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¿Crecimiento económico o austeridad?


A raíz de la llegada del nuevo presidente socialista en Francia hace unos días, François Hollande, se inició esta discusión en Europa, quien propuso a la canciller de Alemania, Angela Merkel, impulsar un nuevo pacto presupuestario que incluya medidas para estimular la economía. Lo cual cobra gran relevancia, ya que del resultado de esta discusión dependerá la definición de la estrategia y plan de acción que adoptarán los países involucrados para dar una solución al problema de deuda soberana que vive Grecia actualmente y que tiene gran expectativa en los mercados, ya que de ello dependerá también la solución que se pueda dar a otros países europeos que atraviesan por situaciones similares, como lo son España, Portugal e Italia.

Sin embargo Angela Merkel, ha defendido desde hace varios meses que la única salida viable para solucionar dicha crisis de deuda soberana en Europa es la adopción de fuertes medidas de austeridad en estos países que permitan generar ahorros para amortizar las masivas deudas que acumulan sus economías.

Lo anterior suena lógico, sin embargo si los países en cuestión no crecen económicamente, y por ende no tienen mayores ingresos y recursos de los cuales disponer, no podrán amortizar y así reducir sus enormes deudas, lo que podría causar la bancarrota de estos países, sumiendo a Europa y al mundo en una crisis de incalculables proporciones.

Esta situación ya se puede observar en Grecia, ya que a pesar de haber implementado fuertes medidas de austeridad desde mediados de 2010, como consecuencia del rescate económico proporcionado por la Unión Europea, el nivel de deuda pública griega ha seguido aumentando como proporción del PIB, al pasar de 127.10% del PIB en 2009 a 144.90% del PIB en 2010, a la par de que la tasa de crecimiento del PIB de Grecia se ha reducido en los dos últimos años (-2.0% en 2010 y -4.80% en 2011). Lo cual pone a Grecia en una situación de quiebra técnica, y es también soportado por las calificaciones otorgadas a la deuda pública griega por las principales agencias calificadoras, colocando dicha deuda en nivel de incumplimiento o incumplimiento selectivo, ya que lo único que ha evitado a Grecia declarar oficialmente un incumplimiento de pagos, es el programa de rescate económico otorgado por la Unión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional.

 

Además de lo anterior, no hay que perder de vista lo que sucede en Estados Unidos, país que enfrenta una situación de deuda similar a la de los países europeos, contando con un enorme déficit público que crece cada vez mas, calculándose actualmente en alrededor de 15.7 billones (anglosajones) de dólares, generando otra potencial bomba de tiempo de no resolverse oportunamente este problema.

Hasta la fecha Estados Unidos ha logrado evitar caer en una recisión económica debido a los importantes estímulos monetarios y fiscales implementados desde que estalló la crisis económica en 2008. De acuerdo con lo publicado recientemente por Fitch Ratings y Oxford Economics en un reporte de investigación, estas medidas habrían ayudado a respaldar el crecimiento del PIB del 3.0% en el 2010 y del 1.7% en el 2011, lo que implicaría que Estados Unidos podría estar todavía en recesión sin este estímulo.

Como han señalado diversos analistas e investigadores, la solución definitiva de este problema es a través de medidas estructurales en la economía como es la creación de empleos y el aumento de la productividad, para así generar riqueza y permitir reducir de manera sostenida los altos niveles de endeudamiento de esos países.

Sin embargo los políticos y gobernantes de dichos países, quienes son los encargados de implementar y ejecutar estas políticas, no parecen estar dispuestos a asumir los costos políticos de la adopción de tales medidas, ya que implican reformas y cambios importantes, cuyos resultados y beneficios no se podrán observar en el corto plazo por la población, pero que si no se aplican rápidamente podrían causar una crisis económica y financiera mucho mayor a la vivida hasta ahora, ya que implicaría además una crisis de confianza y credibilidad en los sistemas y gobiernos supuestamente más avanzados del mundo.

 

 

 

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