¿Cómo ha cambiado la composición de las bolsas en los últimos 115 años?


En 1900, el sector del ferrocarril representaba un 63% de la capitalización de mercado de la bolsa estadounidense y casi un 50% de la bolsa británica. 115 años después, esos porcentajes han caído hasta el 1% y el 0%, respectivamente. De hecho, el 80% de las empresas que cotizaban en Estados Unidos en 1900 (el 65% en el caso del Reino Unido) lo hacían en sectores –textil, hierro, carbón…– que hoy tienen poco peso en esas economías o que han desaparecido. En la actualidad, solo la banca y el sector minero mantienen en esos dos países un peso parecido al que tenían en los albores del siglo XX.

Ante esta constatación, resultado del análisis elaborado por Elroy Dimson, Paul Marsh y Mike Staunton –académicos de la London Business School y autores del libro ‘Triumph of the Optimists’ (el triunfo de los optimistas)– que Credit Suisse recoge en la edición de 2015 de su tradicional anuario (Global Investment Returns Yearbook), cabe preguntarse si la diversificación sectorial sigue resultando relevante, teniendo en cuenta que muchos de los sectores que conocemos hoy podrían desaparecer en los próximos años.

La innovación como factor de rentabilidad

Para entender todo esto, es importante tener en cuenta el papel de la tecnología como fuerza disruptiva. De la locomotora de vapor a Internet, “la mayoría de las nuevas tecnologías son recibidas inicialmente con escepticismo o incluso con burla”, comentan los expertos, “para después dar paso a un exceso de entusiasmo que a menudo se traduce en burbujas bursátiles”. Los estudios sobre el tema parecen indicar que los que más se benefician de una nueva tecnología no son los accionistas, sino los inventores, los inversores capitalistas y los consumidores y la sociedad en general.

“Los nuevos sectores que a menudo surgen tras la irrupción de una nueva tecnología pueden acabar decepcionando si las expectativas de crecimiento resultan demasiado optimistas”, advierten los autores del estudio. En el caso de las industrias antiguas –por contraposición a las nuevas– la clave está en detectar a tiempo un posible declive pero “los datos demuestran que las empresas más veteranas suelen generar mejores rentabilidades que las más nuevas”. Sin embargo, en ocasiones estas industrias se ven penalizadas por los inversores, que sienten una atracción natural hacia los sectores de crecimiento pese a que existen pruebas de que, a largo plazo, las acciones de crecimiento se comportan peor que el mercado y que las acciones de valor.

Estrategias para optimizar la rotación entre sectores

Con el objetivo de explotar los periodos de infra y sobrevaloración que experimentan los diferentes sectores, los autores proponen optimizar la rotación sectorial de las carteras a través de dos estrategias: momento y valor. La primera consiste en invertir en los sectores que mejor se comportaron el año previo: “Si, desde 1900, hubiésemos invertido en las industrias que mejor se comportaron el año anterior y nos hubiésemos puestos cortos en las del quintil que peor se comportó, las ‘ganadoras’ habrían generado una prima anualizada sobre las ‘perdedoras’ del 6,1% en Estados Unidos y del 5,3% en el Reino Unido”, explican.

Por otro lado, “apostar por una estrategia value que guíe la rotación sectorial permite evitar los periodos de sobrevaloración de los sectores de crecimiento y explotar los momentos en los que los sectores de valor están más infravalorados”. Históricamente, afirman, esta estrategia ha generado primas.

De mantenerse estas relaciones, ¿qué sectores resultan más y menos atractivos en estos momentos? “En Estados Unidos, nos decantamos por las empresas de servicios públicos (utilities), seguros, transporte y salud, mientras que ocio, software, equipamientos eléctricos y bebidas serían los menos atractivos. En cuanto al Reino Unido, utilities, tabaco, farmacéuticas y seguros de vida son los sectores mejor posicionados frente a hardware tecnológico, sector aeroespacial, ingeniería industrial y equipamientos eléctricos y electrónicos”.

No obstante, los expertos advierten de que “estas estrategias de rotación suelen fallar uno de cada tres años, incluso aunque se combinen entre sí. En el caso del momento, las caídas pueden ser particularmente acusadas cuando el mercado se da la vuelta”. Por eso, resultan más adecuadas para los inversores a largo plazo, pacientes y capaces de soportar los vaivenes del mercado.

Diversificación sectorial vs. diversificación geográfica

Pese a que la globalización ha reducido la importancia relativa de los países frente a los sectores, los autores defienden la necesidad de mantener una visión global que permita explotar al máximo las ventajas de la diversificación, tanto en términos sectoriales como geográficos. “En 35 de las 40 industrias que componen la clasificación ICB, los dos países de mayor peso representan más de la mitad de la capitalización de mercado mundial de esa industria. En 30 industrias, suponen el 60%; en 18, el 70% y en siete, más del 80%”.

Claramente, existe una estrecha relación entre ciertos países y ciertas industrias y en ocasiones resulta muy difícil separarlos. “La bolsa británica concentra el 43% de las mineras cotizadas del mundo. El petróleo representa el 56% de la capitalización del mercado ruso. Separar Rusia del impacto del petróleo o las mineras del Reino Unido es difícil”. Y concluyen: “Nuestro análisis subraya la necesidad de mantener una elevada diversificación geográfica para garantizar una eficaz diversificación sectorial”.

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