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Boutiques y gestión activa: hándicaps y soluciones para las gestoras independientes


Es ampliamente conocido por todos los inversores el principal valor añadido de la gestión activa, especialmente cuando procede de gestoras independientes, frente a la gestión pasiva: la generación de alfa. Sin embargo, las boutiques sufren numerosos pormenores a la hora de hacer valer y comercializar sus capacidades y su track record. Por eso, los miembros del Group of Boutique Asset Managers (GBAM) debatieron junto a selectores de fondos hace unos días en Madrid algunos de los principales retos que afronta el sector y compartieron posibles soluciones extraídas de la experiencia local de cada uno de sus socios.

El mayor freno que achacan las boutiques para vender sus fondos entre los inversores es el marketing. Según Paulo del Priore, managing director de la gestora brasileña Victoire, “las boutiques tienen mucho que aprender acerca de hacer marketing sobre sus fondos. La dificultad para estas boutiques”, considera, “es que en la mayoría de los casos se centran en ofrecer alfa mucho más que en vender fondos”.

Para solventar esta carencia, Pius Fisch, presidente de la firma suiza Fisch Asset Management, recuerda que su gestora logró superar muchos de los problemas mediante la contratación de especialistas en relaciones públicas con el fin de ayudar a informar a sus clientes de las decisiones de inversión adoptadas y de las últimas novedades acontecidas en la compañía.

Sea cual sea el mercado donde se comercialicen los fondos de estas boutiques, una problemática repetida en todos los países es la disolución de la marca cuando los vehículos se distribuyen indirectamente a través de banca privada. Los banqueros privados necesitan contar la historia de cada una de estas gestoras con mayor grado de detalle. Muchas boutiques no son tan buenas en comunicar su propia historia y experiencia. De ahí que, recuerda Enrique Pardo, responsable global de Research de Allfunds Bank, “las propuestas de las boutiques son más atractivas para grandes inversores institucionales que para clientes retail”, un segmento este segundo “dominado por las grandes marcas”. Debido a esta realidad, la gestión activa de las boutiques es más utilizada en contratos de gestión discrecional que en contratos de asesoramiento.

A pesar de renquear en la comunicación externa, la comunicación interna en gestoras independientes suele ser más eficiente que en grandes gestoras, un punto a favor para las boutiques. “Los inversores de las boutiques conocen muy bien la estrategia y la filosofía de la empresa, y esto no siempre sucede en las compañías más grandes, donde la relación es más transaccional”, recuerda José Luis Jiménez, consejero delegado de March Asset Management y presidente de GBAM.

Más allá del marketing, la propia estructura de las boutiques es otro de sus hándicaps. Para Diego Fernández Elices, responsable de Selección de Fondos en A&G Banca Privada, entidades como la suya se encuentran más restringidas a la hora de seleccionar pequeñas gestoras por tamaño de mandato que por capacidad de inversión en distintas geografías, sectores o activos. Por eso, reconoce Fernández Elices, “preferiría que las grandes gestoras actuaran como boutiques para generar mejores retornos”.

¿Cuándo introducir una boutique en cartera?

En ocasiones, es difícil encontrar consistencia en gestoras en periodos de tres, cinco y diez años. Por ello, Guendalina Bolis, responsable de Selección de Fondos en Inversis Banco, personalmente prefiere boutiques, “especialmente para mandatos orientados hacia un cierto grado de riesgo”. Su homólogo en Banca March, Rafael Ciruelos, comparte esta visión. “Los fondos de fondos hacen un esfuerzo por añadir fondos de boutiques a sus carteras, en la mayoría de los casos para generar alfa y compensar malos rendimientos”, explica.

Aunque los estilos de gestión sean distintos, tanto la gestión activa como la gestión pasiva pueden tener cabida en cartera. Así lo cree Rafael Hurtado, director de Inversiones de Allianz Popular Asset Management: “No son estilos incompatibles. Más bien, son complementarios, debido a que el objetivo y, por tanto, su utilización son diferentes”.

Los expertos consideran que, para apreciar las bondades de la gestión activa, es necesario resistir en momentos de duda de mercado. “Los clientes que mantienen las posiciones en ciclos de mercados volátiles son mucho más valiosos que aquellos que entran con mayor patrimonio pero con visión a corto plazo”, justifica Beltrán Parages. Como recalca Ángel Olea, director de Inversiones de Abante Asesores, la clave del éxito reside en “no vender buenos gestores en el peor momento”.

Para el director de Inversiones de la firma sudafricana First Avenue Investment Management, Hlelo Giyose, la creación de alfa y la rentabilidad de las boutiques están relacionadas mediante la teoría de juegos. “El simple hecho de replicar -en referencia a la gestión pasiva- es una forma perezosa de proceder y es un factor de mera comodidad para los inversores. Toda buena idea proviene de una persona y no se puede replicar”, defiende sobre la gestión activa.

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