Crece el nerviosismo en los mercados: ¿qué está ocurriendo?


Los mercados de renta variable no logran cortar la hemorragia. Las pérdidas registradas en la jornada del jueves volvieron a ser importantes a lo largo del día (llegando a alcanzar en algunos momentos el 3%). La inquietud no solo la genera China. También existe preocupación sobre EE.UU. "La verdadera preocupación es la economía americana, con las cifras del sector manufacturero -PMI- de nuevo a la baja en lo que parece un muy débil cuarto trimestre para la economía de EE.UU. Hasta el momento hemos dicho que la economía americana va a cosechar los beneficios de los bajos precios del petróleo, lo que estimulará su economía; el desempleo sigue siendo bajo y el crecimiento de los salarios se está acelerando. Sería muy extraño ver que la economía estadounidense se precipitase hacia una recesión. Pero las cosas no han mejorado como se pensaba, y estamos esperando a ver lo que sucede con la industria de servicios”, asegura Lukas Daaler, director de inversiones de Robeco.

Las últimas horas de la sesión bursátil del pasado miércoles en Wall Street fueron de nerviosismo y el S&P 500 acumula un retroceso anual superior al 6%. En China, la Bolsa de Shanghai sufre un castigo del 17% en lo que va de año y, tras el descenso del 2,5% del jueves, cae un 43% desde los máximos de junio. Shenzhen se dejaba en la última sesión otro 3,5%, con pérdidas anuales que ya ascienden al 22%. En Europa, donde el epicentro se situó ahora en Renault, que se ha desplomado arrastrando a Peugeot ante el temor a un nuevo caso 'Volkswagen', los principales índices bursátiles volvieron a cerrar el jueves en negativo, acumulando ya pérdidas anuales que alcanzan el 7,4% en el EuroStoxx 50, el 8% en el DAX, el 5% en el FTSE 100, el 7,2% en Milán y el 8% en el Ibex 35. Los expertos se muestran convencidos de que la volatilidad continuará. Tan es así que algunas gestoras, como Fidelity, han elaborado un decálogo de consejos para soportar este periodo de turbulencias de los mercados.

“El comienzo de 2016 no ha sido bueno para la renta variable en general, y Europa no ha sido una excepción. Las preocupaciones se han agudizado por la gran volatilidad en el mercado de renta variable chino, que refleja la preocupación sobre el ritmo de devaluación del yuan y la potencial aceleración de la deflación en el resto del mundo. La subida de tipos de interés de 25 puntos básicos en diciembre por parte de la Fed también ha aumentado los temores sobre el impacto de un dólar fuerte y mayores costes de financiación en los mercados emergentes, que ya luchan con unos altos niveles de deuda. Los precios de las materias primas han  vuelto a caer agravando aún más la situación de los países emergentes productores. Todo esto ha potenciado un fuerte movimiento de aversión al riesgo provocando un rally de los bonos del tesoro y de la renta fija, y una atracción generalizada hacia activos percibidos como defensivos”, resume Stephanie Butcher, gestora del equipo de renta variable europea de Invesco.

¿Y en renta fija?

La crisis también afecta a los mercados de bonos, donde desde finales del año pasado se ha producido una ampliación de diferenciales en renta fija. Los flujos que han huido hacia activos refugio han llevado las tires de los bonos gubernamentales core a niveles aún más bajos a ambos lados del Atlántico. En lo que va de año, la rentabilidad de los bunds alemanes y los treasuries estadounidenses se sitúa, respectivamente, en el 0,9% y el 1,3%. Aunque el tramo corto de la curva de tipos se ha mantenido bastante estable, las tires de los bonos a más largo plazo se han reducido: en 15 puntos básicos en el caso del bund a 10 años y en 21 puntos básicos en el del bono estadounidense a 10 años desde finales de 2015. Cabe destacar, no obstante, que las rentabilidades reales de los bonos a largo plazo no han variado, ya que la caída de los tipos de interés nominales responde únicamente a las menores expectativas de inflación.

