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Anticipaciones peligrosas


Nadie duda que Bill Gross, el jefe máximo de PIMCO, sea un tipo inteligente. Nadie duda que los gestores de inversión de PIMCO sean gente inteligente. De hecho, ellos están viendo lo que todo el mundo ve, pero tuvieron la “mala” estrategia de tomar decisiones de inversión basados en su fuerte convicción, no en lo que el grueso del mercado está basando sus decisiones a la hora de invertir. Y eso, dice la historia, a veces cobra muy caro.

El cuento resumido es más o menos el siguiente: PIMCO tiene una convicción muy grande de que los bonos del Tesoro norteamericano no reflejan su valor justo. Es decir, están altamente sobrevalorados. Así lo cree desde que las tasas de los Tesoros a 10 años rondaban el 3%, y lo cree aún ahora cuando la tasa fluctúa en un rango inferior del 2%. Así, desde hace mucho tiempo, PIMCO redujo su exposición a Tesoros norteamericanos.

Desde un punto de vista económico, la percepción de PIMCO es correcta. No existe justificación alguna para que un bono de gobierno a 10 años retorne un 2%, no por lo menos de un gobierno que tiene un marcado déficit gemelo (fiscal y comercial), y que además debe el 90% de lo que vale su economía. Menos aún, cuando a finales de 2012 expiran una serie de medidas que implicarán, nuevamente, poner de acuerdo a demócratas y republicanos de la forma en que se van a buscar los recursos. Una economía como la norteamericana, debería reflejar tasas de sus bonos de gobierno mucho más altas.

Infortunadamente para PIMCO, eso no es lo que ha sucedido. Así, mientras PIMCO estaba ligero en Tesoros, los mismos tuvieron una espectacular valorización, lo cual dejó rezagado al fondo, exponiéndolo a la salida de capital ya anunciada arriba.

Este episodio no es nuevo, pero sí es el más reciente ejemplo de la máxima de Barton Biggs: “no hay diferencia entre anticiparse y estar equivocado”. Jeffrey Vinik, director en 1995 del fondo Magellan de Fidelity (por aquel entonces el más grande de USA), dimitió en mayo de 1996, luego de que decidiera, a finales del año anterior, transferir dinero del fondo, invertido en acciones tecnológicas, a bonos, por considerar que existía mucha euforia entre los inversionistas por las acciones tecnológicas. El fondo, obviamente, quedó ampliamente rezagado de sus pares en el primer trimestre de 1996, cuando las acciones tecnológicas siguieron su curso ascendente. Y otros ejemplos se encuentran a manos llenas.

En términos generales, Vinik estaba en lo cierto. Sin embargo su pecado, al igual que el pecado de PIMCO, es haberse anticipado muchos años a los acontecimientos. Pero también abre serias dudas sobre la racionalidad de los inversionistas cuando escogen sus vehículos de inversión: si el fondo de queda de sus pares en momentos de incremento, retirarán sus recursos, aun cuando exista una razón lógica para su comportamiento; pero si el fondo cae en el momento en que los fundamentos empiecen a ser ciertos, estarán satisfechos con cualquier explicación que el administrador del fondo otorgue, aún si el fondo rentó peor que sus pares o su benchmark.

En general, el tema de anticipación muestra también, sustentado por numerosos estudios académicos, que el mejor administrador de inversiones no tiene que ser muy proactivo ni muy inteligente: de serlo, corre el riesgo de perder rápidamente su puesto; y si por el contrario, se asemeja más al montón, puede tener una larga carrera asegurada en el mundo financiero. A los inversionistas no les gusta los administradores cuyas estrategias de inversión se desvían de la media típica, tema que no es nuevo y que fue muy bien resumido por Keynes: ”es mejor fracasar de la manera tradicional, que tener éxito de la manera no tradicional”.

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