Así es la segunda mitad de 2015: Lo que queda después de Grecia


La crisis griega ha eclipsado la actualidad en las últimas semanas. Y ahora que parece que se transita la senda correcta para poner soluciones a algunos de los grandes problemas del país heleno, muchos inversores se han quedado en tierra de nadie, sobre todo en lo que respecta a la renta fija. Así, se hace la inevitable pregunta: ¿y ahora qué sucederá en el mercado?

Por debajo de la corriente continua de las noticias sobre Grecia hemos asistido en Europa a una batería de datos macroeconómicos que siguen poniendo de manifiesto la recuperación de la zona euro que, en casos como el de España, alcanza niveles realmente llamativos. Así, mientras la atención se focalizaba en Grecia, las estimaciones de crecimiento sobre España se situaban por encima del 3%, los PMI europeos mostraban expansión en las principales economías europeas y los datos de demanda de crédito seguían el camino alcista iniciado meses atrás.

Este entorno de crecimiento, con más crédito y, previsiblemente, mayor inflación nos debería llevar a un cierto repunte gradual de los tipos de interés, más aún si tenemos en cuenta la cercanía de la subida de tipos por parte de la Reserva Federal, que debería tener un cierto efecto de arrastre sobre los tipos de interés en este lado del Atlántico.

En el lado contrario, entre las razones para ver tipos más bajos nos encontramos con el QE del Banco Central Europeo (BCE), que sigue siendo una parte importante de la demanda de Deuda Soberana y un lastre en el repunte de las curvas. Esta circunstancia está siendo especialmente importante en las caídas de los tipos en este mes de julio, donde la demanda (BCE) supera ampliamente a la oferta neta de Deuda Soberana en Europa.

De la contraposición de estas fuerzas, el crecimiento en Europa y la subida de tipos en Estados Unidos frente al programa de compra del BCE, debería salir el punto de equilibrio para la renta fija europea en los próximos meses. Punto de equilibrio que, en cualquier caso, nos parece que se situará en niveles más elevados que los mínimos de rentabilidad a los que asistimos en el pasado mes de marzo.

Con este escenario, el posicionamiento de las carteras se dirige a la búsqueda de activos que pueden tener un buen comportamiento en un entorno como el que esperamos para los próximos meses. Las emisiones flotantes, tanto en dólar como en euros, los bonos ligados a la inflación (sin incurrir en una duración excesiva) o los activos denominados en dólares serían ejemplos de esto.

En un entorno como el descrito anteriormente, la renta variable se ve beneficiada de factores como el crecimiento, el mayor crédito y una inflación moderada pero creciente. Es labor del gestor identificar esos factores que perjudican a la renta fija y benefician a la renta variable y actuar en consecuencia.

Por lo tanto: ¿cuáles son las alternativas para el inversor conservador ahora que la renta fija tiene un recorrido más acotado? Nuestra respuesta se encuentra en los fondos mixtos conservadores, aquellos en los que el gestor tiene la posibilidad de combinar con flexibilidad renta fija y renta variable, siempre con un enfoque conservador y con un estricto control de riesgo.

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