Cómo aplicar la inversión en oro a una estrategia de retorno absoluto: un caso práctico de BNY Mellon IM


Después de años de brillo, desde 2013 el oro ha pasado a formar parte de los ángeles caídos de la inversión, junto con otras materias primas. De hecho, el metal amarillo marcó este verano su punto más bajo de los últimos cinco años, que muchos interpretaron como el comienzo de un ciclo bajista para un metal que llegó a costar 1.895 dólares la onza en 2011, coincidiendo con los momentos más crudos de la crisis de la deuda soberana. Ahora bien, no todo está perdido para el metal, pues éste sigue siendo un buen diversificador para ciertos tipos de estrategias como las de retorno absoluto. 

Así lo defiende Suzanne Hutchins, gestora del BNY Mellon Global Real Return Fund. Newton, parte de BNY Mellon IM, se encarga de la estrategia Real Return, que cuenta con exposición al metal precioso a través de un ETC y de posiciones en acciones de mineras auríferas. En concreto, la asignación a metales preciosos ascendía a un 6,9%, del que un 4,1% estaba invertido en un ETC de oro físico (datos a 31 de julio de 2015). 

Hutchins pone en antecedentes al inversor sobre la evolución reciente de esta commodity: “El mercado de oro físico es relativamente pequeño, con unas existencias totales valoradas en unos 7 billones de dólares; esta cifra contrasta con las capitalizaciones totales de los mercados de renta fija y renta variable, de 140 y 70 billones, respectivamente. No obstante, el oro ha sido objeto de una enorme financiarización: actualmente, se cree que los derivados sobre el metal precioso representan 90 veces las existencias negociables, con lo que esta parte del mercado se ha convertido en una fuerza dominante en la determinación de su precio comparado con la demanda física de los hogares”, explica.

Por su parte, Iain Stewart, líder de inversión del equipo Real Return, afirma que gran parte de la polémica en torno al oro implica una comparación con la renta variable. Argumenta que si un inversor apuesta por este metal, “lo hace en contra de las acciones, de la innovación y de la prosperidad”. 

En el marco de la estrategia Real Return, el equipo de Newton percibe al metal amarillo como un “activo real” que no genera rentas, que puede ser susceptible de actuar como una divisa refugio. Lo explican así: “En general, se considera que el oro no se consume en el marco de la actividad económica, sino que se acumula gradualmente a lo largo del tiempo sin degradarse, lo cual le otorga la capacidad de actuar como unidad monetaria”. 

Por consiguiente, en opinión del equipo, el oro no puede compararse de modo alguno con un activo de riesgo que deriva su valor de los flujos de caja futuros generados a través de actividades comerciales, ni tampoco debería agruparse con materias primas consumidas para crear actividad económica. Hutchins indica al respecto que “la aplicación persistente de políticas monetarias de estímulo, diseñadas para contrarrestar los obstáculos estructurales al crecimiento mundial, significa que el dinero en que están denominados muchos activos es cada vez más arriesgado. Esto reviste una gran importancia para el inversor en rentabilidad absoluta”. 

“En un entorno de devaluación, envilecimiento y volatilidad crecientes del papel moneda, denominar parte de una cartera en un activo monetario ajeno al actual sistema financiero basado en el crédito puede tener sentido desde un punto de vista de diversificación”, continúa la experta. “Vale la pena recordar que, aunque el oro ya no se utiliza para respaldar el valor de las divisas, los países continúan acumulando oro como parte de sus reservas como seguro financiero a largo plazo. En este contexto, no nos parece ilógico que los ahorradores hagan lo mismo”, concluye. 

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