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¿Cómo puede cambiar la revolución del fracking la economía mundial?


Aunque las técnicas de perforación hidráulica para la extracción de gas y petróleo de esquisto ya llevan años desarrollándose, no ha sido hasta principios de 2013 cuando en los medios de comunicación se ha empezado a hablar con asiduidad del fracking y su papel en la revolución energética que se está gestando en Estados Unidos, cada vez más cerca de alcanzar la independencia energética. Según datos del departamento de energía de Estados Unidos, el país bombeará cerca de 10 millones de barriles de petróleo al día en 2016, igualando la producción de Arabia Saudí y rozando el ritmo de producción ruso (10,5 millones de barriles al día). Esto permitirá a Estados Unidos convertirse en exportador de energía hacia 2018, según datos de este organismo. Un año después del pistoletazo de salida de la revolución del shale gas, varios expertos del grupo Natixis Global AM hacen balance de los últimos 12 meses y examinan sus implicaciones económicas y geopolíticas.

Michael Acton, director de investigación de AEW Capital Management, comienza su análisis recordando que durante décadas el gobierno y las empresas estadounidenses habían realizado planes basados en la escasez de combustibles fósiles. Las fuentes de energía destapadas por el fracking revierten esta situación, pues se estima que el suministro de petróleo y gas pizarra podría durar entre 30 y 50 años. “Este nuevo suministro ya ha empezado a devolver actividad industrial a Estados Unidos. Muchas instalaciones que se habían trasladado para aprovecharse de la mano de obra barata se están volviendo para beneficiarse de la energía abundante y a bajo coste”, explica Acton, que añade: “Pero más importante, está acercando esa producción a la demanda final, el consumidor estadounidense”.

El experto ve una serie de industrias en la cadena de producción que también se pueden beneficiar – y de hecho ya lo están haciendo- de esta floreciente industria. “Ahora mismo en muchas partes del país no hay suficiente capacidad de almacenaje de gas natural, están literalmente quemando el gas en el yacimiento porque no tienen ningún sitio donde ponerlo, por lo que los gasoductos y el almacenamiento se desarrollarán a lo largo de los próximos años”, indica Acton. Otro sector en el que también ve posibilidad de desarrollo es en instalaciones portuarias, para poder exportar esta energía a Europa y Asia Pacífico. Asimismo, ve oportunidades en la creación de nuevos puestos de trabajo de oficina, particularmente en aquellos relacionados con la tecnología. En añadidura, esta mayor disponibilidad de energía y el regreso de las industrias de extracción y procesamiento contribuirán a reducir los costes estructurales de los negocios en Estados Unidos.

Implicaciones geopolíticas

Pero no sólo existen yacimientos de gas pizarra en Estados Unidos. Philippe Waechter, economista jefe de Natixis Asset Management (NAM), se fija en el gran incremento de la demanda global de combustibles liderada por China, lo que a su vez tiene efectos sobre los precios del petróleo. “El fuerte crecimiento de los países emergentes ha causado un gran cambio en la composición del PIB mundial”, explica. Sin embargo, el experto admite el impacto del gas de esquisto sobre las economías desarrolladas: “Sin este nuevo suministro, los precios del petróleo probablemente serían más elevados. Ciertamente, esto habría sido dañino para las ya frágiles economías del mundo desarrollado”.

Con estos mimbres, el economista jefe de NAM analiza las implicaciones geopolíticas de esta nueva fuente de energía. Teniendo en cuenta que China ha empezado a realizar reformas estructurales que incluyen la creación de una divisa convertible, una reserva de divisas y la apertura de los mercados financieros a inversores extranjeros, el país probablemente se convierta en competidor directo de Estados Unidos en los próximos años. “A medida que se desarrolla este escenario, la mayor autonomía de Estados Unidos por su falta de dependencia de recursos externos puede ser una ventaja”, observa Waechter.

Rusia, actualmente el mayor productor de petróleo del mundo, protagoniza la otra derivada del futuro equilibrio geopolítico. “Al seguir el crecimiento global siendo dependiente de la energía, el equilibrio de fuerzas cambiará. Las mayores fuentes de energía proporcionarán a Estados Unidos la capacidad de seguir siendo un jugador global, teniendo influencia sobre el funcionamiento del mundo”, afirma el experto.

Waechter también aporta su pronóstico sobre los precios del crudo. Para 2014 espera que se mantengan estables, o que caigan un poco, pero esta caída debería atribuirse más a factores externos como por ejemplo la producción en Arabia Saudí, aunque el experto cree que tendrá más peso sobre las referencias de precio la recuperación económica global. En cualquier caso, teniendo en cuenta el incremento de la producción en países no miembros de la OPEP, su previsión es que los precios del petróleo se muevan en una horquilla entre los 90 y los 110 dólares el barril en los próximos dos años.

Matthew Eagan, gestor de renta fija de Loomis Sayles, centra su análisis en las implicaciones para los vecinos norteamericanos de Estados Unidos, en particular sobre el peso del desarrollo de la industria del shale gas sobre la economía mexicana, sumida actualmente en reformas estructurales que también afectan al sector energético. “Una reforma energética podría llevar varios años para poder desarrollarse. Pero es sólo una indicación de que el gobierno mexicano está buscando tomar ventaja sobre sus activos energéticos de una forma más eficiente”, afirma el gestor. Eagan opina que el desarrollo de las actividades de extracción y procesamiento afectarán positivamente al crecimiento del PIB mexicano y al valor de su divisa.

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