Caída del petróleo: los mercados financieros bajo su influencia


¿Qué pasaría si los mercados mantienen como única brújula los precios del petróleo? Dado el nivel extremo de correlación entre las acciones y el precio del oro negro, la cuestión sigue siendo si esto se justifica en los fundamentales. En enero, la correlación entre las variaciones diarias de los precios del petróleo y el S&P 500 fue del 0,97, un nivel mensual que no se había visto en 26 años. Esto es una reminiscencia de otras situaciones similares en las que los mercados decidieron que su dirección dependería únicamente de un parámetro en particular.

Considerado como un elemento favorable hasta noviembre de 2015, la caída de los precios del petróleo ha provocado una fuerte bajada en los mercados. El descenso del oro negro plantea ahora preocupaciones acerca de los efectos negativos para las empresas, la situación de los países productores endeudados en dólares y ​​el riesgo de contagio del sector financiero hacia el resto de la economía. Además, es visto como un indicio de una recesión mayor de lo esperado en los países emergentes o como el reflejo de una desaceleración en la economía mundial.

El precio del petróleo es resultado de las operaciones físicas entre la demanda y la oferta. En 2016, los analistas esperan que el suministro sea estable, sujeto a un aumento de la producción iraní de 400.000 barriles diarios y una reducción de 600.000 barriles diarios de la producción fuera de la OPEP. Aunque es arriesgado hacer pronósticos, a medio plazo, los expertos coinciden en una subida los precios. Un año con un barril alrededor de 30 dólares implicaría que un gran número de proyectos serían abandonados.

Parece, además, que hay factores que pesaron en exceso y un nivel por debajo de 30 dólares no reflejaba los fundamentales. Ya sea por razones económicas, como las buenas cifras macroeconómicas, políticas, como un mejor control de la producción, o financieras, como una reversión de las posiciones especulativas, cualquier recuperación de los precios podría llevar a un retroceso de las posiciones y alejar los temores.

Por último, no hay que ignorar el impacto de las posiciones financieras en el mercado del petróleo, que representan entre 20 y 30 veces más que las de los jugadores del sector energético, y cuyo significado puede ser influido por las opiniones de intermediarios alarmistas. Además, estos actores pueden reducir rápidamente sus posiciones cortas, como quedó demostrado con el aumento del 20% de los precios del petróleo después del discurso de Draghi de enero.

Es evidente que, debido a la caída de los precios, la situación es complicada para los países productores cuya economía no está suficientemente diversificada como Venezuela, Nigeria, Rusia, Sudáfrica y Brasil. Han visto caer sus monedas en línea con el valor de sus exportaciones. Mientras, algunos se enfrentan a la inflación, que les impide hacer una reducción de los tipos de interés y reactivar su economía. A pesar del relativo peso de estos países hemos identificado su potencial fragilidad y no estamos expuestos a su deuda soberana o sus acciones.

En EEUU, la inversión en el sector energético,  se redujo a un 5% en 2015 (11% en 2012)  y se han perdido muchos empleos. Según el FMI, la exposición de los balances de los bancos al sector energético ascendió a 275 millones de dólares y la deuda de alto rendimiento del sector representa 270.000 millones. El rendimiento del high yield del energético en EEUU es del 18%, con una tasa de impagos del 25%. Si estas cifras se ponen en perspectiva creemos que la situación tiene poco riesgo de causar una crisis sistémica.

Además, parece que el efecto principal de la caída del petróleo es positivo y es la transferencia de riqueza de los países productores a los consumidores. La eficiencia de esta transferencia se amplifica por el hecho de que la tendencia al consumo de estos últimos es más importante que la de los países productores, que tienden a ahorrar. Y el aumento de poder adquisitivo es una fuente importante de crecimiento en EEUU o Europa y un muro contra el riesgo de recesión global.

Con este escenario, dentro de los fondos diversificados de Rothschild & Cie Gestion, nuestra exposición a renta variable y bonos de los mercados emergentes, así como el mercado energético estadounidense de alto rendimiento sigue siendo cero. Por el contrario, preferimos las acciones de la zona euro, la recuperación está en marcha y se benefician de la caída del Brent y una valoración muy atractiva.

En los fondos de renta variable, hemos mantenido desde 2006 un peso inferior en valores del sector del petróleo. Pensamos en su momento en que el precio del Brent no era sostenible, y que las enormes inversiones realizadas por las empresas, cuando los precios eran altos, darían lugar a un fuerte deterioro de la rentabilidad. Estas empresas son altamente dependientes de un aumento en el precio para rentabilizar sus inversiones. Por el contrario, estamos sobreponderados en sectores como el ocio/viajes y la construcción, que son consumidores directos e indirectos del petróleo y se benefician de precios de la energía.

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