por ejemplo, apunta que el de la Fed equivale al 25% del PIB de EE.UU., mientras que el del Banco de Japón supone un 60% del PIB nipón. “El mayor riesgo es que hay tanta liquidez en circulación que podría provocar que la inflación aumentara a niveles elevados de dos a cuatro años vista, lo que podría producir una subida brusca de los tipos de interés o a burbujas en los precios de los activos, en los mercados de renta variable o en los mercados inmobiliarios. Esta situación podría desembocar en nuevos periodos de inestabilidad financiera si estas burbujas estallaran”, predice el representante de Nordea.

Estados Unidos, por ejemplo, está empezando a verse afectado por la actividad del Banco Central Europeo. “Los últimos datos sobre la economía más importante del mundo han sido decepcionantes, lo que, en parte, se debe al hecho de que el dólar se ha apreciado de forma notable en el último año”, comenta el experto. Su previsión es que el dólar alcance la paridad contra el euro, aunque aclara que no espera que la moneda europea retroceda hasta los niveles de 2002. Pedersen considera que “la economía doméstica sigue siendo muy importante para EE.UU., el repunte continuará y la Fed está esperando a que se acelere el crecimiento de los salarios de forma definitiva”. Su previsión es que la primera subida de tipos se produzca en septiembre. 

¿Qué debe esperar el inversor en Europa? “No se debería excluir que el bund a diez años se vaya a terreno negativo. Es interesante ver cómo se va a desarrollar la inflación, que es el mayor determinante de la evolución del bono a diez años. Ahora que el petróleo parece estabilizarse y que el euro presenta debilidad, es positivo para la inflación”, indica el economista. “Espero que la inflación vuelva a territorio positivo”, señala en todo caso, con la vista puesta en que las expectativas de inflación mejoren hacia septiembre. 

El economista también comenta el fenómeno de los tipos negativos en la deuda soberana europea. Bajo su punto de vista, “debería haber restricciones sobre los bonos que tuvieran problemas para cumplir con el QE. Esto podría llevar a cambiar el tamaño del programa, a reducir el QE del BCE”, presume. En todo caso, se muestra escéptico con el grado de efectividad sobre la inflación del programa de adquisición de deuda de la institución que preside Mario Draghi: “Tiene más que ver con la confianza en el euro, con el repunte del crédito. El problema es que la confianza aún no ha mejorado entre las familias y las empresas, el consumo aún es débil”, indica. 

“No creo que sea apropiado tener estas políticas monetarias, en el largo plazo podrían suponer un problema para el sistema financiero”, abunda Pedersen. Considera que los estímulos cuantitativos, a la larga, “podrían generar algún tipo de represión financiera”. “Cuando la zona euro comience a recuperarse, será más rápido el proceso de normalización de lo que fue el proceso de estímulo cuantitativo”, predice asimismo. El experto concluye este punto con la siguiente reflexión: “Quizá sean apropiadas estas políticas de tipos cero en el sur de Europa, pero no en el norte de Europa, donde la situación económica es mucho más positiva”. 

Los casos de Suecia y Dinamarca

En un año que ha comenzado con más de 20 recortes de tipos de bancos centrales de todo el mundo, las autoridades monetarias nórdicas también han tenido su parcela de protagonismo al adoptar sus propias medidas con las que contrarrestar los efectos del programa de expansión cuantitativa del BCE. Helge Pedersen explica brevemente cuáles son las perspectivas con las que trabajan desde Nordea para Escandinavia.

Pedersen comienza por Suecia. Señala que la decisión del Riksbank de llevar los tipos a terreno negativo no es apropiada, dado que la economía está creciendo entre un 2,5% y un 3%. Sí es cierto que la inflación es muy baja, frente al objetivo impuesto del 2%, pero el economista considera que en este caso se podría hablar de “deflación buena, ya que proviene de la caída de los precios en el sector energético”. “El Riksbank quiere participar en la guerra de divisas e importar inflación. La inflación está cerca de 0, pero el banco central tiene determinación para debilitar la divisa y competir con el QE del BCE”, comenta al respecto. Cabe recordar que el banco central de Suecia ha emprendido en los últimos meses su propio QE, de 40.000 millones de coronas, y Pedersen prevé que no sólo tenga que prolongarse en el tiempo, sino que puedan verse obligados, además, a incrementar la cuantía hasta aproximadamente 100.000 millones de coronas en caso de que fuera de la misma envergadura en términos relativos que el programa aplicado por el BCE.

En el caso de Dinamarca, que protagonizó en febrero una debacle al recortar tipos en cuatro ocasiones en tan sólo dos semanas, Pedersen señala que sus esfuerzos se debieron a que la corona estaba sufriendo una tremenda presión alcista desde que el Banco Nacional de Suiza decidiera retirar el suelo del franco contra el euro, lo que produjo flujos de capital relativamente fuertes hacia la corona danesa. Es decir, que “el Banco Nacional de Dinamarca estaba luchando contra un ataque especulativo”, justifica el economista. Éste señala que el banco central ha incrementado sus reservas de divisas extranjeras en 275.000 millones de coronas en las pocas semanas que duró la presión sobre la divisa danesa. “El Banco Nacional de Dinamarca sólo tiene un objetivo: asegurar la vinculación de su divisa con el euro”, comenta Pedersen, que añade que “la presión sobre la corona ya se ha relajado”; insiste en que esta crisis “ha sido manejable para Dinamarca: una presión alcista sobre la divisa es mucho más fácil de combatir que en el caso contrario”.

“Cuando existe una presión a la baja sobre la divisa de un país que tiene un régimen de tipos de cambio fijos, el sistema sólo se puede defender liquidando una parte limitada de las reservas de divisas extranjeras o aumentando los tipos de interés drásticamente. Esta situación puede ser realmente difícil para cualquier banco central del mundo”, concluye el experto.  

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