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Cinco cosas que aprendí en Davos


TRIBUNA de Huw van Steenis, responsable global de estrategia, Schroders. Comentario patrocinado por Schroders.

Hace unas semanas participé en el foro de Davos y allí me encontré el ambiente más dividido que recuerdo en años. El optimismo de varios altos cargos estadounidenses sobre la aceleración del crecimiento económico y un cambio de coyuntura en las políticas comerciales, presupuestarias y normativas, contrastaba claramente con el pesimismo de algunos políticos europeos. Pero independientemente de con quien hablaba, los temas centrales de todos los debates eran los intensos retos políticos y económicos derivados del populismo, la globalización, los avances de la tecnología, la crisis migratoria y la desigualdad. Y aunque la tónica dominante eran las dudas sobre cómo sortear estos riesgos, es cierto que podrían actuar como catalizador del cambio.

Las principales tendencias que se analizaron se resumen en cinco puntos.

Automatización y empleo

A raíz de las conversaciones en Suiza, preveo un cambio radical en la percepción de la amenaza que supone para el mercado laboral la automatización y la cuarta revolución industrial.

Algunos expertos vaticinaron que la tecnología orientada al cumplimiento de normativas (regtech) podría suponer la eliminación de 50.000 puestos trabajo de compliance, mientras que los ejecutivos de instituciones financieras y compañías de servicios profesionales con los que me reuní sugirieron su objetivo de automatizar entre el 10% y el 30% de las actividades de sus empresas en los próximos tres a cinco años.

Las consecuencias de estas medidas para el empleo de la clase media y el aprendizaje de toda una vida resultarían enormes. Sin embargo, los líderes tecnológicos, como Google o Facebook, se mostraron mucho más optimistas sobre la capacidad a largo plazo de los empresarios para generar nuevos empleos que aún no podemos ni imaginar.

Populismo

El impacto del populismo era la preocupación número uno. Es probable que la forma en que se manifieste en los próximos años sea uno de los principales catalizadores de los mercados, pero me sorprendió mucho la falta de consenso sobre las causas de las políticas de odio, por no hablar de sus consecuencias. El estancamiento de las rentas reales y los múltiples desafíos a los que se enfrenta la identidad económica y nacional son problemas de compleja resolución.

Pero ¿qué significado tiene esto para la inversión? Tengo la impresión de que la inversión en mercados occidentales es cada vez más similar a la inversión en mercados emergentes, donde resulta importante contar con una profunda comprensión sobre el riesgo del país y de su economía política. Los mercados emergentes también nos enseñan que el populismo es, con frecuencia, precursor de la inflación y que debemos saber invertir en un contexto de elevada incertidumbre.

Los beneficios de la globalización de los mercados financieros siguen poniéndose en duda. Salí de Davos con el convencimiento de que la balcanización (fragmentación) de los mercados bancarios aumentará a medida que los países levanten muros financieros.

La crisis bancaria nos enseñó que Europa necesita urgentemente mercados de financiación de mayor diversidad para empresas e infraestructuras, pero en mis reuniones quedó claro que la Unión de Mercados de Capitales, el plan de la Comisión Europea para movilizar y canalizar capital, ha quedado a la espera hasta que se resuelva el proceso del Brexit.

Cambio de rumbo

El cambio de rumbo en las políticas económicas se debatió animadamente. Dado que en 2016 alcanzamos los límites prácticos de la política monetaria, con los peligrosos experimentos con los tipos en terreno negativo, no es ninguna sorpresa que los inversores se muestren optimistas sobre los cambios en las políticas presupuestaria, normativa y comercial.

A medida que los bancos centrales dejen de aplicar programas de relajación cuantitativa, las correlaciones entre los diferentes activos deberían disminuir de forma drástica. La ampliación de los diferentes escenarios posibles y la mayor divergencia de rentabilidad de los activos, sectores y títulos podrían conformar una ventaja para los inversores de gestión activa que sean perspicaces.

Mientras que los mercados se han acostumbrado a las políticas acomodaticias de los bancos centrales y a la postura de tipos más bajos durante más tiempo, la salida de este extraordinario experimento monetario es incierta y es probable que nos lleve a más revalorizaciones y rotaciones. Y, como resultado, podríamos asistir al mantenimiento de los tipos en terreno negativo hasta 2019, aunque la revalorización de la deuda pública estadounidense a 10 años pueda limitar esta posibilidad.

También hubo sugerencias en Davos para cambiar el enfoque de la regulación bancaria, dado que los responsables políticos europeos se han dado cuenta de lo restrictiva que podría resultar la normativa bancaria Basilea IV para el crecimiento de Europa. Sin embargo, es probable que hayamos dejado atrás el punto álgido de la incertidumbre normativa.

Inversión a largo plazo

La necesidad de contar con inversiones a largo plazo en contextos de gran incertidumbre también ocupó parte de la agenda.

Una de las conferencias más interesantes a las que asistí en Davos fue la titulada Focusing Capital on the Long Term sobre cómo fomentar las inversiones a más largo plazo, en la que se dieron cita propietarios, inversores y consejeros delegados.

Las inversiones a largo plazo podrían haber generado cinco millones de empleos en EE UU. y un billón de dólares en valor adicional. Sin embargo, los riesgos derivados de la incertidumbre hacen que las decisiones de las empresas estén más orientadas al corto plazo.

Es cierto que se podrían tomar medidas prácticas y políticas para reducir un excesivo enfoque cortoplacista en la inversión, pero durante la semana surgieron dos importantes cuestiones al respecto.

Para los inversores más pesimistas, había nerviosismo sobre cuál es la prima de riesgo adecuada que se debería asignar a un proyecto de diez a treinta años, dada la creciente incertidumbre política y económica. Mientras que para los inversores más optimistas, la mayor preocupación radicaba, más bien, en que a medida que la economía se recupera y la inflación aumenta, podría producirse un aumento de mayor calado de los tipos de interés, por lo que preferirían esperar a que se den unos rendimientos mayores.

Lo que augura un buen futuro para las economías es la atención que acaparan las empresas que aprovechan las temáticas a largo plazo, en particular las del sector tecnológico y de salud, y, más aún, el impacto social de sus inversiones.

Previsiones

Por último, cómo mejorar las previsiones fue una temática que obtuvo un éxito imprevisto en Davos 2017. En un momento en que el valor de las previsiones y las encuestas de opinión están altamente cuestionados, resultó alentador asistir a unas conferencias tan productivas.

La conclusión principal fue que aprovechar el conocimiento que brindan los datos para solucionar los problemas de inversión resulta crucial para mantener la ventaja inversora. Todos coincidimos en que: ningún ser humano puede ganar a una máquina, pero no hay máquina que pueda vencer a una persona que controla una máquina.

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