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Bill Gross confiesa que los abdominales no se le marcan


Estas confesiones son solo un aperitivo de lo que cuenta Bill Gross sobre sus problemas con la ropa ajustada, el aspecto de Schwarzenegger en traje de baño, o sus problemas personales con la celulitis. Humor no le falta pero, ¿qué tiene que ver esto con el estado de la economía? Bill Gross echa mano del símil entre el cuerpo pera de un hombre que se aproxima a los setenta y la crisis de deuda de las naciones desarrolladas. De hecho, compara las cuentas públicas de estos países a un diabético con sobrepeso al borde de un ataque al corazón.

Centrándonos en la faceta económica del artículo Gross pone sobre la mesa tres ideas:

  1. Los beneficios empresariales no crecerán a largo plazo a no ser que vayan asociados con mejoras similares para el mercado laboral.
  2. El mejor escenario para los años venideros es un New Normal, el peor es un recesión global.
  3. Si los políticos se centraran en reformas estructurales en lugar de hacerlo en soluciones financieras cíclicas, el New Normal en lugar de la recesión podría ser alcanzable.

Para Gross, las siguientes tres realidades estructurales de la economía desarrollada son culpables de su falta de buena forma:

  1. La globalización ha minado el mercado laboral de los países desarrollados.
  2. La tecnología ha dejado obsoletas industrias enteras dedicadas a producir bienes físicos, en lugar de bienes virtuales, siendo los libros, los discos, el correo ordinario y los DVDs los dinosaurios más recientes de una larga lista.
  3. El envejecimiento de la población activa favorece el ahorro en lugar del consumo en casi la totalidad del mundo desarrollado.

Para paliar esta situación, prácticamente todas las políticas económicas se han dirigido a favorecer los mercados de capitales, en lugar de a reactivar el mercado laboral. “Si los bancos consiguen estabilizarse, si los mercados pudieran volver a niveles máximos, si las tasas de interés pudieran bajar lo suficiente para que el consumidor muerda el cebo, entonces de forma inevitable se creará empleo. Pues no ha ocurrido así”, puntualiza Gross.

La explicación, según Bill Gross, esta en que Wall Street y Main Street (la economía financiera y la real) están simbióticamente interconectadas de forma que si favoreces a una a expensas de la otra, al final, las dos fallarán. Gross continúa, explicando que si Main Street sufre desempleo alto y está mal pagado, el capital solo tendrá limitado su avance. Hasta ahora, el incremento de productividad a base de reducir empleos compaginado con tasas de interés cercanas a cero ha funcionado, pero en esta última crisis nos estamos enfrentando con un desapalancamiento doble -en el mercado de capitales y en las economías familiares-. En este “trampa laboral” el consumidor congela el gasto por miedo a perder su empleo, o como mínimo por una expectativa de caídas en su salario ajustado por la inflación, sumado al efecto pobreza por la contracción en el valor de su vivienda, y en definitiva, a la pérdida de fe en el Sueño Americano. Por tanto, concluye Gross, o mejoran las condiciones laborales o será inviable que mejoren los beneficios empresariales.

Si no se toman medidas estructurales, ni los bonos ni la bolsa van a recuperar su “buena forma física” de antaño. La economía americana es un deportista de élite con sobrepeso. “No existen retornos de doble dígito a la vista para los inversores en bienes financieros. Acciones, bonos y bienes raíces están sobrevalorados dadas las tasas de interés cercanas al 0% y que las economías desarrolladas estén creciendo más cerca del 0% que del 3-4% normal. Sólo hay esperanza de un New Normal como mejor escenario para los próximos años, y de una recesión global como peor escenario”, explica el fundador de PIMCO.

 

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