Un mayor protagonismo de los fondos multiestrategia


Tribuna de Pablo Rodriguez Martos, gestor del fondo Bankia Evolución Prudente

En este mercado tan sensible, donde la tensión geopolítica incide directamente, los bancos centrales marcan en gran medida el rumbo de las diferentes clases de activo y el tiempo de reacción es tan escaso, quedarse anclado a las tradicionales apuestas direccionales supone un riesgo. El mundo de los bajos tipos de interés, de la inflación inexistente, de las divisas volátiles y del continuo runrún acerca de una próxima normalización monetaria, provoca que los fondos tradicionales de renta fija hayan perdido atractivo y que su hermana pequeña, la renta variable, necesite un respiro para convencer a nuevos inversores -abstenerse bancos centrales- de tomar posiciones con ciertas garantías de éxito.

Y qué decir de los retos que se nos plantean en un futuro no muy lejano: el envejecimiento poblacional, la digitalización de la economía que amenaza al factor trabajo, la dificultad de mantenimiento de los estados del bienestar, la creciente nuclearización de algunos países como arma arrojadiza…

En este entorno tan complejo, la incorporación en las carteras de fondos alternativos con un perfil multiestrategia (con un objetivo de rentabilidad consistente y una horquilla de volatilidad determinada) debería tener un papel protagonista. La obtención de rentabilidad sin apenas riesgo pasó a la historia y, cada vez más, los clientes buscan productos que ofrezcan rentabilidades absolutas independientemente de lo que pase en el mercado. Es indudable que la elevada volatilidad del mercado en años recientes, así como la incertidumbre sobre las perspectivas económicas han hecho que los inversores se tornen adversos al riesgo. Y aquí es donde entran en juego estos fondos que combinan en un único producto estrategias diversas.

Los fondos multiestrategia, por lo general, buscan obtener una correlación reducida o negativa con los activos convencionales y, de esta forma, desligarse de la tendencia de los mercados. Contribuyen, por tanto, a mejorar el binomio rentabilidad/riesgo de las carteras. Está demostrado empíricamente que en horizontes amplios de inversión, la inclusión de estos fondos en una cartera compuesta por activos de renta fija y renta variable, mejora la rentabilidad y reduce la volatilidad significativamente. Y contribuyen, también, a lograr una mejor distribución estratégica de los activos. Cuando hay turbulencias a veces no es suficiente con tener una cartera diversificada, ya que todos los activos se mueven en la misma dirección.

Además de tener la virtud de ser un elemento complementario, su inclusión en una cartera tradicional nos aporta una serie de ventajas como son la generación de alfa, independientemente del comportamiento de los mercados, flexibilidad adicional frente a las inversiones exclusivamente centradas en posiciones largas, búsqueda de oportunidades de inversión, tanto direccionales como no direccionales, y diversificación con el objetivo de reducir la volatilidad y mitigar el riesgo de caídas.

Es importante contar con una exposición dinámica a las diferentes estrategias existentes, ya que cada una funciona mejor o peor en función del entorno de mercado en el que nos encontremos. De esta forma ganaremos en diversificación y protección, además,  los inversores accederán y se beneficiarán de los mejores gestores. 

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