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Angela Merkel gana las elecciones alemanas: primeras reflexiones


Europa ha despejado la última incertidumbre electoral que tenía marcada en la agenda para este año: los comicios alemanes. Y no hubo sorpresas. Tal y como pronosticaban todas las encuestas, Angela Merkel ha ganado las elecciones y renovará mandato por cuarta vez como líder de la mayor economía del Viejo Continente. La victoria de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) con sus socios de Baviera del CSU es holgada, pero con los peores resultados desde los años 40 y sin la mayoría absoluta necesaria que deje las manos libres a la canciller, lo que obligará a su formación a buscar alianzas. El juego de los pactos post-electorales parece que dejará fuera a los ultraderechistas de Alternativa por Alemania (AFD), que irrumpe en el Bundestag con 94 diputados y como tercera fuerza política, lo que significa que por primera vez desde el final de la Segunda Guerra Mundial un partido de extrema derecha entra en el Parlamento alemán.

Las políticas que defiende cada partido con opciones de entrar en el gobierno

La victoria de Merkel presenta importantes claroscuros. Despeja el riesgo de que partidos abiertamente antieuropeos accedan al poder, pero la canciller no tendrá fácil articular una mayoría. Los partidos que pueden formar una coalición (CDU, SPD, FDP y los Verdes), aunque comparten muchas opiniones esenciales, mantienen posturas muy diferentes en temas fiscales y europeos. “Estos partidos están a favor de recortes de impuestos, pero difieren en cuanto a quiénes y cuánto deberían beneficiarse. Sus prioridades de gasto público también son diferentes (infraestructuras, áreas sociales y defensa). En Europa, hay prácticamente consenso sobre ciertos temas (enfoque difícil sobre el Brexit, fortalecimiento de cooperación en defensa…), pero el SPD y los Verdes son más favorables que la CDU a las nuevas iniciativas que traen más federalismo, mientras que el FDP es más reacio”, recuerdan desde Amundi.

A pesar de estas diferencias, en la gestora consideran bastante probable que la actitud de Alemania respecto a Europa no cambie dramáticamente bajo una coalición dominada por la CDU. “La implementación de algunas de las promesas de campaña generará un estímulo fiscal moderado en Alemania, pero el crecimiento del PIB será algo menos fuerte en 2018 que en 2017. La fortaleza económica actual significa que las nuevas decisiones de política económica doméstica son menos urgentes en Alemania que en otros países de la eurozona, pero el gobierno todavía tendrá que responder a los muchos desafíos a medio plazo (falta de reformas significativas en competitividad, excesiva dependencia de la demanda externa, envejecimiento, aumento de las desigualdades sociales…)”, enumeran desde la entidad.

Dos coaliciones posibles, pero sólo una parece viable

La duda, por tanto, estriba en conocer qué tipo de alianzas buscará la CDU. La primera es la ya testada gran coalición entre la CDU y el SPD. Según explica Fabien de la Gastine, gestor de renta fija en La Française AM, “Martin Schulz comparte con Merkel la visión sobre Europa; la diferencia entre ellos radica en sus políticas de gasto público: Merkel tiene como objetivo no incrementar los impuestos y que la deuda represente el 60% del PIB en 2020, mientras que Schulz quiere más redistribución y gasto fiscal”. Sin embargo, reeditar la gran coalición se antoja difícil por dos motivos.

En primer lugar, porque los socialdemócratas ya se han apresurado a descartar la posibilidad de entrar en el futuro gobierno. En segundo, porque hacerlo supondría, entre otras cosas, dejar el liderazgo de la oposición a la ultraderecha. Por tanto, el camino más probable que podría tomar Merkel sería explorar una alianza completamente nueva, la de la CDU con los liberales del FDP y los Verdes, denominada coalición Jamaica por los colores de los tres partidos, que juntos se asemejan a la bandera del país caribeño. “Nunca ha sido probada a nivel nacional, pero no puede descartarse”, afirma Léon Cornelissen, economista jefe de Robeco.

“El FDP es la coalición natural para la CDU, ya que han trabajado juntos con éxito en el pasado, y también están de acuerdo en bajar impuestos. Sería una alianza valorada muy favorablemente por las empresas y una bendición para el mercado de valores. Pero los liberales tienen una agenda más amplia que es más euroescéptica, y haría más difíciles los acuerdos con la Francia de Macron”, indica Cornelissen. Además, de esa alianza tendría que formar parte los Verdes y existen grandes diferencias entre ambas formaciones, lo que haría más complicado un acuerdo a tres bandas. El FDP, por ejemplo, apuesta por un presupuesto europeo y por la salida de Grecia de la UE, algo a lo que la CDU y los Verdes se niegan.

Sea cual sea la opción elegida, la entrada de la ultraderecha en el Bundestag podría tener consecuencias indirectas sobre la política que siga la canciller. “Hace más probable que Merkel vire su agenda de nuevo hacia políticas más conservadoras y también cambia la tendencia de descenso del populismo antieuropeísta, especialmente patente desde las elecciones holandesas y francesas”, apunta Wolfgang Bauer, gestor del equipo de renta fija minorista de M&G Investments. Nick Clay, gestor de Newton, filial de BNY Mellon IM, va más allá al asegurar que "sería peligroso afirmar que la reelección de Merkel marca el fin del populismo. El cambio aún es necesario y la gente seguirá demandándolo", asevera.

A su juicio, la interpretación positiva que los mercados hacen de este resultado podría ser prematura. "Desde que Macron ganase las elecciones en Francia, parece que los mercados han decidido que el avance populista ha llegado a su fin y que todo ha vuelto a la normalidad en el terreno político. Sin embargo, los mercados podrían estar equivocándose visto el resultado obtenido por la ultraderecha alemana, que ha sido mejor de lo esperado. Macron es un recién llegado, alguien completamente desconocido en los círculos políticos hasta hace un año que acabó ganando las elecciones. En este sentido, se parece mucho a Trump (aunque con planteamientos diametralmente opuestos), porque ambos representan el voto en contra de la política tradicional. La gente sigue votando por el cambio porque no están satisfechos con el statu quo", concluye.

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