Audacia y planes de pensiones


Cautivos e instalados en una sorprendente resignación. Así aparecen en la foto, los partícipes de planes de pensiones de nuestro país. Cautivos de un sistema que favorece el inmovilismo y resignados en asumir como normal el secular pobre desempeño en términos de rentabilidad de estos productos de inversión. Todo ello, coronado por una desidia inducida por el sistema para buscar alternativas eficientes. Que las hay.

Cabe preguntarse cuál ha sido la cuota de responsabilidad de los diversos actores para estar como estamos.

Es obvio que la protección de los intereses propios de los grandes grupos bancarios impide la circulación de información profesional, objetiva, sana y eficaz para los partícipes en forma de  soluciones alternativas al producto propio de la casa. Producto que suele ser caro, ineficiente y de rentabilidad exigua en todos los plazos. La asimetría de información en este campo es pavorosa. Por no hablar de los conflictos de interés que tanto abundan en la conformación y políticas de gestión de estos productos.

La contribución de los clientes al statu quo actual en planes de Pensiones también es relevante, pues éstos en una suerte de síndrome de Estocolmo financiero, olvidan que la regla número uno de cualquier plan de pensiones es batir al IPC y nada exigen de sus entidades cuando incumplen este mínimo mandato de forma sistemática.

Además los partícipes desprecian sistemáticamente la rentabilidad a la hora de elegir los productos a los que teóricamente deberían prestarle más atención, pues serán los que complementarán su jubilación cuando ya no tengan otros ingresos.

Por supuesto que también aceptan la máxima comisión de gestión legal posible que soportan los Planes de Pensiones en España con una aquiescencia digna de estudio. El 80% de los españoles que invierte en pensiones ignora qué comisiones paga. Preocupante.

Solo así se explica (como recogía el Confidencial hace unos días) que el plan de pensiones con más inversores en España sea el Mi Plan Santander Prudente (223.000 partícipes a cierre de 2015) que está entre los de peor rentabilidad de su categoría tanto a un año (clasifica el 193º de los 220 planes de renta fija mixta que agrupa Inverco) como a tres años (el 175º de 191 con antigüedad a ese plazo). Y sólo así se entiende que tenga ese éxito en ventas, y más con estos resultados, a pesar de tener las comisiones máximas que se puede cobrar en estos productos (1,5% de gestión y 0,25% de depositaría).

Quizá, por tanto, no sea casualidad que los siete planes de pensiones más grandes del país que registran pérdidas anualizadas a 10 años cobren en concepto de gestión comisiones superiores al 1 por ciento.

Y el asunto no es baladí, pues el impacto de elegir un producto con bajas comisiones puede traducirse en miles de euros de ahorro en una inversión de largo plazo, mayor cuanto más años se tenga el plan.

Por otra parte, si alguna bondad tiene el sistema español de planes de pensiones es la relativa sencillez para proceder al traspaso de derechos consolidados entre productos diversos. Bondad que es sistemáticamente bloqueada por el obligado cumplimiento de extensos períodos de permanencia aceptados mansamente por los partícipes a cambio de incentivos en efectivo, electrodomésticos o útiles de cocina diversos.

Ante este cuadro y con la paleta de colores de que disponemos, frente a resignación, audacia. Audacia para exigir a nuestra entidad (en ausencia de mejor alternativa con el producto propio) que nos suministre información leal sobre planes con comisiones reducidas, sin permanencias obligatorias a largo plazo, gestionados activamente y que ofrezcan una información transparente, profesional y diaria.

Audacia para en el caso que nuestra entidad de cabecera no lo haga, buscar productos de ese tipo en el ecosistema español de planes de pensiones. Un ecosistema en el que han surgido –de la mano de plataformas de inversión y empresas de asesoramiento financiero independiente- productos más baratos, gestionados activamente, transparentes, comprometidos y profesionalizados que aunando talento, vocación y buen hacer van a situar el sombrío panorama de los planes de pensiones en España a un nivel normalizado y acorde al de los países de nuestro entorno más avanzados en la materia. No les quepa duda. La base de partida es tan desoladora que cualquier esfuerzo comprometido dará frutos importantes.

Audacia para no escuchar cantos de sirena y aceptar regalos y prevendas a corto plazo a cambio de penosas rentabilidades y vergonzantes comisiones durante años y años de obligada y penalizada permanencia en el caso de querer traspasar nuestros derechos consolidados hacia productos más libres y eficientes.

La revolución en planes de pensiones está llegando a nuestro país en forma de iniciativas de talento independiente en una oleada imparable que se compromete a ofrecer valor añadido en un producto tan sensible para con las expectativas de mejora de la vida futura de las personas.

Como ejemplo de dichas iniciativas, se adjunta el informe del plan Kc Fuenmayor Global PP: https://www.slideshare.net/slideshow/embed_code/key/lFXtNEdHStkCvm

La audacia del partícipe ha de superar la del sistema y así promover esta revolución. Hay que superar el pesimismo y la resignación. Más audacia en todos los actores. En los partícipes, en los gestores, en los creadores de producto y en los gobiernos de turno, que no deben afrontar este asunto de manera exclusiva desde el punto de vista de las ventajas fiscales para los partícipes. Se echa de menos I+D en pensiones. Un potente I+D en pensiones combinando el poder de las redes sociales, la economía colaborativa y la responsabilidad social podría dar fruto a soluciones no solamente audaces, sino rentables, sostenibles y de valor añadido.   

La audacia rompe los límites, y forma parte esencial de nuestro progreso como civilización, en todas las áreas de nuestra existencia, también en pensiones.

Corría el año 1792 cuando el ministro de Justicia de Francia, Georges Danton, llamaba a un movimiento de masas para repeler a las tropas enemigas con el famoso: Audacia, más audacia, siempre audacia.  

Doscientos veinte años más tarde, la audaz gestión de algunos debería ser una señal de llamada para las masas de resignados inversores en planes, que seguida audazmente por muchos otros debería extinguir el antiguo, caduco e ineficiente régimen que existe actualmente en el marco de la previsión individual en España.

La fortuna siempre sonríe a los audaces. En pensiones, también.

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