Automedicación en los mercados financieros


Como seres racionales que somos cuando nos duele un diente vamos a un dentista en vez de intentar extraerlo nosotros. Si tenemos un litigio acudimos a un abogado especialista o si se rompe el coche normalmente acudimos al taller para su reparación. Sin embargo, es habitual prescindir del asesoramiento financiero y adentrarnos en el complicado mundo bursátil con la creencia de que el aprendizaje autodidacta y sin track record, nos va a proporcionar pingues beneficos además de ahorrarnos la minuta del asesor profesional.

La primera machada consiste en invertir basándose en gráficos, pretendiendo con un básico curso superar a traders avezados con complejas herramientas a su disposición y elaborados algoritmos de señales de compra y venta ejecutables disciplinadamente y sin mezclar sentimientos. Nada importa el análisis fundamental de la compañía y que el precio este por debajo o por encima de su valor objetivo, o sea un valor con reversión a la media y cuya evolución prevista poco tenga que ver con el análisis chartista.

La segunda machada es el convencimiento de que una rentabilidad positiva alcanzada es debido a nuestros conocimientos adquiridos, y la asunción de la posesión de la verdad que evita escuchar versiones diferentes o prudentes, amparándose en que los stop-loss cerrarán su posición sin quebranto alguno.Muy atrevido es el ignorante que piensa que el mercado no tiene volatilidad derivado de los eventos impredecibles, y que una cotización puede abrir un día con gap con lo que el stop-loss que protegían los beneficios se ha transformado en pérdidas irrecuperables.

Fortalecido por los éxitos chartistas el siguiente estadio es invertir en ETF o CFD, sin conocer que riesgo tiene el subyacente o el potencial de rentabilidad ya que en ocasiones se trata de portofolios de renta fija con 2% de running yield en sus activos y un 1,5% de jugosas comisiones para el banco.

Más imprudente aún resulta, anestesiado por los triunfos, flirtear con el mundo de los futuros y acciones en los que las rentabilidades son elevadísimas, íntimamente asociadas con el apalancamiento utilizado que puede ocasionar la pérdida del total de la inversión.

Cualquiera de estas operativas son susceptibles de realizar, pero por lo que mas quiera inversor, acuda a su analista de cabecera, si puede ser independiente, porque si pertenece a un banco sus recomendaciones no serán imparciales y estarán sesgadas por la pleitesía al banco que le paga y por tanto alineadas con las recomendaciones, sean o no las más convenientes para el inversor en cuestión.

Aún así, esto no supone garantía de éxito ya que en ocasiones el mercado permanece más tiempo irracional que el inversor solvente y la paciencia no es la mejor virtud de la mayoría de los inversores. Conozcó a un gran gestor que claudicó por no tener garantías suficientes para mantener la posición y observar con resignación como el mercado tres meses después le daba la razón.

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