Según explican en Generali Investments, no resulta sorprendente que las tires de los bonos core se hayan reducido en las últimas semanas. “Las recientes caídas del precio del petróleo implican que los efectos de base no disminuirán y que la posibilidad de que la inflación impulse (al alza) los tipos de interés core queda aún bastante lejos. De hecho, si los precios del petróleo se mantienen en los niveles actuales, la inflación general caerá en los próximos meses tanto en la eurozona como en EE.UU. Dependiendo de cómo evolucionen los precios, podríamos volver a ver tasas de inflación negativas en la eurozona. Además, si los temores macroeconómicos sobre China empeoran y acaban contagiando a los mercados financieros desarrollados, la recuperación económica podría estancarse”, afirman. En la entidad ven poco probable que estas cuestiones se resuelvan de la noche a la mañana, lo que limitará cualquier subida potencial de los tipos de interés de los bonos core, al menos a corto plazo.

Factores que intranquilizan a los mercados

Peter Hensman, estratega global de Newton (filial de BNY Mellon IM), no diría que la flexibilización cuantitativa (QE) a corto plazo sea la causante de la volatilidad. Todo lo contrario. “En los momentos posteriores a la mayoría de las rondas de QE hemos visto que la volatilidad se reducía. Para nosotros ese es un efecto de mercado relativamente a corto plazo. Seguimos dudando de si solo dar más liquidez al mundo cambiará nuestra perspectiva real de crecimiento. Y el desafío que vemos para el 2016 se centrará más en la presión bajista que probablemente veamos en los beneficios. Las empresas están luchando por el poder de fijar los precios y creemos que la QE ha contribuido tanto a un aumento de la oferta como de la demanda, por lo que probablemente haya tenido el efecto opuesto del que esperaban los gobiernos. Esa es una de las razones por las que creemos que tendremos mayor volatilidad en el 2016”. El problema, más bien, parece estar en China y en los efectos que pueda tener la devaluación del yuan.

Según Nicolas Doisy, economista y estratega jefe de Amundi, ya fuera interna o externa, una amplia devaluación del yuan iniciaría una carrera global hacia el abismo. “Aunque el yuan está sobrevalorado un 20% frente al dólar, una devaluación puntual clásica (externa) no solo desencadenaría probablemente una guerra de divisas, sino también impagos masivos de las deudas en dólares por las corporaciones chinas. En primer lugar, se incrementaría sustancialmente el servicio de las deudas denominadas en dólares contraídas durante la pasada década por un sector empresarial sobre-apalancado. Supondría también el incumplimiento por parte de China de sus compromisos internacionales (especialmente cuando se ha incluido al yuan en la cesta de divisas SDR del FMI), desembocando probablemente, en el mejor de los casos, en nuevas devaluaciones (en cadena) en los mercados emergentes, si no también, en represalias por parte de Estados Unidos y de Europa”.

Por otro lado, la opción de una devaluación interna al estilo de la zona euro determinaría una situación deflacionista y un aterrizaje forzoso en China (aunque fuera a cámara lenta), el cual se propagaría con toda probabilidad, a su vez, por América y Europa. “Devaluaciones internas de este tipo ya se han producido en China durante los dos últimos años, provocando la actual desaceleración económica en el país, y siendo la causa de la última devaluación externa por sorpresa del mes de agosto, después de la de abril. En efecto, debido a la referenciación histórica a la paridad yuan-dólar, los sueldos y salarios se mantendrán seguramente invariables en el mejor de los casos (si no decrecen, en términos reales), ensombreciendo en consecuencia el patrón del tipo de cambio yuan-dólar”, explica Doisy en un artículo.

Los años que mal empiezan…

Tras este paupérrimo arranque de año, los inversores esperarán que el viejo refrán que reza ‘lo que pasa en enero, pasa el resto del año’ no se cumpla en 2016. La historia demuestra que, de media, los años que empiezan mal, lo tienen difícil para recuperarse. Sin embargo, un enero bueno puede ayudar al mercado a continuar subiendo durante el año. Esta tendencia es preocupantemente consistente, cumpliéndose en 78 de los últimos 86 años. Pero, a pesar de este mal comienzo, queda mucho tiempo para que veamos una recuperación durante el mes”, señalan desde J.P.Morgan AM. Pero la historia también demuestra que perseguir al mercado es una estrategia de inversión nefasta. Los experimentos en el ámbito de las finanzas conductuales han demostrado que los inversores están lejos de ser racionales en la práctica. De hecho, cuando se enfrentan a la complejidad y la incertidumbre, las pruebas demuestran sistemáticamente que recurren a reglas generales o atajos para la toma de decisiones, a menudo equivocadas.

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